Opinión

El baile de los números

El autor estima que esta pandemia no tendrá coste político para ningún miembro del Gobierno

Creo que las improvisaciones y gruesos errores cometidos por el Gobierno, que han conseguido que España encabece el ranking de letalidad del virus chino, no se van a cobrar su coste político.

Falta de instrumentos defensivos para los sanitarios, ausencia de test o pruebas, criminal abandono de las residencias de viejos, permisividad absoluta para reuniones masivas con el virus ya dentro (¿algún día pagarán las "organizadoras" y sus amigos del Gobierno tamaño disparate?). A propósito de esto, los economistas Luis Orea e Inmaculada C. Álvarez publicaron el 13 de abril un documento sobre la efectividad del confinamiento decretado por el Gobierno en cual la principal conclusión era que el número de contagiados se hubiese reducido en un 62,3% si las medidas de contención se hubieran adelantado. Si Pedro Sánchez hubiera avanzado las medidas del estado de alarma al día 7 de marzo, el 4 de abril las muertes por coronavirus en España hubieran sido 4.542, es decir, 7.506 menos de las que se produjeron.

Los errores del Gobierno durante esta crisis sanitaria no tendrán coste político

Las responsabilidades políticas se parecen cada vez más a la lotería: al que le toca, le toca. En efecto, después de dos días de ser objeto de mofa nacional e internacional por sugerir estrafalarias teorías para combatir el virus (por ejemplo, inyectarse lejía) las palabras de Trump, dichas con más de 50.000 muertos en EEUU por el Covid-19 y el mayor parón económico en cien años, ¿alguien cree, de verdad, que esas barbaridades le van a pasar la cuenta en las elecciones del próximo noviembre? Yo, desde luego, no lo creo.

Me temo que todo ello se olvidará como se olvidó la transfusión de sangre que mató a Manolete en agosto de 1947 en la plaza de toros de Linares.

Las consecuencias de tanto desnorte español se han hecho visibles a través de los datos que se han venido suministrando respecto a los contagios y las muertes que ha traído consigo el maldito bicho.

Como estadístico que soy he de decir que los infectados no se deben contabilizar como se ha hecho. Pero lo más llamativo de todo son los datos de muertos por el virus que ha venido dando por buenos el Gobierno anunciando cada día la inminente llegada a la cumbre de la famosa curva, cuando lo más sencillo y eficaz hubiera sido tomar el número total de fallecidos que suministran los registros civiles y a la vez calcular mediante estimaciones fiables los muertos teóricos partiendo de los fallecimientos que hubo en esas fechas durante 2019.

Es verdad que en Madrid sólo funcionan los registros de fallecimientos informatizados para el 81% de la población, pero, con esa dificultad incluida y una vez realizados los cálculos pertinentes, es a partir del 7 de marzo cuando los muertos reales empezaron a superar al número de muertos esperados sin el virus y a partir del 31 de marzo la diferencia entre los muertos reales y los "teóricos" sin virus comenzó a disminuir.

Según un trabajo realizado por el Estadístico Superior del Estado Francisco Melis, de no producirse un repunte, a partir del 10 de mayo la sobremortalidad causada por el virus habrá desaparecido de España. Ojalá que así sea.

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