Opinión

Los depósitos, lastre para la banca

En los últimos meses, cinco bancos españoles han dejado de ofertar depósitos a sus clientes. Todo apunta a que es una tendencia que se impondrá en el conjunto del sector financiero, tanto por la conveniencia de los ahorradores como de las propias entidades.

Desde el punto de vista de los inversores, es indudable que, desde hace años, el rendimiento de estos vehículos perdió todo su atractivo debido a persistencia de los tipos de interés de la eurozona en niveles mínimos. La situación no tiene visos de cambiar, ya que el BCE baraja volver a bajarlos, hasta niveles negativos, ante el riesgo de recesión en la Unión Monetaria. Respecto a los bancos, su situación ha cambiado mucho comparada con los tiempos, previos a la crisis, en los que se embarcaban en las guerras por el pasivo.

Si las entidades siguen ofertando estos productos, están abocados a reclamar cobros a los particulares por su liquidez

Ahora no tiene sentido luchar por dotar de atractivo a sus depósitos y captar así liquidez. Ésta es ahora muy abundante, tras años de política monetaria expansiva, mientras que las necesidades del negocio bancario son cada vez menores, debido a la escasez de demanda solvente de crédito. Como resultado, el sector financiero acumula un superávit de liquidez que le sale muy caro. No en vano el BCE cobra por custodiar los excedentes de ese tipo que los bancos les confían. Seguir comercializando depósitos equivaldría a elevar esos costes hasta un punto en que tendrían que trasladarlo a los ahorradores particulares, al igual que ya ocurre con las empresas (y con los clientes institucionales de banca privada, en el caso de Bankia). El descarte de estos productos, aunque pueda doler a los inversores más conservadores, es un precio que merece la pena pagar para que el sector financiero no transgreda su propia línea roja, y acabe penalizando a la gran mayoría de sus clientes.

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