Opinión

El trato de favor a Deutsche y Commerzbank

  • La fusión de ambos incumple la autoexigencia alemana de evitar rescates
Foto: Archivo

Solo fomentaría la concesión de préstamos irresponsables. Los déficits se saldrían de control. Las reglas de la moneda única se verían socavadas y los votantes perderían la fe en el euro. En los últimos años, los alemanes, el Banco Central Europeo y la propia UE se han mantenido firmes en que los bancos no deberían ser rescatados dentro de la eurozona. En el camino, a los bancos griegos, chipriotas, italianos e irlandeses se les ha permitido estrellarse contra un muro, si se creía necesario, o han sido exprimidos hasta la extinción.

Pero espera. Parece haber una excepción a ese régimen financiero austero: los grandes bancos alemanes. Con el una vez poderoso Deutsche Bank en serios problemas, resulta que no hay nada malo en que el Gobierno propicie lo que, después de todo, es el equivalente a un rescate financiero. El problema es que esta decisión deja en evidencia que, dentro de la zona euro y en gran parte de la UE, hay una regla para Alemania y otra para todos los demás.

En los años transcurridos desde el estallido de la crisis de la eurozona en 2011, los responsables políticos alemanes han insistido en que los rescates bancarios sólo empeorarían las cosas. Cuando Italia, por ejemplo, intervino para fusionar dos bancos en quiebra en 2017, el exministro de finanzas alemán Wolfgang Schaeuble se apresuró a esgrimir las reglas diseñadas para asegurar que se haga cumplir "que los contribuyentes europeos no volverán a asumir el riesgo de los bancos".

En Chipre, en 2013, se permitió el cierre de los bancos, y los depositantes con más de 100.000 euros se vieron obligados a sufrir pérdidas, en gran medida por la insistencia de los alemanes. En 2015, los bancos griegos estuvieron cerrados durante más de una semana, a insistencia de la canciller alemana Angela Merkel, mientras que en el último año Alemania ha liderado la oposición a un sindicato bancario para la zona euro que proteja a los depositantes. Una y otra vez, el mensaje de los políticos alemanes ha sido el mismo. Hay que dejar que los bancos y sus accionistas se ocupen de sí mismos.

Se puede discutir sobre si esa es la decisión correcta o incorrecta. Pero realmente no se puede discutir sobre si se debe aplicar de manera coherente, una vez que se ha adoptado. Y sin embargo, no parece ser el caso. Durante el último año ha quedado dolorosamente claro que el Deutsche Bank, que en su día fue la institución financiera más importante de Europa, podría necesitar un rescate. El precio de sus acciones ha caído un 90% en una década, y se ha reducido a la mitad solo en el último año. En respuesta, el Gobierno de Berlín ha orquestado una fusión con su principal rival, el Commerzbank. Más interesante aún, el Estado acabará con una participación en la nueva entidad del 15%, y es muy posible que inyecte fondos adicionales para apoyar la fusión a través de un nuevo fondo que se está creando para respaldar a los "campeones nacionales".

Esto pone al desnudo una cruda verdad sobre la zona del euro y, de hecho, sobre la UE. Hay una regla para Alemania y otra para todos los demás. En realidad, si tiene tantos problemas como parece, entonces debería permitirse que Deutsche Bank se hundiera. Después de todo, sus depositantes podrían ser protegidos, y sus deudas colocadas en un "banco malo" y ser liquidadas gradualmente. Eso es lo que la mayoría de los responsables políticos alemanes recomendarían para otros países, junto con muchas advertencias sobre la amenaza para la viabilidad de la moneda única si el despilfarro y los préstamos concedidos sin exigir las debidas garantías no tuvieran consecuencias para sus responsables. Si el Gobierno alemán quiere utilizar el dinero de los contribuyentes para crear un banco a escala "campeón nacional" respaldado por el Estado, esa es su decisión.

Probablemente terminará fracasando de todos modos, al igual que los "campeones nacionales" de la mayoría de las demás industrias. Pero no puede quejarse si otros países de la eurozona se dan cuenta de que todo lo que se habla acerca de "responsabilidad" y "prudencia financiera" se aplica solo a otros, y no a la propia Alemania, y terminan muy desilusionados por ello.

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