Opinión

La tensión en el Mar Rojo

Choque entre Irán y EEUU

Hace unos días el buque tanque iraní, Sabiti ha sido atacado en aguas del Mar Rojo con misiles de procedencia desconocida que le han causado daños en el casco y la perforación de dos depósitos principales, lo que ha provocado un vertido de petróleo de alcance aún no evaluado.

Afortunadamente no hay que lamentar víctimas y el barco, propiedad de la NIOC (National Iranian Oil Company), ha podido seguir navegando. El ataque se ha producido a la altura de Yeda, a 60 millas de la costa saudí. Hasta ahora nadie se ha hecho responsable y los iraníes lo achacan a un "ataque terrorista" cuyo posible origen no atribuyen a nadie aunque los posibles autores estén en la mente de todos. Al difundirse la noticia el precio del crudo ha subido un 2 por ciento. Hasta aquí los hechos.

Son varias las consideraciones que este hecho suscita. La primera es que que no es la primera vez que esto ocurre pues llueve sobre mojado (nunca mejor dicho) y ya en mayo cuatro petroleros (dos saudíes, uno emiratÍ y otro noruego) fueron atacados con minas cerca del puerto de Fujeirah en aguas del Golfo Pérsico. Otros incidentes han involucrado a petroleros de Irán y del Reino Unido, detenidos respectivamente en aguas de Gibraltar y de Bandar Abbas. También ha habido incidentes con drones pues uno norteamericano fue abatido tras entrar supuestamente en el espacio aéreo iraní, y una docena de drones y de misiles atacaron la refinería saudí de Abqaiq y dejaron al mundo sin el 5 por ciento del petróleo que consume a diario. Los rebeldes houthis de Yemen presumen de ser los autores de este ataque que ha puesto en evidencia a las Fuerzas Armadas del país que tiene el tercer presupuesto de Defensa del mundo, pero nadie les cree por la sofisticación del ataque, por la distancia a la que se encuentra Yemen y por la dirección desde la que llegaron los misiles. Todo apunta a Irán, que lo niega con vehemencia como es normal que haga. Lo curioso ha sido la suave respuesta de Washington que tras acusar a Teherán se ha limitado a anunciar más sanciones económicas. Donald Trump no quiere un conflicto abierto con Irán, como parecen desear Arabia Saudita e Israel... a condición de que los que luchen sean los norteamericanos. Por eso mismo debieron sentirse decepcionados cuando el mismo Trump decidió en el último momento desistir de un ataque militar sobre Irán que acababa de abatir un dron estadounidense, alegando que el precio en vidas iraníes sería muy elevado. Es interesante constatar que a lo largo de todos estos incidentes y provocaciones, todos los implicados han tenido mucho cuidado en no causar víctimas mortales que obligaran a una escalada en la respuesta y la misma tónica se ha mantenido también en este último ataque.

EEUU ha perdido la confianza de sus aliados árabes por abandonar a los kurdos

El elemento diferente esta vez ha sido el lugar, pues la costa del Mar Rojo está geográficamente lejos del escenario de los incidentes marítimos anteriores que se habían producido en las cercanías del Estrecho de Ormuz por donde pasa el 40 por ciento del crudo mundial. Irán ha advertido que si las sanciones impuestas por los Estados Unidos le impiden exportar, no dejará que otros lo hagan y en este sentido Ormuz es un cuello de botella que podría intentar estrangular con minas, al igual que podría ocurrir en el otro estrecho estratégico, el de Bab el Madeb o Puerta de las Lágrimas que une el Mar Rojo con el Océano Índico junto a las costas de sus aliados yemenitas. Lo que se ha disparado con estos ataques repetidos sobre buques-tanque es el precio de los fletes, algo sobre lo que también han incidido las sanciones norteamericanas a un naviero chino que comerciaba con Irán. El periódico The New York Times citaba el dato de que alquilar uno de esos mastodontes ha subido en los últimos dos meses desde 35.000 dólares a 170.000.

El escenario de fondo de todo cuanto ocurre tiene varios planos: el más próximo viene dibujado por la retirada norteamericana del Acuerdo Nuclear que la comunidad internacional había suscrito con Irán y que era el gran legado de la política exterior del presidente Obama, y de la consiguiente imposición de sanciones que están haciendo mucho daño a la economÍa iraní, cuyas exportaciones de petróleo se han visto reducidas drásticamente. La denuncia unilateral de este acuerdo, junto con el reciente abandono de los kurdos, que fueron los principales aliados de Washigton en la guerra contra el Estado Islámico, frente a la ambición turca de crearse una zona de seguridad en territorio sirio a lo largo de su frontera, y la misma tibia respuesta a estas alegadas provocaciones iraníes en las aguas del Golfo, han dañado muy seriamente la credibilidad y la confianza de los países de la región en los Estados Unidos como aliado fiable.

El segundo plano de este escenario tiene que ver con el enfrentamiento por la hegemonía regional que disputan Arabia Saudita, como cabeza del mundo sunnita, e Irán que lidera a los chiítas, sobre un trasfondo en el que aparecen las sombras alargadas de Turquía y de Rusia, los viejos Imperios otomano y zarista, que también aspiran a llenar el espacio que deja vacío la retirada de los EEUU de Oriente Medio. Es sobre este complejo trasfondo que incidentes como el del petrolero "Sabiti", todavía no aclarado, pueden prender la mecha de un conflicto que nadie desea y que por referirse al suministro de petróleo nos acabaría afectando a todos. La tensión crece en la zona y, como dice el refranero, ya se sabe que las armas las carga el diablo, como ocurrió en la Primera Guerra Mundial que nadie deseaba y que provocó la mayor tragedia conocida hasta la fecha por nuestro continente. La buena noticia es la contención que dentro de todo y por encima de la retórica muestran los principales actores de este drama, mientras se filtran noticias sin confirmar de que los pakistaníes y los iraquíes estarían tratando de mediar entre saudíes e iraníes para evitar males mayores. Probablemente la rivalidad entre ambos no tiene solución a corto/medio plazo pero ya sería bastante si se encuentra la manera de gestionar estos incidentes recurrentes para que no se desborden.

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