Opinión

Excesiva politización de empresas

El fenómeno de las puertas giratorias no se detiene

El número de expolíticos, de todo signo, que ocupan puestos en el consejo de administración de empresas públicas o participadas por el Estado, asciende ya a la treintena. El fenómeno está muy lejos de remitir en los últimos tiempos.

Un ejemplo lo ofrece la cotizada Enagás, en la que el Estado cuenta con una presencia equivalente al 5% a través de la Sepi. Hace apenas un año se incorporaron a la firma dos exaltos cargos socialistas (José Blanco y José Montilla), junto a Cristóbal Gallego, procedente de Podemos, de modo que la mitad de sus consejeros eran ya expolíticos, un muy alto número incluso para un sector semi-regulado. Se trata de casos que encajarían a la perfección en la práctica de las llamadas puertas giratorias que el partido morado criticaba, antes de acceder al Gobierno, con elevada intensidad. Ese discurso de Podemos, no obstante, continúa siendo tan indefendible entonces como ahora. Resulta demagógico condenar por principio el acceso al sector privado de las personas que han desempeñado un cargo público, una vez cumplidas las exigencias que marca la normativa de incompatibilidades. Si se alcanzara ese extremo, lo único que se lograría es imposibilitar la captación de gestores de talento por parte de las Administraciones. Ahora bien, lo que sí cabe cuestionar es la indudable politización que supone la reiteración de fichajes promovidos por instituciones ligadas al Gobierno, especialmente la Sepi en los últimos tiempos.

El acceso reiterado de expolíticos a los consejos de firmas públicas o semi-públicas en nada beneficia a estas empresas

La situación es especialmente negativa considerando que, en varios casos, estos nombramientos benefician a personas que nada aportarán desde el punto de vista técnico a esas empresas, ya que suelen carecer de formación en esos sectores. Su única función se resume así en ejercer influencias políticas.

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