Opinión

Inteligencia y conectividad

Existen aliados que pueden ofrecer soluciones innovadoras

Si nos parásemos un momento a pensar en el futuro de la movilidad, podríamos concluir que resulta algo paradójico.

Las cifras de crecimiento de la población urbana a nivel mundial, especialmente en algunas ciudades, parecen llevarnos a un escenario distópico, en el que masas de personas y automóviles copan los espacios públicos de una manera caótica, sin la posibilidad de avanzar, convirtiendo la circulación urbana en una auténtica jungla. Y es que, si tenemos en cuenta las últimas estimaciones para los próximos años, no estaríamos muy alejados de la realidad.

Según Naciones Unidas, alrededor de un 90 por ciento de la población española vivirá en ciudades para 2050 y un tercio de esta concentración se ubicará en Madrid y Barcelona. Imaginemos lo que esto supondrá en la movilidad urbana, especialmente si continúan los patrones actuales de desplazamiento que priman al vehículo privado. Y es que no es necesario avanzar 30 años para encontrarnos con situaciones de caos circulatorio en nuestras ciudades. Según el Tom Tom Index, en Barcelona y Madrid un usuario medio de vehículo particular ha de invertir en torno a 17 minutos extra por viaje en desplazarse más allá de lo que podría considerarse como un flujo normal de circulación y ambas presentan unos índices de congestión de entorno a un 25 por ciento por encima de lo que podrían considerarse unos niveles aceptables de flujo de tráfico.

Afortunadamente, existen ya una serie de aliados que, sorprendentemente, pueden ofrecer soluciones innovadoras para una gestión de los flujos de circulación óptima, 100 por ciento sostenible a futuro y radicalmente rompedora en su planteamiento. Según Transport and Enviroment, en su informe Less (cars) is more, con un nuevo planteamiento de movilidad urbana a través de la digitalización, los kilómetros recorridos por automóviles pueden reducirse en un 60 por ciento, eliminando a su vez en un 22 por ciento el uso de automóviles en el ámbito urbano y aun así pudiendo incrementar el número de usuarios en un 10 por ciento.

Pensemos en los semáforos, en las vías de tren, en las estaciones de metro, en las cámaras de control de tráfico o en los propios vehículos. Fijémonos en la cantidad de información que fluye a su alrededor y que es crucial para el desarrollo de la circulación de una ciudad. Ahora, imaginemos que pudiésemos dotarles de herramientas para que esa información se convierta en datos que puedan ser almacenados y posteriormente transmitidos a centros que los sinteticen y nos ofrezcan a ojo de halcón todos los desplazamientos que ocurren en una ciudad en tiempo real y no solo eso, sino que además nos permitan tomar las medidas necesarias para corregir cualquier situación que pueda afectar al normal desarrollo del tráfico de una urbe.

Nos encontramos sin duda alguna frente a una realidad tangible. Estas herramientas ya existen. La digitalización y las tecnologías TICs unidas a la sensorización permiten obtener datos en tiempo real que, tras su posterior tratamiento, posibilitan tomar decisiones precisas a la hora de gestionar el tráfico de las ciudades, todo ello consiguiendo un alto grado de fiabilidad a través de la implementación de las medidas necesarias para aportar seguridad a este tráfico de datos y evitar episodios que la amenacen y que puedan suponer un peligro para la vida o la integridad física en el ámbito de la movilidad, por ejemplo, en el caso de los vehículos autónomos.

La nueva movilidad permitirá obtener flujos de circulación óptimos en las grandes ciudades

Además, esta visión transciende la gestión de las infraestructuras. A través de estas tecnologías, cada vehículo se puede convertir en un pequeño centro de toma de decisiones de manera independiente. Es la realidad en desarrollo de la conducción autónoma y conectada. Trenes, tranvías y autobuses con una inteligencia construida a base de ingentes cantidades de datos, perfectamente organizados, que además se pueden comunicar entre ellos superponiendo toda la información que detectan en su entorno.

Nos encontramos por tanto en una revolución en marcha con la capacidad de transformar de raíz los patrones de desplazamiento actuales. Y en este escenario, el transporte público, debido a su capacidad para ser usado como alternativa de uso intensivo, se ha de consolidar como espina dorsal del nuevo modelo de movilidad urbana.

Por ejemplo, un sistema público ferroviario inteligente, como destacó Sabrina Soussan, CEO de Siemens Mobility en el pasado Web Summit de Lisboa, posee un inmenso potencial a la hora de hacer más sostenibles los desplazamientos urbanos, incrementando hasta un 30 por ciento su capacidad. Trenes con conducción autónoma como los de las línea 9 de Metro de Barcelona, que tiene una capacidad de transporte diario de 300.000 pasajeros, tranvías autónomos como los que se están probando en Postdam en Alemania, que a través de la IA son capaces de percibir y analizar su entorno, adaptándose a los diferentes factores y circunstancias momentáneas para ofrecer un servicio óptimo de movilidad, sin pasar por alto el potencial de sistemas públicos de tráfico rodado, como los autobuses autónomos en pruebas de la ciudad de Seedstadt Aspern en Austria, conectados a infraestructuras inteligentes y a centros inteligentes de control de tráfico. Todos ellos son ejemplos de cómo el transporte público, junto con las nuevas alternativas privadas de sharing, suponen el pilar básico de una movilidad más fluida, sostenible, fiable y adaptada al usuario que permite superar un modelo anticuado y poco compatible con lo que ha de ser el concepto de movilidad futura.

He hecho referencia a la palabra jungla y sí, realmente nuestras ciudades tienen la posibilidad de identificarse con todos los elementos que conforman la connotación negativa de la palabra, pero la tecnología para cambiar esta idea es ya una realidad y la posibilidad de que juntos, actores públicos y privados, instituciones, empresas y centros de investigación aborden la transición hacia un nuevo ecosistema en que cada elemento de la ciudad sea un factor clave que contribuya a su sostenibilidad no es una entelequia. Hemos de ser conscientes que tenemos ya en nuestras manos las herramientas para moldear el futuro de la movilidad.

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