Opinión

El desguace de Abertis

Voto porque todos ustedes vayan a la cárcel", espetó Karl Jacobi, socio del Círculo de Directivos de Habla Alemana, al presidente del Parlament. Roger Torrent quedó hondamente preocupado, después de que un centenar de empresarios germanos le advirtieran esta semana en Barcelona que su paciencia se está acabando, después de los últimos juegos malabares de Carles Puigdemont para investir a Jordi Sánchez.

En Cataluña, por el contrario, muchos empresarios escurren el bulto. Se niegan a pronunciarse abiertamente sobre la independencia, con el argumento de que en las plantillas de sus empresas conviven sensibilidades muy diferentes. Es cierto que familias como Carulla o Raventós han dado un paso atrás frente al independentismos, pero otras como Rodés, Planas (dueños de Fluidra), Grifols, Roures o su socio, Tatxo Benet, siguen soportando con su actitud y sus medias palabras un movimiento que no puede conducir más que al empobrecimiento de la sociedad, a costa de su enriquecimiento.

Un flaco favor para los catalanes, porque mientras no se denuncien con claridad las mentiras de los independentistas, el riesgo de salida de inversiones o de que se paralicen las que ya están en marcha es elevado.

En este sentido, es significativo el silencio en el que se han sumido los conductores ideológicos del procés, como Andreu Mas-Colell, el profesor Sala i Marti, la exconsejera Clara Ponsatí ó los también profesores Jordi Galí, Carles Boix, Jaume Ventura y Montserrat Gibernau, que llegaron a crear un grupo de indignados contra "las mentiras sin fundamento sobre las consecuencias del independentismo" o "las afirmaciones catastróficas".

Algo comienza a cambiar, pero es necesario más voces críticas, como la de Albert Peters, presidente de los empresarios alemanes en Cataluña, para concienciar a los ciudadanos catalanes de los efectos negativos del procés.

Los peores presagios se confirmaron también en el caso de Abertis. Una de las grandes empresas españolas que acabará desguazada. El empeño del ministro de Energía, Álvaro Nadal, por evitar que se reprodujera el caso de Endesa, que fue vendida a un grupo italiano y luego dividida en dos, se volverá a repetir.

Atlantia optó por abrir negociaciones con el grupo español ACS para plantear una opa conjunta, después de que recibiera presiones y pactara con el Gobierno para deshacerse de los autopistas españolas, según sus dirigentes. El ministro Nadal, al que apuntan todas las miradas tras negarse a autorizar la operación de los italianos, dice que él no ha sido.

-"Yo sólo puse condiciones para la venta de Hispasat", afirmó ayer a elEconomista. "Me enteré por la prensa, las autopistas no son lo mío".

El error que ha acabado con una de las joyas del Ibex proviene de la decisión de no re-novar las concesiones de Aumar y Ace-sa, que vencen de aquí a 2021. El anuncio debilitó a Abertis y propició la opa de italiana. Para enmendarlo, se intentó buscar una so-lución a la española, es decir, una compañía nacional que plantara cara a la italiana. El problema era que no había empresas capaces de reunir los más de 18.000 millones del precio de Abertis.

El presidente de ACS, Florentino Pérez, salvador de la patria ya en otras ocasiones, se prestó para hacer el favor al Gobierno. Como la cantidad necesaria casi duplicaba el valor de la propia ACS, recurrió a Hochtief, la filial más saneada del grupo y con el marchamo de ser germana, una garantía para cualquier entidad financiera.

Hechas las consultas necesarias, el Gobierno se mostró dispuesto a tragarse el pequeño sapo de que Abertis cayera en manos de una empresa... alemana. Al fin y al cabo, la matriz es española. Además, todo valía con tal de que no se fuera a la dichosa Italia.

Atlantia contraatacó, ofreciendo mantener la sede en nuestro país y su cotización en el Ibex. Pero no fue suficiente. El Gobierno, Nadal sobre todo, insistía en poner a salvo los activos españoles, ya que las autopistas son concesiones públicas. Los italianos, entonces, se mostraron dispuestos a desprenderse de la parte hispana. El negocio nacional representa una cuarta parte. Lo magro está fuera, en Francia e Iberoamérica.

Pérez vio el cielo abierto. Una jugada redonda, al alcance solo de los astros del club merengue que preside. No tiene que endeudarse de forma estratosferica y, además, logra de golpe la red privada de autopistas del Estado. Solo tenía que alcanzar un acuerdo con Atlantia. Eso sí, antes volvió a consultar al Gobierno para que las concesiones vuelvan a salir a concurso cuando venzan. ACS estará entonces en condiciones preferentes para renovarlas. Su buena disponibilidad para echar una mano al Gobierno de turno siempre tiene premio.

Para más Inri, Ma- riano Rajoy tendrá que renunciar al sueño que acarició en su día la exministra de Fomento, Ana Pastor, de liberar las autopistas de peaje catalanas para acallar las críticas de sus ciudadanos y con razón. La mayoría de la red de autovías del Estado es gratuita.

En definitiva, perdemos una de las grandes empresas, que tras- ladará parte de su sede y de su empleo fuera.

Algunos insinúan que todo partió de una vendetta oficial contra el grupo La Caixa. Pero eso sería ir demasiado lejos. ¡Con lo fácil que hubiera sido volver a licitar las concesiones!, que es al fin y al cabo lo que se acabará haciendo.

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