Opinión

Moderación sana de la vivienda

La nueva edición del suplemento mensual La vivienda a fondo refleja una ralentización en las ventas. Este efecto es aún más reseñable en el ámbito de la segunda mano, que supone alrededor del 85 por ciento del mercado.

Pero no se trata solo de que ahora los pisos tarden más en venderse, sino que los propietarios se ven obligados a rebajar sus expectativas. En concreto, se registra un descenso medio del 14 por ciento entre el precio establecido inicialmente por las familias y el valor final de la venta. Este ajuste es un claro indicador de que los precios empiezan a tocar techo. También de la incertidumbre que los inversores presentan ante el anuncio de subidas de impuestos por el Gobierno en funciones, o por la nueva legislación sobre alquileres. Pero, cuidado, la moderación que el inmobiliario muestra no debe ser vista como la llegada de una nueva crisis, sino como un cambio que aleja al sector de la amenaza de burbuja que algunos ya empezaban a anticipar. Así se desprende del hecho de que las rebajas en los precios no respondan a una caída de la demanda, sino a un exceso de oferta en algunas localizaciones concretas, como grandes ciudades. Por tanto, la ralentización que la vivienda muestra, tanto en venta como en alquiler (el precio del arrendamiento cae un 44 por ciento en las capitales de provincia), es un paso lógico y sano que permite que el mercado sea más sostenible. Aunque también indica que el sector inmobiliario se basta por sí mismo para autorregularse e impedir excesos en los precios. Esta realidad debería bastar para convencer a aquellos que critican el libre mercado y abogan por regularlo a base de decretos-leyes

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