Opinión

Hacia una crisis más profunda

Imagen exterior de la bolsa de Madrid

A punto de terminar 2020 el Ibex está en condiciones de conseguir un hito que, en el inicio de la crisis, parecía quimérico: salvar el beneficio neto. Las previsiones más factibles estiman que el selectivo cerrará el ejercicio con unos números rojos de sólo 115 millones, toda una victoria en un contexto como el actual.

 A pesar de ser un logro meritorio, resultaría infundado tomarlo como anticipo de una mejoría generalizada. Muy al contrario, se debe a factores muy localizados, de carácter sectorial, como el tirón (de hasta el 6%) que experimentan las ganancias de las grandes eléctricas, un ámbito que se encuentran en el epicentro de la inversión en renovables y otras fuerzas que impulsarán el escenario post-Covid. En consecuencia, la crisis está muy lejos de terminar para el conjunto de la economía. El mejor ejemplo de los daños, ya en gran parte irreversibles, lo ofrece el sector hostelero, que acapara el 70% de los Ertes, unos expedientes que volvieron a crecer en noviembre por segundo mes consecutivo, un fenómeno que no se veía desde la primera oleada del virus. La falta de reactivación en el mercado laboral lleva a que España sea el líder europeo en cuanto a porcentaje de población que ha visto mermados sus ingresos (un 47% frente a la media del 27% en la UE). En cuanto a las empresas, la OCDE, el FMI y el Banco de España coinciden en señalar los problemas de liquidez que amenazan a empresas hasta ahora solventes.

El Ibex logrará el hito de cerrar el año con una caída mínima del beneficio, pero eso no es un síntoma de mejora económica

Todo ello se produce en un contexto en el que la recuperación prevista para 2021 puede quedar en un pírrico avance del 5% por culpa de los efectos de la segunda oleada del Covid y el retraso en las ayudas europeas. La faceta más dura de la crisis, en términos de despidos y cierre de empresas, está aún por verse.

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