Opinión

Joaquín Trigo, un economista con mayúsculas

  • Explicaba la economía con alegría, sencillez y sin engolamientos
  • Tras su paso por Foment del Traball como director, dirigirió el Instituto de Estudios Económicos
  • Fue Consejero Editorial de elEconomista.es
Joaquín Trigo, economista y exconsejero editorial de elEconomista.es

Joaquín Trigo Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad de Barcelona y diplomado en Gestión de empresas y tecnología por el Massachusetts Institute of Technology y la Universidad Politécnica de Cataluña , nos ha dejado. El gran economista y docente con mas de 20 publicaciones de economía a sus espaldas , 40 monografías e innumerables artículos en revistas técnicas y en prensa económica, tuvo la habilidad de explicar la economía con alegría, sencillez y sin engolamientos, quería hacerla asequible para todos.

Fiel defensor del desarrollo económico de nuestro país, no le dolían prendas en denunciar el exceso de regulación, así como los recursos empleados por las Administraciones públicas en proyectos faraónicos e inútiles. Le chirriaba como las políticas en materia educativa se hacían sin pensar en el contenido y la calidad de la mimas. Y como gran seguidor de Ludwig von Mises , señalaba el gran daño que puede provocar la sustitución de los mecanismos de mercado por la intervención publica.

Tras su paso por Foment del Traball como director ejecutivo llegó a Madrid en plena recesión de la mano de Joan Rosell para dirigir el Instituto de Estudios Económicos donde tuve el honor de acompañarle en esa etapa. Era cuando la recesión expulsaba sangre por sus venas y nos encontrábamos inmersos en la tormenta perfecta. Habíamos crecido muy rápidamente, pero la caída había sido mucho mayor que la de los países de nuestro entorno. El panorama era desolador, no se veía la luz para salir del túnel y a Trigo le tocó lidiar con ello. Se destruía mucho empleo, por primera vez en al historia superábamos los 6,2 millones de parados según al EPA , se recaudaba poco y la deuda ascendía desorbitadamente. Los altos niveles de endeudamiento público y las dificultades de encontrar financiación en los mercados habían llevado al Estado a realizar un ajuste. Era cuando los hombres de negro nos visitaban día si y día también, nos habían prestado el dinero y había que explicarles los ajustes que se estaban haciendo en España para no ser intervenidos, de ahí que Trigo quisiera dedicar uno de los primeros estudios al ajuste que habían tenido que hacer las CCAA: "Hasta que no baje la deuda no podemos salir de donde estábamos," decía.

Gran defensor de la función empresarial y del empresario en el progreso económico, dedicó múltiples estudios a dignificar la función empresarial, verdadero motor para el desarrollo económico y más en un momento en el que la iniciativa empresarial se convertía en una herramienta clave para reactivar el empleo. Tenía claro que en nuestro país existían múltiples rigideces y trabas al desarrollo empresarial, por lo que en sus análisis, defendía políticas orientadas a facilitar el acceso a la financiación, estimular la innovación, flexibilizar el marco de las relaciones laborales, reducir las cargas fiscales y administrativas e impulsar en los niveles educativos valores como la creatividad, la iniciativa la asunción de riesgos o la innovación. A su vez, le resultaba inquietante: "la posibilidad -sin restricciones- de crear empresas públicas a las que no se les imponía las mismas exigencias de eficiencia que fueran el correlato de las obligaciones que se establecen para la empresa privada".

Nos ha dejado Joaquín Trigo, hemos perdido a un economista con mayúscula, pero sus enseñanzas e innumerables estudios, así como su gran valía y sencillez, pervivirán en todos sus discípulos.

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