La caída del petróleo de los últimos días tras la negativa de la OPEP a recortar su producción para adecuarla a la menguante demanda puede llevar al crudo a cerrar 2014 como uno de los peores de su historia reciente, con retrocesos que van desde el 34% del West Texas al 39% del Brent.
Pero más allá del impacto positivo que tiene este retroceso en la economía -reduce aún más los riesgos a un repunte de la inflación- o negativo que tiene en los países productores con Rusia a la cabeza o en las empresas petrolíferas, hay que analizar a qué otros mercados, además del de las commodities, puede afectar este retroceso.
A este respecto, no son pocos los analistas que apuntan a que la caída del petróleo puede desencadenar el ya vaticinado por muchos desde hace meses pinchazo de la burbuja del high yield. ¿Por qué? Porque hay que tener en cuenta que en EEUU se concentra el gran gruego de de las emisiones de bonos basura y que el 15% de ellas está ligada al sector energético.
"El sector energético de bonos high yield ha sido el epicentro de la volatilidad que se ha visto en este mercado, ya que en EEUU ha caído un 6,2% entre agosto y mediados de noviembre frente al retroceso del 1,7% que se ha visto en el mercado americano de high yield", afirman en un blog los gestores de Alliance Berstein Petter Stensland e Ivan Rudolph.
Además, según explica Oleg Melentyev, analista de crédito de Deutsche Bank, en el diario Financial Times, la tendencia de las compañías energéticas de endeudarse para financiar sus proyectos ha dejado al sector con un alto grado de apalancamiento y muy susceptible a nuevas caídas en el petróleo. De hecho, éste y otros analistas que cita el diario británico alertan de que muchas de las que se endeudaron con un petróleo en 90 dólares, pueden incurrir en default con un crudo a 60 dólares. No en vano, una caída del petróleo mermaría los beneficios de estas empresas, los mismos con los que luego pagan sus cupones a los inversores, lo que puede llevar a muchos a deshacer posiciones en este mercado ya de por sí no demasiado líquido.
Solo indicios, de momento
Sin embargo, parece que la sangre aun no ha llegado al río ya en la última semana de noviembre, la peor para el petróleo en mucho tiempo, estos productos registraron suscripciones netas positivas con entradas por valor de 44 millones de dólares, según los datos de Lipper.
"Si bien se espera una debilidad general en el precio de los bonos, un hecho justificado, la decisión de la OPEP no significa que se darán rebajas en las calificaciones o impagos de modo generalizado o incluso en todo el sector. De hecho, la reacción del mercado podría ser exagerada y todas las empresas relacionadas con la energía podrían verse perjudicadas casi indiscriminadamente, lo que podría dar paso a oportunidades de compra en el futuro", asegura Stephan Isacs, gestor de renta fija de M&G.
En esta recomendación de diferenciar el grano de la paja también insisten desde LPL Financial, quien en un reciente informe defiende la baja correlación que guardan los precios de la energía con el mercado de high yield -lo cifra en un 43% frente a la correlación del 50% que guardan estos bonos con el mercado de acciones norteamericanas-. Esto le lleva a afirmar que "serán las tasas de impagos, el crecimiento económico y la fortaleza del crédito corporativo y no los precios del petróleo lo que decida las rentabilidades del mercado de bonos high yield".
El problema es, no obstante, que una caída continuada y brusca en el precio del crudo puede tener una gran incidencia en esos factores clave que cita la gestora.
Además, no hay que olvidar los toques de atención que se empiezan a dar en torno a este mercado, más allá del impacto que pudiera tener el precio del petróleo, debido a las cuantiosas rentabilidades que ha amasado en los últimos años y a que en caso de un repunte de tipos sorpresivo o de un aumento del la aversión al riesgo sería uno de los grandes perjudicados. Quizá por ello en la primera semana de diciembre salieron de fondos de high yield americanos 859 millones de dólares, la mayor salida desde la primera semana de octubre, según Lipper.
