Opinión

Transformando el campo: innovación agroalimentaria en la era digital

  • Artículo de opinión de Pablo Cerero Sanchez, R&D Consulting Team Leader Leyton Iberia
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Durante décadas, el sector agrícola y ganadero ha sido un pilar fundamental de la economía española. Especialmente, las explotaciones familiares. Sin embargo, actualmente, afronta importantes desafíos que provocan la necesidad de mantener su competitividad y mejorar su sostenibilidad.

El primero de ellos, el cambio climático. Tomemos como ejemplo la sequía, una de las grandes protagonistas de este verano: según datos del MITECO, en el año hidrológico 2022/2023, el 14,6% del territorio nacional ha estado en emergencia por falta de agua y el 27,4%, en alerta. ¿Sus consecuencias? Un descenso en la producción vegetal del 13,6%.

A esto debemos sumar la inflación. A este respecto, un informe de CaixaBank Research indica que el incremento de los precios de los productos agrarios, unido al descenso en la demanda, han provocado una reducción en la producción de la industria de la alimentación de un 1,8% interanual entre enero y julio de este año y esta sigue un 2,3% por debajo del nivel prepandémico.

Sin olvidar el abandono del campo y la falta de relevo generacional. A este respecto, el número de explotaciones agrícolas en España ha caído un 42,6% desde 1989. Además, más del 40% de los jefes de explotación se jubilarán en los próximos 10 años. Para compensar su falta, se necesitará la entrada de unos 200.000 jóvenes en el sector.

La tecnología, por su capacidad de impulsar la eficiencia, sostenibilidad y productividad de los negocios, está llamada a ser la respuesta a todos estos retos. De hecho, la agricultura y la ganadería ya se están transformando radicalmente gracias a la innovación. Desde la implementación de fábricas inteligentes y la adopción de principios de la Industria 4.0., hasta la digitalización de la cadena de valor y la aplicación de machine learning para optimizar procesos, el sector agroalimentario está abrazando un futuro tecnológico muy prometedor.

Para ser más concretos, un informe reciente elaborado por la fundación INTEC y Minstait pone el foco en tendencias como la Inteligencia Artificial (IA) para mejorar la seguridad alimentaria y la eficiencia y la sostenibilidad de la producción agrícola; la biotecnología para luchar contra las enfermedades; la robótica combinada con IA y cámaras espectrales para optimizar la recogida de las frutas o las plataformas de Agricultura, Ganadería y Acuicultura de precisión, alimentadas con IA y capaces de gestionar datos, entre otras.

Es cierto que avances como los mencionados parecen estar solo al alcance de las explotaciones más grandes. Datos de Telefónica indican que, aunque más del 93% del sector primario tiene conectividad en sus instalaciones, solo el 69,7% cuenta con fibra óptica y cerca del 11% de los ganaderos no dispone de conexión en sus explotaciones.

Las administraciones públicas, europeas y nacionales, juegan un papel fundamental a la hora de democratizar el acceso a este tipo de tecnologías. En España ya existen algunas iniciativas en este sentido. Como la nueva PAC, vigente desde el pasado 1 de enero y que han solicitado un total de 622.404 agricultores y ganaderos. Incluye un Plan Estratégico que no solo prevé más de 220 millones de euros en ayudas para los jóvenes, con un 15% adicional si los titulares de las explotaciones son jóvenes agricultoras y ganaderas, sino 37,5 millones de euros para proyectos de innovación.

O el PERTE Agroalimentario, que contempla, entre otras, medidas de apoyo al proceso de adaptación digital de los agentes que forman la cadena de calor de esta industria, incluidos agricultores y ganaderos, y, también, para respaldar la innovación y la investigación dirigida a impulsar la competitividad del sector. En total, la inversión inicial prevista era de 1.000 millones de euros hasta 2023, pero se anunciaron 800 millones más para transformar la industria agroalimentaria y mejorar la gestión del agua y la modernización de los regadíos.

En este sentido, la PAC o los PERTES pueden jugar un papel fundamental para el sector. No obstante, estos ambiciosos programas, que pueden actuar como ejes vertebradores de la innovación, serán mucho más eficaces si se aplican junto a otros incentivos de fácil acceso para todas las empresas, sean grandes o pymes. Por ello las Deducciones Fiscales por I+D+i, pueden jugar un papel interesante de cara a crear sinergias con otros mecanismos de financiación del sector, al compartir objetivos comunes como puede ser la modernización del sector mediante el desarrollo de proyectos de I+D+i, que a largo plazo pueden mejorar su competitividad, impulsar su tecnología y en definitiva hacerlo más eficiente y resiliente frente a los riesgos potenciales del clima, especialmente relevante en un sector como el agroalimentario.

La importancia estratégica de la agricultura y la ganadería es indudable. Tal como reconocía el propio ministro del sector, Luis Planas, hace algunos meses, esta industria es la responsable de alimentar a la población, está directamente ligada a la protección del medioambiente y es un elemento vertebrador clave de los territorios rurales. Mantener su posición es una cuestión de interés nacional.

Como se ha mencionado anteriormente, asegurar el crecimiento sostenible de esta industria y atraer a la próxima generación requiere un enfoque en la innovación. No obstante, esta innovación debe ir de la mano de la ética. Los debates que surgen alrededor de cuestiones cruciales, como los transgénicos o las implicaciones de la Inteligencia Artificial, no deben infundir temor, sino más bien deben ser afrontados. Solo a través de este enfrentamiento abierto y reflexivo, podremos encontrar el equilibrio perfecto necesario para avanzar en la dirección adecuada.

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