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Estos son los perfiles enemigos de la transformación digital

El entusiasmo que el fenómeno de la transformación digital suscita a medida que avanza en las organizaciones no es compartido por todo el mundo por igual. De hecho, junto a defensores, embajadores, evangelistas y agentes del cambio, conviven no pocas personas que contemplan su llegada con indiferencia, y otras que directamente se oponen a ella por distintos motivos y que de una manera más o menos evidente se dedicarán a ponerle palos en las ruedas. Este grupo de detractores es heterogéneo y variable en función del momento y de los intereses particulares de cada uno.

Por otra parte, todos podemos pertenecer a esta especie en un momento dado. Al fin y al cabo, la transformación digital no es otra cosa que una transformación cultural. Y en esos procesos el comportamiento de las personas resulta impredecible. Somos reluctantes al cambio, y el grado de esa resistencia será directamente proporcional a la envergadura de ese cambio. En el caso de la transformación digital, la envergadura que perciben los afectados por ella es descomunal, y esto hace que el "no" sea en muchas ocasiones la posición de partida.

La mayor parte de las veces, cuando nos encontramos ante una postura contraria a algo es debido a falta de información. La persona desconoce la verdadera naturaleza, alcance e implicaciones de la novedad que se le presenta delante. Y, lo que es más importante, ignora la manera en que esa novedad puede afectarle y/o beneficiarle personalmente. Muchas de las personas que se posicionan en contra de la tecnología no lo hacen porque le tengan fobia al progreso, sino porque ignoran el modo en que el uso de la tecnología podría aportarles valor.

Los enemigos de la transformación digital pueden proceder de fuera de la empresa o situarse dentro de ella, a veces en los estratos de mayor poder. No son fáciles de detectar, ya que no suelen enarbolar la bandera del "anti" por miedo a resultar impopulares o de quedarse al margen. Pero que no se identifiquen claramente como contrarios a la revolución no quiere decir que no vayan a boicotearla a la primera oportunidad que se les presente. A veces, sin ni siquiera ser conscientes de ello.

Perfiles anti-transformación

Pseudoentusiastas. Se trata de un perfil especialmente peligroso, porque ni siquiera sabe que es un enemigo de la transformación digital. De hecho, ¡ellos creen que son todo lo contrario! Este perfil está convencido de que la tecnología a va a resolver todos sus problemas, y lo deja todo en sus manos.

No reparará en gastos a la hora de comprar e implantar la última tecnología salida al mercado, pero olvida que detrás de los procesos hay personas. Por eso están condenados al fracaso. Con ellos hay que volver a las bases, ayudarles a reordenar prioridades. Recordarles que sin personas no cabe transformación de ninguna índole.

Fóbicos tecnológicos. Al contrario que los anteriores, estos enemigos de la transformación digital sí tienen muy claro que lo son. Ante la sola mención de la palabra "tecnología" cierran los ojos y se tapan los oídos. Y les da exactamente igual lo que les cuenten acerca de las bondades de la revolución tecnológica.

Su posición dentro del organigrama suele ser de poder, o bien se trata de un cliente importante o de alguien estratégico dentro de la cadena de valor de la compañía. Por eso, resultan especialmente peligrosos y dañinos para los procesos de transformación digital. Es imprescindible ayudarles, enseñarles, subirles al carro de la digitalización ayudarles a romper esas barreras.

Negacionistas. Están convencidos de que toda novedad tecnológica destruye el trabajo y las relaciones humanas. Están cargados de prejuicios. Quieren aprender, pero para poder criticar lo aprendido. Se centran en lo malo por sistema y se niegan a adoptar cambio alguno en su profesión si esta relacionado con la tecnología. Necesitan demostraciones elocuentes de que se equivocan, de la tecnología no solo no destruye, sino que potencia.

Egoístas tecnológicos. Muy abiertos a la tecnología, pero solo en la medida en que pueda servirles para su propio beneficio. Su planteamiento es muy del "que hay de lo mío" y su único interés es de qué manera le puede servir, por ejemplo, para trabajar menos y descararse de tareas. Es necesario comprometerlos con una causa mayor y aprovechar sus habilidades digitales para enganchar a otros.

Relativistas. Son los del "sí, pero…" Sobre el papel, no se niegan en redondo al cambio, pero en seguida empiezan a pensar en los costes de la transformación, en posibles reticencias del cliente y en todo tipo de dificultades operativas que pueden ensuciar el proceso. Trabajan con una expectativa pesimista en la que nunca acaban de ver los beneficios. Son un perfil que suele estar presente en los comités de dirección y que maneja presupuestos y decisiones. Peligrosos. Hay que hacerles ver que los riesgos de no transformarse son todavía mayores que los que implica hacerlo.

Probadores pragmáticos. Tienen que ver para creer, meter el dedo en la llaga para estar seguros. Con su escepticismo y su obsesión por comprobarlo todo personalmente innumerables veces, ralentizan y a veces paralizan el proceso, con lo cual lo boicotean. Muchas veces son las propias personas del equipo de IT. Hay que reforzar su seguridad y autoconfianza, y fomentar una cultura empresarial en la que el error constructivo no sea penalizado.

Líderes del viejo negocio. Son los que trajeron los ingresos recurrentes a la compañía antes de la revolución tecnológica. Y lo hicieron muy bien. Por eso, piensan que los nuevos modelos los pueden relegar y hacer que dejen de ser imprescindibles. Hay que intentar encontrarles un nuevo papel y demostrarles que pueden seguir aportando valor desde ese nuevo rol.

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