Opinión

Sin respuestas a la falta de 'chips'

La UE no ha puesto remedio a la dependencia de su industria del automóvil de los chips coreanos y taiwaneses

Pese al avance de la recuperación económica, existe todavía un problema heredado de 2020 que mantiene aún plena vigencia: la escasez a escala global de microprocesadores, unos componentes vitales para el funcionamiento de todo coche moderno.

La perspectiva de que el desabastecimiento se solucionara en la segunda mitad de este año se desvanece; en consecuencia, la industria del automóvil se enfrenta a unas costes superiores a los 92.000 millones por este motivo. No será el único perjuicio, ya que hay que considerar también el retroceso de la producción de vehículos y la subida de sus precios en un momento en el que el IPC vuelve a registrar máximos en ambas orillas del Atlántico. Todas ellas son las indeseadas consecuencias del duopolio de facto que existe en el mercado mundial de chips desde hace años. No en vano sólo existen dos productores de peso, Corea del Sur y Taiwán, con una participación menor de Japón y China. El modo en que este último gigante acapara estos componentes para su propia industria electrónica, sumado al atasco que sufren varios de sus principales puertos (lo que dificulta todavía más la exportaciones provenientes de todo el Sudeste asiático), impiden que esta crisis pueda tener un rápido final.

La dependencia europea de la exportación asiática de microprocesadores es una rémora para el sector del automóvil

Sin embargo, ni ahora ni en años anteriores ha existido un plan de la UE para paliar esta peligrosa dependencia de su industria automovilística respecto a Asia. Ni siquiera ahora, ante la próxima liberación de los fondos comunitarios anti-crisis, se ha situado entre sus prioridades la creación de una industria auxiliar básica de este tipo en Europa. Sigue así desatendida una vulnerabilidad tan grave por sus efectos en un sector fundamental para economías como la española.

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