Opinión

Equidistancia no es equidad

  • Sánchez no paró de subirse a la parra para degradar a su adversario de la derecha imperfecta
Pedro Sánchez y María Jesús Montero. EFE FOTOS

E l miércoles 13 de marzo hubo en el Congreso una sesión de control al Gobierno. Pues bien, Sánchez y su ministra de Hacienda, saltándose cualquier respuesta y cualquier control, se dedicaron con auténtica ferocidad a lanzar improperios contra Feijóo y contra Isabel Díaz Ayuso. Contra Feijóo a propósito de unas fotos de hace treinta años junto a un tipo que después de aquellas fotos resultó ser un traficante. Pero lo más grave y lo que disparó mi indignación fue la campaña que desde el Gobierno se le ha montado a Díaz Ayuso, que es, entre otras cosas, la persona que ocupa hoy el cargo que ejercí durante doce años al frente de la Comunidad de Madrid.

A este propósito leí en El País un artículo de uno de sus colaboradores, un escritor de alto nivel que, sin embargo, se intenta siempre colocar equidistante. Veamos algunas cosas de las que escribió acerca de aquella sesión de control al Gobierno:

"Es un espectáculo tan bajo que degrada a quien lo contempla, y no solo al que participa en él. En la presunta sesión de control nadie controla nada, y cada uno repite su papel con una grosería verbal y gestual que sería menos hiriente si no tuviera un lado tan visible de cinismo. Los oradores de derechas añaden al insulto el bulo y la mentira. Los dos actores principales, Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo, ponen la misma sonrisa mientras escuchan al adversario, y se nota que se recrean cuando se lanzan una barbaridad, en la que siempre hay un punto de sarcasmo y otro de hipocresía, y un recrearse en el bramido inminente y el aplauso de los incondicionales. Cada uno señala con un dedo de agraviado acusador a los corruptos que el otro ha consentido en sus filas".

Yo debo de estar ciego u obnubilado porque no vi por ningún lado a Feijóo "lanzar ninguna barbaridad, ningún sarcasmo" ni le vi emitir ningún bramido ni incurrir en alguna hipocresía, actitudes que sí observé en abundancia en Pedro Sánchez que, como suele ser costumbre en él, no paró de subirse a la parra para intentar degradar a su adversario levantando un muro entre él, todo perfección, y "la derecha y la extrema derecha" que nos quieren llevar al abismo. Detestable discurso en quien se apoya para seguir en el sillón presidencial en todos los enemigos de nuestra democracia.

Es claro que ambos partidos, PP y PSOE, han tenido episodios corruptos, pero en este momento es Sánchez quien está rodeado de corrupción y absolutamente falso que Feijóo tenga que ver con corrupción alguna.

Esta visión tan correcta como impresentable es tan equidistante como falsa, una versión mentirosa de lo que pasó aquella tarde en el Congreso de los Diputados y de lo que está pasando con un Gobierno a los pies de los enemigos de España y en manos de unos izquierdistas tan ignorantes como peligrosos.

Esta búsqueda de la equidistancia intelectual es más falsa que un duro sevillano y con esta actitud sólo se apoya a quienes ocupan hoy el Gobierno. Esa falsa equidistancia es una forma de colocarse por encima de los contendientes políticos, lo cual, aparte de falso, me resulta inmoral.

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