Opinión

Romper el maya

La epidemia deja clara la importancia que lo público siempre debe tener

Para el hinduismo, el ser humano está envuelto y atrapado en un mundo ilusorio y fantástico en el que la realidad queda oculta y velada por un estado de ánimo y de falta de consciencia denominado maya. Los griegos distinguían entre la episteme y la doxa. El primer vocablo hace referencia al saber científico y sólido que es buscado intencionadamente; el segundo significa opinión, es decir el saber que tenemos sin haberlo buscado y es transmitido por la tradición, las relaciones sociales, los credos religiosos, las ideologías políticas y -muy especialmente en esta época- los medios de comunicación de masas y el uso masivo y frecuente de la red. El problema de nuestros tiempos radica en que la doxa suplanta y sustituye a la episteme y el maya deviene en verdad oficial, verdad estadística, verdad económica, verdad cultural, verdad política, verdad científica y verdad jurídica. Toda una contrarrevolución copernicana; el mundo al revés.

El coronavirus ha rasgado el velo del maya y ha permitido atisbar los pies de barro del ídolo neoliberal y la realidad que su discurso y sus valores mistificaba. La UE, presentada como garantía de cohesión económica y social ofrecida en la década de los años noventa del pasado siglo, aparece ahora como lo que ha sido siempre: una moneda única y poco más. Que cada cual luche contra el virus como pueda; todo lo más se le permite endeudarse sin el aval solidario del conjunto. Las víctimas del paro, la precariedad, los recortes y las privatizaciones en aras de las macrocifras y de los intereses oligárquicos, aparecen ahora como la base fundamental e insustituible de la sociedad: trabajadores y funcionarios de los servicios públicos, de la agricultura, la ganadería, la alimentación, del reparto de mercancías vitales, de la información a pie de calle, del transporte, de la construcción, de la investigación, de la cultura y -en fin- de todo aquello útil, indispensable y valioso que permite la existencia de una sociedad. Desde esta base y solo para ella, tanto el derecho como la Política, tienen su razón de ser y ejercer. Esta es la única Patria por la que luchar y la única evidente cuando se rompe el maya de la alienación, la aculturación y la enajenación consumista, castiza y cutre.

La sociedad que aplaude a las ocho de la tarde no se merecen una atmósfera de odio

Los poderes económicos, sociales, políticos y culturales hoy existentes han ido tejiendo el maya de la superioridad de lo privado sobre lo público, del debilitamiento del Estado, del vaciamiento del Derecho Tuitivo, de la casi eliminación en la esfera educativa de las materias que ayudan a conformar una mente crítica y, sobre todo, a desterrar la esperanza. Pero esos poderes ya han captado que el velo se ha rasgado y que la realidad ha aparecido brutalmente. Y, en consecuencia, ya han empezado a preparar la reparación del velo que encanta los sentidos y mata la evidencia. En pleno dolor e inquietud, los sicarios (conscientes o inconscientes) de la sinrazón, la consigna ultramontana y las actitudes trabucaires, lanzan a través de la red y medios afines, esputos de odio y difamación con los que intentan imponer su arcaica doxa en detrimento de la memoria más reciente y también de la más lejana.

Los que aplaudimos todos estos días cuando dan las ocho de la tarde no se merecen una atmósfera de odio en medio de tanto dolor. Hay una tarea para las personas críticas, pero enemigas de la superchería: combatir esa miseria en todos los frentes, lugares y medios a nuestro alcance. Hagamos imposible que el maya se recomponga.

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