Opinión

¿Es bueno ser el primero de la clase en materia climática?

La European Climate Foundation, una ONG de ámbito europeo, ha presentado un análisis comparativo de los borradores de los planes de energía y clima de los 28 socios comunitarios que llega a la conclusión de que el español es el mejor de todos, con ventaja sobre el segundo clasificado, Francia, y que incluye elementos modélicos. En una primera aproximación, hay que dar la enhorabuena al Gobierno, pero ¿es bueno ser el primero de la clase? 

Los autores -el Ecologic Institute y Climact- se han enfrentado a un gran desafío, puesto que los planes adolecen de falta de homogeneidad, a pesar de que la Comisión había planteado unos contenidos comunes; baste indicar que los hay de 500 páginas y de sólo 28, como comentó la semana pasada David López, uno de los responsables de la entidad, durante la presentación del documento en petit comité en Madrid.

A la hora de realizar la comparativa, el análisis de los planes se ha fijado en tres tipos de criterios: el nivel de ambición de las políticas planteadas en relación a los objetivos establecidos por el Acuerdo de París -como las metas de reducción de CO2 o de renovables-, la calidad y el detalle de las políticas descritas en el documento para alcanzar los objetivos -como las medidas para fomentar la eficiencia energética, el uso del carbón como fuente de energía o incluir estimaciones sobre las inversiones necesarias-, y el grado de participación pública en su elaboración.

El informe no valora otros elementos, como la credibilidad de los escenarios económicos que plantean -si es que llegan a hacerlo- o la posibilidad real de aplicar las políticas que proponen. Ello explica que Grecia aparezca en tercer lugar del escalafón, porque ha detallado notablemente las medidas con las que piensa alcanzar sus objetivos -muy poco ambiciosos-, ha consultado a la población, y el análisis de la ONG no pondera si son o no factibles.

Alemania, antepenúltima

Por eso Alemania es la antepenúltima; ha presentado un Plan precario, que no aporta información ni sobre las políticas previstas ni sobre las inversiones. El Gobierno de Ángela Merkel ni siquiera ha facilitado un objetivo nacional de penetración de renovables, indicando que todo ello queda pendiente para una discusión política y regulatoria que tendrá más adelante.

Llama la atención la disparidad entre los casos español y alemán, cuando ambos son paladines de la lucha contra el calentamiento global, aunque no está de más recalcar que el Gobierno de Pedro Sánchez ha hecho bandera del ecologismo, mientras que el de Merkel avanza a rebufo de una opinión pública realmente concienciada.

Para comprender esta aparente incongruencia, más allá de la ideología -que no debería influir en materia de clima y energía-, hay que tener en cuenta que la Comisión debe analizar los borradores de los 28 planes con la vista puesta en que su combinación permita alcanzar los objetivos europeos, con independencia de los nacionales.

Los técnicos de Bruselas, una vez revisados las propuestas de planes, tienen que devolvérselas a los socios en junio -en un alarde de jerga comunitaria, "dictando recomendaciones"- para que las mejoren y presenten versiones definitivas a final de año que permitan alcanzar las metas europeas.

Esperar y ver

Así, muchos de los estados, como Alemania, han optado por esperar y ver qué presentaban los demás antes de enseñar todas sus cartas, por si la "recomendación" de Bruselas resulta demasiado gravosa; aunque todo el mundo está de acuerdo en que la reducción del CO2 es algo que no puede olvidarse, la descarbonización tendrá costes que, en el caso de la UE, deben repartirse entre todos sus miembros.

Así pues, esperar y ver qué hacen los demás para tratar pagar lo mínimo de la factura comunitaria es la estrategia de Alemania y también era la estrategia del Gobierno de Mariano Rajoy, sin preocuparse demasiado -quizá por falta de fe- de los beneficios que también traerá el proceso de transición energética.

Pero Sánchez ha optado por apostar fuerte con su propuesta de Plan, sin quitar ojo del rédito electoral del ecologismo y el calendario electoral, una de las razones por la que el documento se remitió a Bruselas a finales de febrero, casi tres meses después de la fecha límite planteada por la regulación europea, con los Comicios a tiro de piedra.

Con independencia de la credibilidad de los planes de energía y clima de los 28 -el papel lo aguanta todo-, más de uno cree que Sánchez se ha equivocado al presentar un plan tan prometedor y que eso va a elevar la factura española; pronto veremos si es así, cuando Bruselas dicte sus recomendaciones a todos los socios.

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