Opinión

¿Cómo puede una compañía centenaria digitalizarse con éxito?

La transformación digital y los modelos de innovación más disruptivos suelen combinar bien con empresas de la llamada nueva economía. Ya sea con las grandes tecnológicas, con los negocios basados en la economía colaborativa, con las startups de componente digital o con los modelos de crecimiento exponencial, se diría que la tecnología es el segundo nombre que acompaña y define a la perfección a este tipo de empresas.

Las razones para que este matrimonio sea tan bien avenido no son ninguna sorpresa. En primer lugar, la mayoría de estas empresas nacieron hace menos de diez años, y esa juventud las sitúa en un plano contemporáneo al de muchos de los principales avances digitales que han sacudido el mundo recientemente.

Aunque más que por el hecho de haber nacido al mismo tiempo que una tecnología concreta -al fin y al cabo, por revolucionaria que fuera en su momento, al ser la obsolescencia cada vez más rápida cualquier tecnología está condenada a quedar desfasada en poco tiempo- lo que realmente otorga ventaja a estas jóvenes empresas es el hecho de haber nacido en pleno cambio del propio modelo de transformación empresarial.

¿Qué son las empresas 'nativas transformacionales'?

Desde sus mismos orígenes, estas empresas han tenido que convivir y adaptarse a una velocidad de cambio nunca antes vista. Han nacido y crecido en un mundo en el que los cambios son vertiginosos e imprevisibles. Y esa especie de vacuna frente a los incierto y lo variable otorga a este tipo de entidades una clara ventaja frente a las que vienen de otros modelos anteriores. De alguna manera, su ADN ya viene modificado de serie, convirtiéndolas, más que en "nativas digitales", en "nativas transformacionales".

Pero, ¿qué sucede con las empresas que no llevan impreso en su naturaleza ese pedigrí orientado al cambio? ¿Qué ocurre con las empresas que pueden presumir de décadas de trayectoria y con varias generaciones de directivos a sus espaldas? Ellas no nacieron en un mundo tan inestable e impredecible. O si lo era, el margen de reacción con el que contaban ante un giro inesperado del mercado era mucho mayor del que enfrentan en la actualidad. Y no digamos si hablamos de negocios tradicionales como Banca o Seguros en los que la estabilidad es un valor en si mismo y forma parte de su identidad corporativa. ¿Qué sucede con este tipo de compañías? ¿Tienen sitio sus modelos de negocio para incorporar los nuevos procesos de innovación o de transformación digital?

La respuesta a esta pregunta es 'Sí', y muchos de estas compañías ya están enfrentando ese reto. Instituciones centenarias como Banco Santander o Banco Sabadell, embarcadas desde hace tiempo en la imparable digitalización de sus procesos y servicios.

Otro buen ejemplo lo encontramos en el ámbito farmacéutico, donde numerosos laboratorios, que si bien siempre han estado por delante tecnológicamente hablando en cuanto a investigación y fabricación, no han sido tan punteras en aspectos como la comercialización o logística, están obteniendo últimamente importantes avances también en estas áreas.

Estas compañías y otras muchas han sabido comprender que sería muy peligroso quedarse en actitud contemplativa, pensando que la revolución digital es para los recién llegados que aun deben forjarse un nombre. Que a ellos no les hace falta porque no tienen nada que demostrar y ya les va muy bien así. Han entendido que sería un error catastrófico mirar al futuro desde la atalaya del pasado, pensar que lo que les funcionó ayer servirá igual para el mañana. Y están obrando en consecuencia. Porque el peligro de negarse a evolucionar es que, mientras tanto, sus clientes sí lo están haciendo.

Se necesita voluntad de evolucionar

Eso sí, para estas empresas el proceso es mucho más complejo que para las nuevas. En primer lugar por una mera cuestión de tamaño. Cuesta mucho más trabajo mover un trasatlántico que un velero de recreo, y no digamos que una pequeña zodiak de motor nervioso. Ahora bien, una vez en alta mar, seguro que el trasatlántico llagará mucho más lejos. Las empresas tradicionales y las grandes corporaciones tienen a su favor sus mayores recursos, algo que siempre facilita las cosas cuando hay voluntad de cambio.

Ese matiz es importante: "cuando hay voluntad". Y es que la cultura es otro de los factores que puede pesar en el éxito o el fracaso de este tipo de estructuras. Porque mientras que, como decíamos, para las nuevas empresas la flexibilidad y agilidad de cambio son algo natural y alineado a su identidad, las compañías veteranas proceden de otro modelo más pausado y predecible, y el cambio de velocidad provoca resistencias y fricciones, a veces, insuperables. La transformación digital no es una cuestión de tecnología, sino de personas. Y solo modificando desde la raíz la cultura corporativa se puede conducir a una empresa por la senda de la digitalización.

¿Cómo puede una compañía centenaria digitalizarse con éxito? Hay quien piensa que gastándose una millonada en adquirir la mejor tecnología. Pero ese camino solo garantiza el éxito a quien les vendió a tecnología. Si me preguntan a mi, les diría que cambiando el chip, convenciendo, demostrando, confiando en las personas, siendo curiosos, abriendo la mente, liderando con el ejemplo y aprendiendo, con humildad de los pequeños. Y para eso, no hace falta tanto dinero.

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