Opinión

Amenazas ocultas que pueden frenar el Ibex

Bolsa de Madrid

Qué nuevos contratiempos afrontarán las bolsas? Tras un 2022 desalentador, esta es la pregunta que todos tenemos en mente, incluido yo. Pero, mi recelo no es fruto de los problemas anunciados a bombo y platillo, pues el mercado ya los ha analizado y descontado ampliamente, sino de los riesgos desapercibidos que puedan aparecer en 2023. Por tranquilo que parezca el entorno actual para la renta variable, esto podría cambiar rápido. Veamos qué amenazas podrían surgir.

A pesar de que el IBEX 35 comenzó 2023 con ganancias, los más pesimistas se centran en los temores conocidos, como los riesgos supuestamente sistémicos de la banca, la reforma de las pensiones en España y Francia, las especulaciones sobre la política del BCE, el miedo a la recesión y la guerra en Ucrania, entre otros. Sin embargo, el hecho de que los parqués no tarden en incorporar la información divulgada públicamente debilita su capacidad de provocar s?orpresas. Al fin y al cabo, las mayores fluctuaciones son fruto de eventos imprevistos.

¿Cuál sería una de estas posibles amenazas? Una atípica congelación del crédito, pero una que nada tendría que ver con el Credit Suisse, el Silicon Valley Bank o un posible efecto contagio. A pesar de las dudas que despiertan, los bancos gozan de una situación excelente en comparación con su historia reciente y el crecimiento de la actividad crediticia es robusto. En Estados Unidos, aumentó un 10,8% interanual en la semana del 15 de marzo, una cifra que casi duplicaba el 5,8% del año anterior.

En España, los préstamos a empresas sufrieron un descenso del 0,7% interanual en febrero; aunque esto no es algo positivo, tampoco es indicativo de una crisis, ya que la cifra volvió a los niveles prepandémicos. En cambio, los préstamos a las empresas de la zona euro aumentaron rápidamente un 5,7% interanual en febrero, lo que superó las cifras anteriores a la pandemia. Los nuevos préstamos impulsan el crecimiento.

Los bancos gozan de una situación excelente en comparación con su historia reciente y el crecimiento de la actividad crediticia es robusto

La amenaza velada es que estos datos no están ajustados a la inflación. Así pues, si el aumento de la actividad crediticia en todo el mundo se queda rezagado de las tasas de inflación principal, como en España y la zona euro actualmente, podría desatar una contracción del crédito y, con ello, una recesión mucho más profunda que el mercado bursátil no ha anticipado.

Esto ocurriría si se redujera la amplia base para prestar con que cuentan los bancos a bajo coste (el exceso de depósitos mencionado en febrero) y se vieran obligados a competir por captar depósitos pagando unos tipos de interés más elevados. En última instancia, esto reduciría la rentabilidad y el atractivo de conceder préstamos.

Ahora no estamos en ese escenario. Tanto en España como en el resto del mundo, los clientes proveen a los bancos con una enorme liquidez. De ahí que el interés de las cuentas de ahorro españolas promedie un irrisorio 0,37%.

El dato es similar en EEUU, pero un eventual cambio de normativa tras la quiebra del Silicon Valley Bank podría suponer que las subidas de tipos del banco central se acaben reflejando en la remuneración de los depósitos en el país. Debemos estar atentos al próximo informe semanal sobre concesión de préstamos que la Reserva Federal publica cada viernes, podría ser revelador.

Por otra parte, si las subidas de tipos no contienen la inflación, la Fed y otros bancos centrales podrían reintroducir los requisitos de reservas que descartaron en 2020 por la irrupción de la pandemia. Esta posibilidad es más real ahora en vista de la presión política tras las últimas quiebras bancarias, pero podría suponer un duro golpe para la economía en caso de que se ejecute mal. De hecho, esta misma situación ya originó una larga recesión en EEUU en 1937.

Asimismo, las turbulencias bancarias introducen otros riesgos regulatorios, como una posible modificación de las normas contables estadounidenses, como la que, en parte, llevó al colapso internacional en 2008. Las buenas intenciones a menudo provocan efectos no deseados.

Con respecto a las criptomonedas, estas están demasiado desconectadas de la economía y no tienen suficiente relevancia como para representar una fuente de volatilidad. No obstante, si se regularan a la ligera podría haber consecuencias imprevistas y lastrar al resto de los activos. En la UE ya se ha iniciado este proceso y en EEUU cada vez se habla más de ello tras lo sucedido con FTX y el Signature Bank.

Como apuntaba antes, desde siempre ha habido regulaciones bienintencionadas con repercusiones catastróficas a corto plazo. Por ejemplo, la ley Sarbanes-Oxley de 2002 alargó el mercado bajista mundial; y el cambio de las normas contables de valoración a precios de mercado de 2007 supuso una depreciación de los activos de los bancos valorada en 1,8 billones de euros que, en 2008, convirtió un problema manejable, como las hipotecas basura, en una debacle financiera con impacto en España y en todo el mundo.

El contexto geopolítico también podría entrañar riesgos ocultos. No me refiero a la descontadísima guerra de Ucrania ni al diálogo entre China y España, sino al conflicto entre India y Pakistán, vecinos mal avenidos desde hace tiempo. La intención de Pakistán de importar petróleo ruso no gusta en India, dado que elevaría el reducido precio del que esta se beneficia.

Además, China tiene intereses en la zona, conque el enfrentamiento podría involucrar a dos grandes economías y a tres potencias nucleares del sur de Asia, donde, tras décadas de políticas erráticas, Occidente carece de influencia para calmar los ánimos. Habrá que seguir atentos. Mi principal preocupación es un evento que nadie, ni siquiera yo mismo, vea venir. Un revés repentino, sin previo aviso.

Ahora bien, no se deje avasallar por el miedo, ya que las acciones suelen subir más de lo que bajan. Si tomamos como referencia el índice S&P 500 de EEUU por su larga historia, este se ha revalorizado en el 75% de los períodos consecutivos de 12 meses desde 1925. Y, en el marco nacional, la renta variable española se ha revalorizado un 64 % de las veces desde 1969.

En resumen: al contrario del sentimiento general, sigo siendo optimista en torno al mercado; pero, al mismo tiempo, les aliento a estar alerta ante cualquier evento negativo inesperado.

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