Opinión

Italia aún es la gran incógnita

El país transalpino se enfrenta a otra crisis política más, con la dimisión del primer ministro italiano, Giuseppe Conte. El viceprimerministro, Matteo Salvini, buscaba elecciones anticipadas para disolver la coalición fraccionaria entre su partido de extrema derecha, contrario a la Liga, y el Movimiento Cinco estrellas. La Liga es un socio de coalición junior, pero el poder, en principio, había cambiado a su favor: el Sr. Salvini ha aumentado su popularidad del 17 por ciento de los votos en 2018 al 34 por ciento en las elecciones al Parlamento Europeo de mayo de 2019. Además, las encuestas actuales sugieren que el 38 por ciento de los italianos votaría por él, muy cerca del 40 por ciento que necesita para ganar la mayoría.

Los mercados no estaban preocupados por la perspectiva de las elecciones italianas, pues este Gobierno ya ha superado la vida media de 14 meses de una administración italiana de posguerra. Pero el otoño está tradicionalmente fuera de los límites permisibles para un adelanto electoral (no se han celebrado comicios en otoño desde 1919), debido a la necesidad de elaborar un nuevo presupuesto. La UE quiere que Italia tenga un déficit inferior al 2 por ciento, pero prevé una diferencia del 3,5 por ciento para 2020. Las dos negociaciones presupuestarias anteriores han llevado a la coalición populista -que quiere recortar los impuestos y aumentar el gasto- a entrar en conflicto con la Comisión Europea. Los diferenciales entre la deuda italiana y la alemana, aumentaron unos 25 puntos básicos después de que el Sr. Salvini pidiera la votación. Las acciones italianas cayeron en torno al 2 por ciento y los bancos en torno al 5 por ciento.

La preocupación a largo plazo es que la economía se encuentre en una encurcijada

En este contexto, ¿cuál es el problema subyacente, aún vigente, pese a que no se pudo presentar la moción de censura contra Conte? La preocupación a largo plazo es que la economía italiana se encuentre en una encrucijada. Por el lado positivo, presenta un superávit primario (ingresos fiscales superiores a los gastos, excluidos los pagos de intereses de la deuda). Su deuda está, en gran medida, en manos del Banco Central Europeo (BCE) o de los bancos nacionales que trató de liquidar en 2017. Pero la deuda es alta, del 132 por ciento del PIB. Y el crecimiento es perennemente bajo, la economía no parece poder salir de los problemas.

La economía italiana sigue siendo más pequeña de lo que era antes de la crisis financiera. Los ingresos reales no han aumentado desde que se incorporó al euro. Los altos niveles de endeudamiento la hacen vulnerable al aumento de los costes de financiación. Con el nivel actual de los tipos de interés, el riesgo de sostenibilidad de la deuda es escaso, pero un nivel superior al 3 por ciento requeriría un superávit primario aún mayor para evitar que los niveles de deuda siguieran aumentando.

A pesar de que el país transalpino tiene un superávit primario, tiene una deuda alta del 132%

Es posible que ahora haya elecciones anticipadas y un gobierno de izquierdas que podría hacer que una coalición del Partido Demócrata y Cinco Estrellas entrara en el Gobierno. El riesgo radica entonces en que entre en vigor un "presupuesto provisional" que obligue al gobierno a gastar sólo cantidades limitadas cada mes, bloqueando la inversión a largo plazo y perjudicando aún más el crecimiento.

Mientras tanto, pocos de los principales políticos italianos, independientemente de su ideología política, tienen un plan convincente para impulsar el crecimiento. Mientras el Sr. Salvini permanezca en el centro del poder o cerca de él (aunque ahora posiblemente pase a la oposición), las relaciones conflictivas con la UE parece que continuarán. Si bien los recortes de los tipos de interés previstos por el BCE y la compra de activos deberían proporcionar un mayor apoyo al mercado a partir de septiembre, los problemas a largo plazo de Italia siguen siendo los mismos.

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