Opinión

El BCE consume toda su munición

La presidenta del BCE Christine Lagarde

La última reunión en 2020 del Consejo de Gobierno del BCE cubrió plenamente las expectativas del mercado. Su ya cuantioso programa de compras masivas de deuda, para responder a la crisis del Covid, se expande tanto en cuantía (medio billón más) como en plazo (adquirirá nuevos activos hasta marzo 2022 y recomprará la deuda vencida hasta finales de 2023).

 El impacto de estas medidas en la renta fija evidencia hasta qué punto son históricas. El bono español a 10 años entró en negativo en el mercado primario, mientras que en el secundario su cupón es nulo. Sin embargo, todos estas decisiones fueron acogidas con descensos en las bolsas europeas. Hay varios factores que explican ese comportamiento, aparentemente ilógico. Las caídas fueron intensas para los bancos, un sector en el que la prolongación de las líneas TLTRO (también anunciada) ya no supone un alivio real. Las entidades llevan años anegadas en la liquidez que les suministra ese programa sin poder darle salida con suficiente rapidez a través de créditos. Por ello, el BCE les seguirá penalizando mediante la tasa de depósito (que sigue en el 0,5% negativo). Pero más preocupante resulta el pesimismo que aflora en las previsiones económicas del propio banco central. El refuerzo de sus estímulos no impedirá que la recuperación de la eurozona sea más débil en 2021, ya que el avance del 5% esperado tras el verano se queda ahora en un 3,9%. Es más, Fráncfort reconoce que resultará imposible lograr su objetivo de inflación todavía en 2023.

Pese al histórico refuerzo de sus estímulos, el pesimismo domina en sus expectativas de crecimiento y de inflación

La institución reconoce así, implícitamente, que ha agotado toda su munición frente a la actual crisis y que ahora todo está manos de las reformas y los estímulos que los Estados puedan desplegar.

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