Opinión

Recarga inteligente del vehículo eléctrico, clave de la transición energética

La movilidad eléctrica es una realidad imparable, una revolución que ya está aquí y ha venido para quedarse. Durante los primeros 6 meses de 2019, se han vendido en España un 131 por ciento más de vehículos eléctricos que durante el mismo periodo de 2018. La transición energética debería situar a los usuarios de los vehículos eléctricos como verdaderos protagonistas. El nuevo marco regulatorio europeo persigue precisamente ese objetivo: poner en el centro del mercado eléctrico a los consumidores finales, cumpliendo a la vez los objetivos de descarbonización de la economía recogidos en el Acuerdo de París. La recarga inteligente del vehículo eléctrico se presenta como una gran oportunidad para lograr ambos objetivos. Según algunos estudios recientes de la consultora británica Element Energy y del operador del sistema francés RTE e inglés National Grid, sobre el impacto de la descarbonización del sistema energético europeo, la recarga inteligente tendría un impacto económico positivo en 2040 de 500 millones de euros para el sistema eléctrico en España, de 1.300 millones de euros en Reino Unido y 1.210 millones de euros en Francia.

Para lograr la descarbonización de la economía, es fundamental que las nuevas formas de generación primaria sean principalmente renovables, tal como marcan los objetivos de la UE y España para los próximos años. Ahora bien, esto supone un reto notable para el sistema eléctrico, ya que se sustituyen fuentes de generación emisoras de CO2 pero estables y predecibles (centrales de carbón, gas…) por otras que son libres de CO2, pero tienen un componente impredecible en la generación (fotovoltaica, eólica). El sistema eléctrico tiene dos herramientas principales para hacer frente a este problema: el almacenamiento de energía para su consumo posterior (ya sea en baterías, termosolares, o centrales de bombeo), y, por otra parte, la capacidad de gestión del consumo energético, también llamado gestión de la demanda. Solamente combinando ambas se conseguirá la cuadratura del círculo de reducir las emisiones, abaratando a la vez la factura energética de los consumidores.

En la medida en la que el parque de vehículos se vaya electrificando, la recarga eléctrica de los mismos va a constituir una parte significativa del aumento de consumo eléctrico en el sistema nacional. Diferentes estudios señalan que en 2030 circularán en España entre 2 y 5 millones de vehículos eléctricos, siendo esta última cifra la recogida en el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC).

El objetivo de PNIEC es que en 2030 el 74% de la generación de energía sea renovable 

Este esperado aumento en la demanda de energía eléctrica, debe realizarse minimizando su impacto en el sistema eléctrico. Para ello, es imprescindible la recarga inteligente, esto es, que las operaciones de recarga puedan ser gestionadas de forma que se puedan implementar mecanismos de control de la demanda para una operación óptima del sistema eléctrico. Iniciativas como la puesta en marcha del Centro de Control del vehículo eléctrico (CECOVEL) operado por Red Eléctrica de España, junto con la gestión de las fuentes de energías renovables gracias al CECRE (Centro de Control de Energías Renovables), posibilitan al operador del sistema actuar al mismo tiempo tanto sobre una demanda tan importante como la del vehículo eléctrico como integrar la máxima generación renovable y así descarbonizar la economía, logrando los beneficios económicos para el sistema enumerado anteriormente.

La recarga inteligente constituye también una potente herramienta para permitir a los usuarios de los vehículos eléctricos participar de forma activa en el mercado de la electricidad. De esta manera, podrán decidir cuándo realizar la recarga, respondiendo a señales de precios gracias a futuras tarifas dinámicas ligadas, por ejemplo, a excesos de la generación renovable, o podrán prestar servicios basados en el almacenamiento integrado en su vehículo o su vivienda, facilitando los esquemas de autoconsumo compartidos comunitarios e integración con la generación distribuida.

Igualmente, la recarga inteligente, aplicada en los garajes comunitarios, permitirá la gestión óptima de la misma minimizando su impacto en las instalaciones eléctricas existentes en edificios o viviendas.

La recarga inteligente es, por tanto, un elemento clave para proporcionar la flexibilidad que el sistema eléctrico español necesitará implementar en el futuro. Esta flexibilidad permitirá aumentar la penetración de generación de energía renovable, y así cumplir con los objetivos del PNIEC, que persigue que en el año 2030 se consiga que el 74 por ciento de la generación de energía sea renovable. En definitiva, se trata, de avanzar con paso firme en la descarbonización de la economía, pero aportando a la vez un importante beneficio económico derivado de la reducción de costes del sistema eléctrico.

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