Opinión

Ritmo insostenible en pensiones

La elevada creación de empleo que España experimentó en los últimos años se ha traducido en un notable incremento de los ingresos de la Seguridad Social, que, en algunos ejercicios recientes, llegó al 8 por ciento interanual. Ahora bien, ni siquiera ese refuerzo ha impedido que el sistema de pensiones acumule un abultado déficit, debido a la aceleración que muestra el desembolso en pensiones por el envejecimiento demográfico y por la circunstancia de que los nuevos jubilados tienen derecho a pensiones más altas que sus antecesores.

El desfase se ha agravado recientemente, con medidas como volver a actualizar dichas prestaciones con la inflación este año y el anterior. Ahora el desembolso en pensiones crece un 6,8 por ciento más rápido que los ingresos por cotizaciones. La situación aún puede empeorar si, en la próxima legislatura, el Gobierno cumple promesas, como hacer permanente la indexación al IPC o suspende definitivamente la entrada en vigor del factor de sostenibilidad.

No cabe hacerse ilusiones acerca de una mayor aportación del mercado de trabajo en los próximos años. Además de que el PIB entró en fase de enfriamiento, lo que ralentiza la creación de empleo, es arriesgado dar por hecho que los nuevos puestos de trabajo serán más cualificados y generarán sueldos (y cotizaciones) más altos. La tecnología puede, en sus primeras etapas, causar fuertes caídas de la ocupación.

Además, la muy pregonada transición de la economía española hacia un modelo de más valor añadido está todavía muy lejos de ser una realidad. En un escenario tan adverso, la única respuesta razonable es respetar la reforma del sistema de pensiones de 2013 y acometer otras medidas que supongan una limitación del gasto en este capítulo.

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