Opinión

El grave error del gobierno al identificar comida con basura

  • Asegurar que hay productos "insanos" puede tener un efecto muy perjudicial en la sociedad
El Ministro de Consumo, Alberto Garzón, junto a Pablo Iglesias

El Gobierno quiere regular lo que comen los españoles y plantar cara a la obesidad con más impuestos. El nuevo ministro de Consumo, Alberto Garzón, está dispuesto así a duplicar el IVA a los alimentos que considere "insanos", con un incremento del tipo de gravamen del 10% al 21%. Podemos lo llevaba en su programa y el PSOE lo ha aceptado. "Reduciremos el impacto de la comida basura al establecer obligaciones claras en el etiquetado, que deberá reflejar la calidad de los productos conforme al modelo del semáforo nutricional, así como una revisión de la fiscalidad de los alimentos ultra procesados o ricos en grasas y azúcares. Además, se impulsará que la compra pública de alimentos para comedores escolares o de hospitales sea un modelo de calidad de cercanía", aseguraban.

Pero, ¿se puede hablar de comida basura? Expertos en nutrición, en trastornos de la alimentación, como la anorexia o la bulimia, y, por supuesto, la propia industria, alertan de que la identificación de la comida con basura es un grave error. Al hacerlo, se lanza un mensaje, sobre todo entre los más jóvenes, más vulnerables a este tipo de mensajes, de que hay alimentos buenos y malos, de que hay cosas que se pueden comer y cosas que no. La pregunta es, ¿si hay alimentos malos por qué están en los lineales de los supermercados? Dicen que pretenden luchar contra la obesidad, pero el problema es que generan otro tipo de problemas y además no obtienen el resultado previsto. La mayoría de los alimentos paga un IVA del 10%, aunque hay productos de primera necesidad, que tributan con un tipo superreducido del 4%.

Lo que quiere el Ejecutivo

Es el caso, por ejemplo, del pan, las harinas panificables, la leche, los quesos, los huevos, frutas, verduras, hortalizas, legumbres, tubérculos y cereales, entre otros. En el documento de acuerdo programático aprobado por el PSOE y Podemos para la formación del Gobierno de coalición se hablaba de "comida basura" y de "ultraprocesados", pero estos dos partidos no especificaban a qué se refieren con ello en concreto, por lo que la incertidumbre en la industria agroalimentaria española es máxima.

El Ministerio de Sanidad, de hecho, lleva un año trabajando en la implantación del semáforo nutricional, que exigirá integrar en las etiquetas un código de colores y letras para distinguir los alimentos sanos de los que no lo son. Así, el verde será para los más saludables y el rojo para los menos recomendados. El problema de fondo es que esto puede acabar con un rojo, por ejemplo, en productos que además de ser saludables, como el jamón ibérico de bellota, constituyen una parte fundamental de nuestra gastronomía.

Señalar con un rojo al jamón sienta un predecente muy peligroso, que puede acabar incluso con muchos jóvenes rechazando el consumo de carne, algo que ya está pasando de forma alarmante. Al igual que se rechaza la leche y los productos lácteos o incluso el aceite de oliva. Separar alimentos saludables de alimentos supuestamente malos no hará sino generar un grave problema de nutrición en la sociedad y no dará una respuesta adecuada a la obesidad, si realmente es eso lo que se pretende y no recaudar más, que es lo que parece que realmente se busca.

Recaudación

El pasado mes de octubre, el pleno del Parlament de Cataluña aprobó ya, a propuesta de los comunes, instar al Govern a que pidiera al Ejecutivo central que estudiara aplicar un IVA del 21% a los alimentos "insanos" y bajar el de los "saludables" al IVA superreducido. Aunque otra posibilidad sería la de un impuesto específico, tal y como se hizo ya en Cataluña con el azúcar, parece, sin embargo, un camino a priori mucho más complicado. Sobre todo, después de que el pasado julio el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña admitiera el recurso presentado por las patronales de la distribución, el comercio y la alimentación, declarando la nulidad de la tasa por una tramitación deficiente.

Frente a esta subida de la fiscalidad, es cierto también que el programa de Unidas Podemos apostaba por bajar el IVA al 4%, la tasa superreducida, a un mayor número de alimentos y bebidas no alcohólicas, citando en concreto a "los frescos y saludables". En relación a una posible subida de impuestos a algunos alimentos, con el argumento de mejorar la salud pública, desde la patronal Fiab manifiestan que "los términos comida y basura son incompatibles" y que "no hay evidencia científica de que ese tipo de medidas sean eficaces, ya que desde la fiscalidad no se cambian hábitos y comportamientos". Tienen razón, pero el Gobierno no parece dispuesto a escuchar.

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