Opinión

Señales para comprar en la bolsa española

  • Sectores como el energético y el bancario dispararán la subida de beneficios
Foto: Archivo

Todavía conmocionado por las turbulencias del Ibex 35 en 2018? Fueron tan devastadoras que colocaron a España como uno de los peores mercados bursátiles del mundo. Por ello, para muchos el rebote de enero no deja de ser un espejismo de recuperación. ¡No se deje arrastrar a las tinieblas! Normalmente cuanto más bajo se cae, más alto se sube. Lo sucedido hasta ahora parece el comienzo de un año estupendo para el Ibex, con independencia del adelanto electoral, y otros índices europeos rezagados en 2018.

De acuerdo con los índices MSCI por países -convertidos a euros- y con respecto a la rentabilidad de su mercado, España ocupó el séptimo puesto por la cola entre los países desarrollados para el conjunto del año; lo hizo por detrás del Reino Unido, al que le perjudica la incertidumbre en torno al Brexit, pero también de Suiza, Suecia y Japón, países que vieron caer su PIB en el tercer trimestre del año. España superó los resultados de Italia, oficialmente en recesión, aunque por un estrecho margen.

¿Todo esto tiene alguna lógica? La economía española está en expansión y cada vez es más competitiva. Ha liderado el crecimiento económico en Europa tras la crisis y ha cosechado resultados trimestrales por encima de la media desde el fin de la recesión en la zona. Al tiempo que en gran parte del mundo se iniciaba una desaceleración, en España se seguía creciendo a tasas del 0,6% durante los tres primeros trimestres, intensificando el ritmo hasta el 0,7% en los últimos tres meses del ejercicio.

Las cifras del gasto de los hogares evidencian que la demanda del sector privado goza de buena salud, mientras que las exportaciones han dado ejemplo de resiliencia, por más que se hayan generalizado los temores a un conflicto comercial y que el sector de la automoción no atraviese su mejor momento. ¡Los indicadores fundamentales en España son buenos!

Este país es un Estado de derecho que cuenta con instituciones políticas y económicas sólidas y donde rige la división de poderes: requisitos que lo convierten en objeto de deseo para los inversores internacionales. Con todo, las acciones españolas quedaron por detrás de las de Egipto, azotado por el terrorismo y las turbulencias políticas, e India, que acusó la inestabilidad de su banco central. Polonia y Hungría también batieron a España, a pesar de que sus actuales Go-biernos ponen en peligro la democracia en dichos países. Incluso Rusia, cuya economía mantiene una absoluta dependencia del petróleo y se ve condicionada por las sanciones estadounidenses, exhibió mejores resultados que España. ¡Increíble!

Estas tendencias irracionales vienen a confirmar que el retroceso de 2018 fue un tanto exagerado. Hace un mes explicaba que normalmente la renta variable reacciona ante estas caídas con rebotes en forma de V. El repunte del Ibex del 9,6% entre el 27 de diciembre y finales de enero fue precisamente eso, si bien todavía el índice está lejos de recuperar todo el terreno perdido durante el año. El primer mes de 2019 cerró con un descenso del 18,1% respecto a su máximo de 2018, registrado el 25 de enero. En cambio, las acciones mundiales se colocaron únicamente un 6,2% por debajo de su valor a 3 de octubre, techo anual; asimismo, entre el mínimo del pasado diciembre y el 31 de enero del presente año se anotó un avance del 12,1%, otro dato superior al conseguido en España. Esta tendencia debería cambiar de signo en cuanto los inversores se den cuenta de que han ignorado los sólidos fundamentos sobre los que se asienta el mercado español.

España ha pagado los platos rotos de pertenecer a la eurozona. La desconfianza excesiva en el bloque comunitario provoca que cualquier dato se interprete como un síntoma de debilidad con capacidad de contagio a otras economías. En este sentido, los temores a que la recesión italiana se propagaría rápidamente ocuparon gran parte de las noticias sobre el PIB en el cuarto trimestre. Fue un error porque Italia afrontó tres grandes vientos de cara. El primero, exclusivo del país transalpino, fueron unos tipos de interés provisionalmente altos que hicieron mella en la capacidad de endeudamiento de las empresas y en las inversiones en capital fijo; esta circunstancia ya está superada gracias a que se han atenuado los desacuerdos en torno al presupuesto y a que ha habido una rebaja de los tipos a largo plazo. En segundo lugar, la caída en la producción de automóviles ha perjudicado a varios países de la UE, si bien se trata igualmente de un hecho pasajero, ya que el sector tendrá que adaptarse a la nueva normativa comunitaria sobre emisiones; en la actualidad, este proceso, del que se beneficiarán también las fábricas españolas, está muy avanzado conque, cuando se culmine, favorecerá las exportaciones y reforzará el crecimiento. Por último, la desaceleración de la demanda del sector privado en China tiene repercusiones negativas en Europa -España incluida- y en todo el mundo; cuando empiecen a surtir efecto las últimas medidas de estímulo monetario y fiscal emprendidas por el Gobierno chino, las aguas deberían volver a su cauce. En resumen, Italia no arrastrará hacia el abismo a España ni a ningún otro país de la eurozona, las economías más sólidas saldrán adelante.

Las acciones, por su proyección hacia el futuro, incorporarán a su precio todas estas contingencias antes de que los inversores se den cuenta, así que ahora que el Ibex 35 está en niveles bajos es el momento de comprar. Otros mercados rezagados recientemente, como Alemania, Irlanda, Bélgica o Italia, también muestran síntomas de recuperación. Corea del Sur y China, ya fuera del ámbito europeo, también están listos para el rebote.

No permita que las malas noticias que vienen de China y la eurozona le amarguen la vida. Gracias a la contribución de los bancos grandes fuertemente capitalizados -que representan el 30,2% del Ibex- y de las compañías energéticas -el 23,8%-, una economía mundial más robusta de lo que parece debería favorecer la aparición de más condiciones propicias. La demanda de productos y servicios de esos sectores disparará los ingresos y el incremento de los beneficios, a lo que a buen seguro se le dispensará una excelente acogida en los mercados.

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