Opinión

La aviación ya no es lo que solía ser

Entre los años 50's y 70's del siglo pasado, viajar en avión no sólo era una novedad que todos los amigos y vecinos comentaban durante meses, sino que se convirtió en una verdadera actividad sibarita. Para viajar se usaban los mejores trajes, y a bordo del avión había azafatas amabilísimas, excelente comida y vinos de la mejor calidad. Es decir, volar era pertenecer al jet-set, era vivir el glamour.

Después de la desregulación que inició Reagan (una especie de Trump pero educado que gobernó en los 80's en Estados Unidos), se iniciaron las guerras de tarifas, los salarios bajaron hasta el suelo para tripulantes y otros trabajadores de la aviación, mientras se desarrollan nuevos escenarios de competencia agresiva y una especie de carrera sin fin para que cada día volar sea sólo un trámite engorroso entre dos puntos del globo terráqueo. Volar ya no es lo que solía ser.

Pero la mala noticia es que aún no hemos visto lo peor. Cuando miramos las "ideas" de algunas aerolíneas de bajo costo para las nuevas aeronaves, cuyos diseños interiores recuerdan el transporte de tropas, nos preguntamos si lo siguiente no será que los pasajeros tengamos que usar un paracaídas para desembarcar porque las aerolíneas querrán ahorrarse el costo de las tarifas aeroportuarias.

Los expertos aseguran que esto no ha hecho más que empezar. Los países de Europa son los que han experimentado un crecimiento más acelerado del llamado bajo costo (low cost) cuyo modelo original se lo debemos a la firma estadounidense Southwest. Habría que apuntar que ésta se creó sobre la base de aprovechar la infraestructura y los huecos que la aviación tradicional había dejado, con la idea de utilizar los aeropuertos pequeños de aquellas ciudades que habían tenido que construir nuevas y grandes terminales aéreas para usar el sistema de concentración-distribución de pasajeros (provenientes de varias ciudades, los vuelos concentraban pasajeros en polos de atracción desde donde se distribuían hacia sus destinos finales).

Así, por ejemplo, O'Hare en Chicago sustituyó al viejo Midland y éste fue aprovechado por Southwest, ya que Midlan buscaba desesperadamente usuarios y sus tarifas se habían abaratado sensiblemente. Otra parte del modelo consistía en usar el mismo tipo de avión en todos los trayectos -todos ellos cortos, de hora y media o máximo dos-, sin alimentos, sin asientos asignados, prácticamente sin servicios añadidos y utilizando al máximo las aeronaves para lograr mayor rentabilidad.

Este modelo dio excelentes resultados, pero a partir de él muchas aerolíneas han pervertido el esquema y cada día le escatiman más al usuario tanto la comodidad como, incluso, los derechos mínimos de consumidor.

Las cifras muestran que la mayor parte de los viajeros que hoy en día llegan a las ciudades europeas lo hacen en empresas de bajo costo. España ya rebasó la mitad del total (anda por el 53 por ciento) y el resto de los países va en una carrera hacia el objetivo, aunque por ahora sólo se trate de los viajes cortos.

Cada día escatiman más a los usuarios con la comocidad y con sus derechos mínimos 

Pronto, sin embargo, vendrá la tendencia del bajo costo y largo alcance que, en resumen, llevará la pesadilla del espacio ínfimo y la falta de todo tipo de amenidades a bordo, a los viajes transocéanicos. Se estima que en unos cuatro o cinco años, más de la mitad de los vuelos sean de bajo costo, lo que significa unos 3.000 millones de pasajeros transportados.

Desde luego que el bajo costo ha tenido sus buenos efectos. Sin ir más lejos, ha permitido que muchas personas que antes no viajaban lo hagan. Ha significado también el desarrollo de muchas plazas turísticas (¿qué sería de Cancún sin su aeropuerto internacional? ¿cuántos viajeros irían a Sydney o a Creta si no fuera por el transporte aéreo?).

El modelo de los vuelos a bajo costo se expanden cada vez más 

Y, sin embargo, hay señales preocupantes en algunos extremistas que quisieran acabar con lo que consideran una perversión. Un partido político alemán, por ejemplo, plantea nacionalizar las aerolíneas y limitar los viajes por avión para evitar que las emisiones de CO2 sigan contaminando la atmósfera (y eso que la industria aérea es el sector que más ha trabajado conjuntamente en planes específicos para hacerle frente a la contaminación). Muchos ciudadanos suecos también están haciendo campaña en contra de los viajes en avión con el mismo propósito.

No obstante, lo más seguro es que en los siguientes años veamos crecer no sólo el tránsito aéreo, sino el modelo de bajo costo que, por ejemplo, a los chinos les encanta. Tomemos en cuenta que el mayor crecimiento de pasajeros aéreos se da en los países asiáticos.

Lo malo es que las aerolíneas tradicionales están copiando muchas cosas del modelo low cost. La más importante es la masificación y la reducción del espacio en los aviones modernos. No cabe duda: volar ya no es lo que solía ser.

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