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Misión cumplida del BCE: el índice fetiche de inflación roza el objetivo del 2%

  • El swap de expectativas de inflación de largo plazo cae hasta el 2,25%
  • El aumento de tipos surte efecto: enfría a la economía y al avance de los precios
  • Las expectativas a 5 años son uno de los datos que más tiene en cuenta el BCE
El BCE necesita ver las expectativas de inflación caer para cumplir su objetivo
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Ha costado sudor y lágrimas, pero las piezas del puzzle de la inflación empiezan a encajar con el objetivo del Banco Central Europeo (BCE). La estabilidad de precios que el BCE tiene como mandato y sitúa en el entorno del 2%, está ya a tiro de piedra, con la inflación creciendo a un ritmo del 2,4% interanual en la eurozona en noviembre. El dato de IPC no es el único que tiene en cuenta el banco central para considerar su objetivo cumplido, y ya son varios los que están dando buenas noticias al Consejo de Gobierno del BCE. Hay uno que en el pasado ha sido especialmente importante para el organismo, el dato de expectativas de inflación que miden los swaps 5y5y, también conocido el indicador de expectativas de inflación de largo plazo, y la tendencia también encaja con el objetivo del BCE.

El organismo responsable de la política monetaria de la zona euro ha entrado en modo 'dependiente de los datos', algo en lo que han insistido mucho en los últimos meses, y que implica que no tomarán ninguna decisión de política monetaria sin estudiar a fondo los distintos datos macro que se vayan publicando en la eurozona. Entre ellos se encuentra el swap de inflación 5y5y, un indicador clave para la política monetaria en la zona euro, y que ya casi permite que el BCE cante victoria en su búsqueda de la estabilidad de precios.

El dato de expectativas de inflación de largo plazo ha caído hasta los niveles más bajos que se han visto en el año, en el 2,25%. Se trata de un indicador que refleja las expectativas de inflación que mantienen los inversores para los cinco años que comienzan dentro de un lustro, y lo utilizan muchos analistas como referencia para poder calcular los tipos de interés reales de un bono: la rentabilidad a vencimiento que ofrece el título, descontando el porcentaje que marque el swap 5y5y.

A comienzos de 2022 el índice de expectativas de inflación fue el que hizo saltar una de las primeras señales de alarma sobre el peligro que se cernía sobre la economía europea. Los bancos centrales negaban las previsiones que destacaban el repunte de los precios como una amenaza seria y duradera, y hasta que el swap 5y5y no se disparó en febrero no empezó a tomarse en serio la amenaza que suponía el aumento del coste de la vida. Desde esa fecha hasta ahora el indicador no ha bajado del 2% en ningún momento, lo que contrasta con la media a la que se ha movido desde la crisis de deuda europea, del 1,81%.

El último repunte que experimentó este dato de expectativas de inflación este verano auguraba mayores subidas de tipos por parte del BCE para poder meterlo en cintura, y por eso su descenso desde los máximos del año, que se alcanzaron en agosto, en el 2,66%, ha sido recibido con los brazos abiertos por parte del BCE. El indicador no ha parado de caer desde ese momento, y esto ha coincidido con el periodo en el que el BCE ha ido cambiando su discurso, parando el proceso de subidas de tipos y adoptando un mensaje algo más triunfalista (aunque siga siendo prudente) sobre la tendencia que muestra la inflación.

A Lagarde ya sólo le preocupan los salarios

En la última reunión de política monetaria del BCE, Lagarde explicó que, a día de hoy, hay sólo un indicador de inflación que les está preocupando, al resistirse a caer como lo está haciendo el resto, un discurso que esconde cierta satisfacción por el éxito que están teniendo sus políticas, y que permite concluir que el BCE está contento con la tendencia que está viviendo el dato de expectativas de largo plazo.

Para Lagarde, el único indicador de inflación que se está resistiendo es del de la inflación doméstica, un dato muy marcado por la evolución de los salarios en la economía. Si se diese el caso de que la inflación en la zona euro cae al 2% de forma sostenida, una posibilidad que el organismo contempla para el año 2025 (aunque la inflación actual esté ya en el 2,4%, la última milla para bajarla hasta el 2% suele ser la más complicada), y el BCE percibiese un cambio positivo en las dinámicas salariales, el dato de expectativas de inflación de largo plazo en los niveles actuales puede ser suficiente para que el organismo cante victoria definitivamente, y considere que su objetivo se ha cumplido.

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