Opinión

El Fondo de Recuperación favorece una Europa más fuerte

El acuerdo supone el impulso que la UE necesitaba

El nuevo Fondo de Recuperación de la UE de 750.000 millones de euros es, en todos los sentidos, una respuesta potente al shock pandémico, que combinado con el Fondo de Garantía para empresas de la UE y Mecanismo Europeo de Estabilidad, eleva el de gasto colectivo de Europa a 1,2 billones de euros, 6,5% de su PIB. De hecho los líderes europeos, ante la crisis sanitaria y recesión más profunda desde la II Guerra Mundial, han creado un plan de rescate que puede resultar transformador.

Además es ambiciosamente verde. Hasta un tercio se canalizará a proyectos que acelerarán la transición a una economía de cero carbono.

Sobre todo, encarna la responsabilidad colectiva. Al aceptar la emisión conjunta de bonos que se pagarán con presupuesto de la UE y nuevos impuestos en la región, supone los primeros pasos hacia una mayor integración fiscal. Los mayores lazos fiscales, al basarse en una coordinación fiscal más estrecha y creación de un mercado de bonos soberanos de la euro zona digno de ese nombre, traerán estabilidad económica y política a la región y una Europa más unida tendrá un papel más influyente en la escena mundial, con repercusiones para inversores en bonos y acciones.

Una Unión más estable y un mercado de bonos más profundo impulsarán al euro

Hay que tener en cuenta que una cuarta parte de los bonos soberanos y supranacionales europeos tiene calificación crediticia triple "A" y el programa de recuperación puede aumentar este volumen a 1,4 billones de euros. Los bonos soberanos de más riesgo pueden convertirse en inversiones más sólidas y los del gobierno del sur de Europa en básicas para un círculo más amplio de inversores. Una Europa más estable y mercado de bonos más profundo traerán beneficios significativos para el euro, que desde su creación en 1999 ha vivido a la sombra del dólar. Así, la emisión de bonos paneuropeos triple "A" debe aumentar el atractivo del euro entre inversores internacionales y bancos centrales.

Por su parte las acciones europeas han cotizado los últimos 20 años con fuerte descuento respecto a las estadounidenses. Incluso durante la crisis financiera de 2008 la prima de las acciones de EEUU seguía siendo 20% superior. Esta brecha refleja que EEUU es hogar de un número mucho mayor de empresas de rápido crecimiento orientadas a tecnología y rentabilidad es superior debido a regímenes fiscales y reglamentarios más suaves y mayor rentabilidad sobre recursos propios. A ello se añade que las valoraciones de las acciones europeas han descontado riesgo de ruptura de la euro zona la última década.

El Covid pone de manifiesto que la economía de la UE depende en exceso de las exportaciones

Pero el fondo de recuperación de la UE puede reducir estas disparidades. Al canalizar inversión a sectores "verdes" orientados a tecnología, puede revitalizar empresas de la nueva economía en Europa.

Las empresas europeas ya hacen avances considerables en renovables, infraestructuras de ciudades inteligentes y eficiencia energética y con la inversión pública y privada adicional la región puede convertirse en líder mundial en estas y otras industrias medioambientales. Con el tiempo los inversores orientados a crecimiento, tradicionalmente atraídos por EEUU, pueden ver en las acciones europeas una alternativa viable. Si Europa logra una cultura corporativa más en sintonía con las necesidades del medio ambiente sus acciones pueden cotizar con prima considerable. Ya tienen mejores puntuaciones en factores medioambientales, sociales y de gobernanza, ASG y un número creciente de estudios muestran que ello está correlacionado positivamente con la rentabilidad de las acciones. Además la coordinación fiscal reduce drásticamente la probabilidad de que la euro zona se rompa, lo que debe reducir el "riesgo político" implícito en las acciones europeas.

Sin embargo la resistencia sigue fuerte, especialmente por Países Bajos, Suecia, Dinamarca y Austria, los "cuatro frugales" y no se pueden descartar largas disputas políticas y retrasos en los gastos. Más aún, las dificultades de la periferia tardarán años en superarse. Según el Centro de Política Europea el PIB per cápita de Alemania ha aumentado 10% con la adhesión al euro mientras que Portugal, Italia, Grecia y Francia han sufrido disminución del 20 al 35 %. Ahora los "cuatro frugales" exigirán un escrutinio constante de cómo se gasta el dinero y los beneficiarios pueden esperar tolerancia cero si no respaldan las reformas.

Pero con el respaldo inequívoco de Alemania y Francia, existe la posibilidad de que Europa surja de la pandemia con fundamentales políticos y económicos más firmes.

En concreto el fondo de recuperación puede abordar uno de los problemas más persistentes de Europa: el mantenimiento de infraestructuras. Según el Banco Europeo de Inversiones la inversión en carreteras, ferrocarriles, redes de telecomunicaciones y otros activos físicos se sitúa en 1,6% del PIB en la región, el nivel más bajo en 15 años. Desde la crisis de deuda soberana de la euro zona de 2008 los países con grandes cargas de deuda, como Italia, están sometidos a considerables presiones para reducir déficits, en su mayoría logrado reduciendo inversión del sector público. De 2008 a 2013 las tasas de inversión en Italia y España cayeron 3% y 6% y la tasa media anual de inversión de la euro zona a la mitad, afectando a la demanda interna y al crecimiento.

Pero el fondo de recuperación no agota a las economías más débiles con más deuda y puede revertir esta disminución de inversión y aumentar la productividad. De hecho pone a Europa camino de reformas más profundas. Puede servir de estímulo para la plena integración de los mercados de capitales y creación de una unión bancaria y hace más probable un sistema de garantía de depósitos para el bloque, con armonización de la insolvencia. Además puede revitalizar los esfuerzos para reestructurar la economía de la UE que, como Covid-19 ha puesto de manifiesto, depende excesivamente de las exportaciones, estimulando la demanda interna mediante medidas como la renta básica universal o seguridad social en el bloque, reducción del impuesto de la renta, aumento de gravámenes a la riqueza, recortes de IVA y transferencias directas a hogares de bajos ingresos. El reequilibrio también requiere inversión pública mejor orientada a la infraestructura digital y el fondo de recuperación contiene provisiones al respecto. Debe incluir gasto para mejorar la conectividad y fortalecer la presencia de Europa en las cadenas de valor digitales, inteligencia artificial, ciberseguridad, infraestructura de datos y la nube, redes 5G, computación cuántica y transformación blockchain.

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