Opinión

Claves Económicas para la Industria Española

Trabajadores industria española

Recientemente, el Consejo General de la Ingeniería Técnica Industrial de España (COGITI) presentó su habitual Barómetro Industrial, correspondiente a 2019 y en cuya edición contó, en esta ocasión, con la colaboración del Consejo General de Economistas de España (CGE) a través del informe Una perspectiva económica de la situación de la industria en España.

Los resultados, por otra parte esperados, tienen un alto valor representativo, pues la encuesta realizada entre todos los colegios a nivel nacional fue contestada por 3.299 colegiados -no sé cuántas encuestas se harán con este nivel de respuestas para otros ámbitos-. Además, estos resultados deberían incorporarse a la agenda reformista de los responsables de diseñar políticas industriales para los próximos años.

En el ámbito del análisis económico, el titular es claro y no es otro que el sector industrial ha perdido peso en el total del PIB español. En efecto, el total de la industria en el PIB español en el año 2000 era del 18,7 por ciento y en el 2018 del 16 por ciento; datos que se acentúan en el caso de la industria manufacturera, que ha pasado del 16,2 al 12,6 por ciento en el mismo periodo y su Valor Añadido Bruto (VAB) bajó del 17,8 por ciento en el año 2000 al 14 por ciento en 2018. Está claro que algo hay que hacer. La economía española, por su importancia y peso a nivel europeo, se merece, y puede, tener un sector industrial con mayor aportación al desarrollo económico.

España, en este análisis realizado, se muestra como la quinta nación europea en cuanto a volumen de facturación del sector industrial, número de empresas y VAB en el sector, pero resaltando que, en este último registro, la distancia en porcentaje con tres de los cuatro países que le preceden es de prácticamente el doble, y mayor distancia con respecto al primero.

En mi opinión, estos datos nos reafirman que podemos seguir aspirando a subir escalones que nos permitan alcanzar ese peso deseado de al menos el 20 por ciento del PIB, tenemos las empresas -prácticamente mismo número que algunos de los países europeos con mayor tradición industrial, cierto que de un menor tamaño- y tenemos las palancas a activar para seguir creciendo en valor añadido y facturación. ¿De qué depende que esto sea así?.

Para contestar a esta pregunta, y basándome en los documentos citados al inicio de esta columna, destacaría que se hace muy necesaria toda una reconversión estratégica industrial que potencie en cada Comunidad Autónoma, dentro de un gran pacto estatal, aquello que en esa comunidad aporte mayor valor añadido, abriendo el mercado y mirando hacia el exterior, y todo ello dentro de un marco impulsor de propuestas, programas y acciones que favorezcan una real -que no teórica- unidad de mercado, es decir hace falta convertir la unidad de mercado en estructural de una vez por todas. En efecto, sobre este campo queda mucho recorrido.

Si comprobamos la contribución del PIB industrial al total de cada una de las Comunidades Autónomas, se observa que algunas de las mismas presentarían una contribución del total del sector industrial al PIB regional por encima de lo que se produce a nivel nacional (16 por ciento); pero, viéndolo con mayor detalle, se aprecia que cinco de las 17 Comunidades Autónomas presentan una contribución inferior a la registrada a nivel nacional, seis de las 17, una contribución prácticamente idéntica a la nacional, y únicamente seis superan sensiblemente el porcentaje de contribución recogido por el conjunto de la economía nacional y además se encuentran por encima del umbral del 20 por ciento establecido por la Unión Europea como deseado.

Se debe llegar a un pacto estatal que potencie el desarrollo del sector industrial

Si a esto unimos que la aportación del PIB industrial de cada CCAA al PIB industrial nacional se acerca, en general, al peso que cada economía regional tiene en el PIB nacional, aunque con algunas oscilaciones -aunque en muchas de ellas el peso del porcentaje industrial es mayor al general-, nos confirmaría que si realmente incidiéramos en la especialización comentada y unidad de mercado, esos porcentajes variarían en sentido positivo.

Además de lo citado, no deberíamos dejar de seguir apostando por decisiones estructurales y de largo recorrido, pensando más en el mañana que en el hoy, y en tres ámbitos muy decisivos que aunque no sería justo decir que no se ha avanzado aún no hemos terminado de resolverlos en la forma eficiente que nos merecemos y para la que sin duda estamos preparados.

Sigue pendiente un acceso a la energía a un coste que sea verdaderamente competitivo

Me refiero al energético -la industria necesita una energía 100 por ciento accesible y a un coste competitivo-, el logístico y el de las infraestructuras, pilares fundamentales y que son marcados como factores claves en el análisis de todas las zonas industriales de éxito alrededor del mundo.

Por el lado del ámbito sociológico, es decir desde las respuestas dadas por los más de 3.200 profesionales que contestaron y que día a día están contribuyendo con su trabajo al desarrollo real del sector, destacaría que han sido muy claros en los puntos o palancas clave sobre los que hay mucho recorrido y se debe trabajar. El primero de ellos estaría en relación a la denominada industria 4.0, donde ponen de manifiesto que sigue siendo una asignatura pendiente, tan solo un 22,6 por ciento indica que en su empresa está de forma activa desarrollando planes en este sentido. En segundo lugar, la educación, donde un elevado 82 por ciento de los encuestados indica que el modelo educativo actual no fomenta las vocaciones técnico-científicas y es necesario adaptarlo a las necesidades reales del sector.

Por lo que respecta a la tan traída transición energética, el 93 por ciento de ellos considera necesaria una transición hacia el uso de las fuentes renovables frente a los combustibles fósiles, aunque el 67 por ciento no cree en una España 100 por ciento renovable en un plazo de 30 años.

En relación a la transformación digital y robotización de la industria española, opinaron que efectivamente es probable que unos trabajos desaparezcan, pero habrá otras oportunidades y, en cualquier caso, la digitalización hay que mirarla más como una oportunidad que como una amenaza.

Y, por último, abrir el mercado. Estando preocupados por las señales de "guerras comerciales", el mejor antídoto para ellos sería continuar abriendo nuestro mercado y seguir creciendo a nivel internacional. En definitiva, y en sentido de la botella medio llena, "hay partido".

Todo lo indicado, y más que se puede encontrar en los dos documentos citados, nos conduciría a concluir que se hace muy necesario volver a reformular -con un enfoque de largo plazo- nuestro modelo industrial actual hacia un nuevo sistema en el que se produzca una participación mucho más efectiva de todos los agentes implicados en el sector y no únicamente de las empresas, y en el que la innovación y el conocimiento desempeñen un papel central; junto con la estructuración de un adecuado mercado único, especialización productiva, formación, digitalización positiva, decisiones estructurales en energía y logística -principalmente- y potenciar las actividades endógenas de cada territorio.

Todo lo que se aleje de estos parámetros, en opinión de cualificados actores diarios en este ámbito, parece que haría muy difícil la senda del crecimiento económico desde la aportación industrial y el objetivo del 20 por ciento a nivel nacional.

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