Opinión

Energía y Seguridad

Plataformas petrolíferas

Tres son las tendencias que marcan la evolución de los mercados de la energía desde hace meses. En el terreno de la geopolítica, la Federación Rusa, tercer país productor de petróleo del mundo, con más de 11 millones de barriles por día (bpd), está ejecutando de forma acelerada su desconexión de Europa, en particular, y de Occidente, en general, y está reforzando su política de horizontes euroasiáticos. Occidente, en cambio, hace frente a prioridades encontradas que le plantean dilemas y elecciones difíciles, dadas: la dependencia histórica de Europa con respecto al suministro de energía barata desde Rusia yel equilibrio imposible al que se ha sometido, por voluntad propia, de alcanzar la seguridad y la supervivencia energéticas, mientras, al mismo tiempo, se ha marcado objetivos irracionales en sus políticas de emisiones cero de carbón para el año 2050, cuando todavía creía que podría contar con el suministro de petróleo y de gas rusos de forma continuada.

En la economía mundial, Occidente persiste en su política de sanciones a Rusia, que está teniendo un efecto retroceso, ya que a quien más está perjudicando es a los países occidentales. Rusia está navegando sin dificultades dichas sanciones, para las que, obviamente, estaba bien preparada, después de la experiencia de 2014, tras la incorporación de Crimea a la Federación Rusa, y, adicionalmente, está tejiendo una red tupida de intereses económicos, comerciales y financieros con China, con India, con Arabia Saudí, con Irán, con Turquía y con el resto de los países de Asia, del Próximo Oriente y de África. La globalización se está resquebrajando, el nacionalismo económico surge con fuerza y el dominio universal del dólar como moneda universal de la economía, en general, y del comercio del petróleo, en particular, comienza a ser cuestionado.

En los mercados energéticos, la incertidumbre es dominante, frente a la cual los 13 países miembros la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y los 11 países miembros adicionales que se suman a los anteriores en el marco de la Organización de Países Exportadores de Petróleo plus (OPEP+) están intentando estabilizar el mercado, bajo el liderazgo de Arabia Saudí, entre los primeros, y de Rusia, entre los segundos. La demanda y el consumo de energía crecen y los precios aumentan, a pesar del intento estéril de Occidente de imponer precios máximos a un mercado cartelizado por los principales países productores, cuyos cárteles se llaman OPEP y OPEP+.

Desde su creación en septiembre de 1960, en la Conferencia de Bagdad, los fundadores de la OPEP -Arabia Saudí, Irak, Irán, Kuwait y Venezuela- y sus asociados posteriores se han mantenido fieles a los principios originarios de la organización de coordinar y de unificar las políticas petroleras de sus países miembros, al margen de los ciclos por los que haya podido pasar su influencia real sobre los mercados.

De esta forma, todos ellos han garantizado la estabilización de los mercados del petróleo con el fin de asegurar un suministro eficaz, económico y constante de petróleo a los consumidores, unos ingresos permanentes a los productores y un retorno justo del capital invertido en la industria petrolera.

En el entorno actual de conflicto bélico entre Estados Unidos (EE. UU.) y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) contra Rusia en Ucrania y de enfrentamiento larvado de aquellos contra China, los miembros de la OPEP+ se han trazado una política de equilibrio entre la defensa de la paz y la oposición a suspender sus ataduras con las partes enfrentadas.

Este ha sido el caso, especialmente, de los países que lo son, también, del Consejo de Cooperación del Golfo, que cuentan con más de veinte años de intensa y de profunda relación diplomática con Rusia, que excede al ámbito de la energía y abarca asuntos como el terrorismo yihadista o la guerra civil en Siria.

A finales de 2022, Haitham Al Ghais, el kuwaití que, desde agosto de 2022, actúa como secretario general de la OPEP, adelantó su previsión de que la demanda de petróleo crecerá en 2023 y recordó que la política de la OPEP+, fijada en 2016, de garantizar la estabilidad del mercado se mantendrá.

De hecho, la guerra energética que Occidente declaró contra Rusia no está funcionando como aquél esperaba.

La producción de petróleo de Rusia creció en 2022 un 1%, contra todos los pronósticos, y Rusia está demostrando una capacidad de resistencia y de adaptación a las nuevas condiciones del mercado que no se anticipó en Occidente.

Rusia está comercializando, con descuento, su petróleo con aquellos países que son amistosos hacia ella y que han hecho caso omiso a la recomendación del G7, de EE. UU. y de la Unión Europea de imponerle un precio máximo de 60 dólares por barril.

De esta forma, Rusia está abandonando Europa como mercado para su gas y para su petróleo y lo está sustituyendo por los del este, de Asia y del lejano este, que son, en su conjunto, clientes mejores para los rusos.

El mercado europeo, que representaba un 20% del suministro global de petróleo ruso, por su parte, intenta resistir al nuevo entorno sin contar con un plan, mediante la reducción de su demanda, la adhesión formal al infantilismo de la política de los precios máximos y la hipocresía enorme de estar, sin embargo, comprando petróleo ruso muy por encima de dichos límites.

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