Opinión

El progresismo del Grupo de Puebla y la frustración en América Latina

El regreso del populismo, nueva fuente de riesgo para la región

El pasado 14 de julio, no sé si coincidiendo con un nuevo aniversario de la toma de la Bastilla o por pura casualidad, un grupo de personalidades progresistas, convocadas por el chileno Marco Enriquez-Ominami (MEO), sentaba las bases del Grupo de Puebla ProgresivaMente. Se trataba de generar un espacio que contrarrestara el empuje que desde algunos años tiene la "derecha neoliberal" en América Latina.

Inntentando aprovechar el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador y de su Gobierno, en México se pretendía recuperar el esplendor conquistado a comienzos del siglo XXI por el proyecto bolivariano impulsado por Hugo Chávez y bendecido por Fidel Castro. Ahora sí, con AMLO y pese al tratado de libre comercio que lo sigue uniendo a Estados Unidos, parece que México mira al sur, hacia América Latina.

En poco tiempo, el Grupo se convirtió en un referente del progresismo regional, con varios ex presidentes, ex ministros y reputados políticos, bien de pasado bolivariano o bien compañeros de ruta. Entre los primeros firmantes están Cuauhtémoc Cárdenas, el creador del PRD mexicano; Fernando Haddad, el excandidato presidencial del PT brasileño; los exministros de Exteriores ecuatoriano, Guillaume Long; argentino, Jorge Taiana; y chileno, José Miguel Insulza; junto al expresidente colombiano Ernesto Samper, viejo habitué de estas lides.

El relato del Grupo presenta cuestiones nuevas pero su 'melodía' sigue siendo la misma

Posteriormente se sumaron los expresidentes Rafael Correa (Ecuador), Lula Da Silva y Dilma Rousseff (Brasil), Fernando Lugo (Paraguay) y Leonel Fernández (República Dominicana); el exministro de Exteriores brasileño Celso Amorim y los candidatos presidenciales uruguayo, el frenteamplista Daniel Martínez, y argentino, el kirchnerista Alberto Fernández. También se unió el expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

Ni en su documento fundacional, ni en otros comunicados, como el de rechazo a cualquier intervención militar en Venezuela, hay crítica alguna al chavismo. Muchos se declaran sus orgullosos continuadores. Su documento fundacional invita "a las y los progresistas a construir un nuevo proyecto común que, aprendiendo de nuestros errores y recuperando nuestra vocación de mayorías y de gobierno, permita devolverles a nuestros pueblos la esperanza de una sociedad más justa, más solidaria, más igualitaria. Proponemos diseñar una nueva mirada, [ajustada] a los nuevos tiempos [que] convoque a todos los sectores de la sociedad a cuestionar el orden imperante, denunciando los intereses de la derecha, laboralizando la política a través de nuevos vínculos entre el mundo del trabajo y nuestros debates".

También criticaron duramente los incendios de la Amazonía y a Jair Bolsonaro. Su duro comunicado dice que "la agenda anti-ambiental de… Bolsonaro es una clara manifestación de sumisión geopolítica a la agenda regresiva del gobierno de Trump y encarna el evidente deseo de entregar el inmenso patrimonio fitogenético, zoogenético y mineral de Brasil a la búsqueda depredadora de empresas extranjeras, en detrimento del uso soberano y sustentable de sus vastos recursos ambientales y de los derechos de los pueblos indígenas en la preservación de sus culturas y de la población en general a un medio ambiente equilibrado. Este anti-ambientalismo pre-científico, irracional y entreguista… de Bolsonaro se contrapone a los grandes avances civilizatorios realizados… particularmente [por]… Lula y Dilma".

Hay quienes se preguntan si un objetivo del Grupo no es reemplazar al Foro de São Paulo que atraviesa una profunda crisis, como los proyectos de integración regional impulsados por el chavismo (Alba, Unasur y Celac). Las muertes de Hugo Chávez y Fidel Castro y la crisis económica venezolana explican en parte este comportamiento declinante.

No fue sencillo hacer coincidir inicialmente los proyectos regionales castrista y chavista. Mientras Cuba apostaba por el Foro de São Paulo, Chávez tenía sus preferencias en los Congresos Anfictiónicos Bolivarianos, con los que pretendía seguir la estela del Libertador. Finalmente se impuso el Foro, que reunía desde grupos guerrilleros como las FARC a movimientos o partidos políticos con responsabilidades de gobierno.

Hacer prevalecer la ideología sobre la política condena a la región al desencanto a la crisis económica

Hoy, el Grupo de Puebla apuesta por reforzar las posiciones progresistas gracias a sus expectativas de buenos resultados en las elecciones de Argentina, Bolivia y Uruguay. Un tres de tres, con triunfos del kirchnerismo, del Frente Amplio y la cuarta reelección de Evo Morales cubriría sus expectativas y permitiría equilibrar el "avance de la derecha". La apuesta del "progresismo" latinoamericana es clara, elevar la voz en contra de Estados Unidos y sus principales aliados en la región. Y si bien el relato incorpora cuestiones novedosas, su envoltorio musical mantiene los viejos compases de siempre y al hacer prevalecer la ideología sobre la política condena a América Latina a la frustración y al desencanto.

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