Opinión

¿Qué ocurrirá en Gaza tras la derrota de Hamas?

  • La meta es hacer pagar el precio más alto a los que materializaron el ataque macabro
  • La solución de los dos Estados será un objetivo lejano y distante en el tiempo
Ataque de Israel sobre Gaza

El gobierno de Israel persigue dos objetivos desde que le declaró, el 7 de octubre de 2023, la guerra al grupo terrorista Hamas, tras el ataque brutal que esta organización lanzó, ese mismo día, contra el sur y el centro de Israel. Para alcanzar esa misión, las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) se desplegaron, inmediatamente, dentro de la Franja de Gaza para ejecutar los planes de la denominada Operación Espadas de Acero.

El primer objetivo de Israel es público y consiste en aniquilar y erradicar a Hamas de Gaza, de una vez y para siempre. Tras la consecución de este propósito, un nuevo orden se establecerá en Gaza, sobre cuyo sistema de gobernanza siguen existiendo, aún hoy, motivos de desacuerdo entre los gobiernos de Israel y de Estados Unidos (EE. UU.).

Entre los ciudadanos de Israel se comparte la idea, no verbalizada por su gobierno, de que la finalidad segunda de esta campaña es hacer pagar el precio más elevado posible a aquellos que no sólo materializaron aquel ataque macabro, sino, además, a todos los que lo celebraron y lo grabaron y cuyas imágenes compartieron a través de las redes sociales.

Los israelíes esperan que los que cometieron y los que fueron cómplices de las barbaridades que acabaron con más de 1.400 muertos, más de 5.600 heridos y más de 240 secuestrados israelíes reciban su castigo.

Es pertinente preguntarse, entonces, si Israel tendrá éxito en alcanzar estas metas.

La respuesta más realista consistiría en no albergar ninguna duda de que así será.

Las FDI son la fuerza militar más poderosa del Próximo Oriente y, a pesar de que les llevará tiempo, alcanzarán los objetivos políticos marcados por el gobierno, dado que no habrá marcha atrás en su cumplimiento.

La alternativa a lo anterior, es decir, que las FDI paren en mitad de esta operación y regresen a sus cuarteles sin haber cumplido su misión, es impensable.

Además de la voluntad del gobierno israelí y de las capacidades superiores de las FDI, la población israelí ha mostrado su determinación para que la terminación de esta guerra se produzca sólo cuando Hamas sea aplastada por completo y sin remisión.

Cuando se alcance ese momento, ¿cuáles serían las consecuencias políticas de la victoria de Israel?

En primer lugar, una vez que las FDI controlen toda la Franja de Gaza, el gobierno de Israel no permitirá una reunificación de la autoridad del liderazgo palestino, representado por Mahmoud Abbas, sobre Cisjordania y sobre Gaza y extraerá a las FDI de la Franja, aunque Biden preferiría que permanecieran en este territorio tras su victoria militar.

Egipto y, para sorpresa de muchos, el Reino de Arabia Saudí, no sólo con la complacencia, sino, con la complicidad de Israel, desempeñarán el papel de custodios de dicho arreglo sobre el territorio de Gaza.

La solución de los dos Estados será un objetivo lejano y distante en el tiempo, dado que, después del ataque de Hamas, esta idea será mucho más difícil de ser aceptada por la sociedad israelí, que incrementará la marginación tanto de este concepto como el anterior de paz por territorios.

Como consecuencia de lo anterior, las cicatrices de esta guerra no desaparecerán en años, cuando no, en generaciones, y el mundo asistirá a un crecimiento peligroso, instigado por muchos gobiernos, también, en Occidente, de un sentimiento antisraelí y, aún más siniestro, antisemita.

No obstante, los grandes cambios geopolíticos que han tenido lugar en el Próximo Oriente, desde 2020, serán difíciles de revertir.

Para empezar, la inercia que pusieron en marcha los Acuerdos Abraham (AA), que habían normalizado las relaciones diplomáticas entre el Estado de Israel y varias naciones árabes, continuarán.

Esto será así, especialmente, en lo que se refiere al Reino de Arabia Saudí, que era el siguiente país que, antes del comienzo de esta guerra, estaba dispuesto a formalizar este paso y dar carta de naturaleza a una relación estrecha, especialmente, en cuestiones de seguridad y de defensa, que ya existía entre Riad y Jerusalén.

El reencuentro histórico entre Irán y Arabia Saudí, propiciado por la diplomacia discreta y eficaz de Pekín, no podrá ser alterado.

Por último, China, Rusia, India y los países del agrupamiento ampliado de los BRICS+ -que incluyen a jugadores decisivos en el Próximo Oriente, como son Arabia Saudí, Egipto, Emiratos Árabes Unidos (EAU) o Irán- seguirán aumentando su influencia sobre una región en la que EE. UU. ha dejado de ser el jugador único y más decisivo.

Mientras tanto, la Unión Europea (UE) y sus países miembros experimentarán cómo su rol en el Próximo Oriente disminuirá, aún más, como ha venido sucedido durante las últimas décadas, ya que no sólo son interlocutores sin credibilidad e intrascendentes para las partes, sino que, además, se han convertido en inoportunos y en contraproducentes.

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