Bolsa, mercados y cotizaciones

Esperamos un invierno sombrío para la eurozona

La volatilidad de las divisas ha ido en aumento desde que estalló la guerra en Ucrania, pero el pasado mes de octubre puede haber marcado el final del crescendo tras el retroceso del minipresupuesto británico de septiembre, el Congreso Nacional de China y unos mercados de tipos globales más tranquilos.

Si analizamos lo más llamativo que ha ocurrido en octubre no podemos dejar de referirnos al Reino Unido, donde la divergencia de las políticas monetaria y fiscal tras el minipresupuesto desencadenó una excesiva volatilidad en los mercados de bonos británicos, obligando al Banco de Inglaterra a intervenir para proteger los fondos de pensiones. La caída del mercado acabó con la salida del canciller Kwasi Kwarteng y la primera ministra Liz Truss, y el partido conservador nombró rápidamente al ex canciller Rishi Sunak como nuevo Primer Ministro. El sustituto de Kwarteng, el canciller Jeremy Hunt, calmó las preocupaciones del mercado sobre el creciente déficit presupuestario del Reino Unido revirtiendo la mayoría de las medidas fiscales anunciadas en las semanas anteriores. Los resultados fueron positivos y las primas de riesgo de los activos británicos comenzaron a moderarse. A pesar del ruido político y los indicios de que el Reino Unido estaba entrando en la recesión prevista, la libra siguió cotizando en una base más sólida.

De otro lado, la narrativa del pico de la Fed se ha visto reforzada en las últimas semanas por una sucesión de bancos centrales que han ralentizado su ritmo de endurecimiento monetario debido a la creciente preocupación por la estabilidad financiera y los riesgos de recesión. Los dos ejemplos más destacados son el Banco de la Reserva de Australia, a principios de octubre, y el Banco de Canadá, a finales de mes: ambos bancos subieron 25 puntos básicos menos que el consenso. Además, el Banco Central Europeo, que se enfrenta a una recesión en la eurozona, ha guiado a los mercados hacia una subida menor en su próxima reunión de diciembre. Sin embargo, tanto el RBA como el BCE tendrán dificultades para mantener esa orientación frente a unos datos de inflación que siguen siendo sólidos.

Más al este, la fortaleza del dólar y la intervención en el mercado de divisas siguieron siendo el tema dominante. En Japón, el cambio dólar/yen subía hasta el nivel de 150, pero el par invirtió violentamente su curso ante una posible actuación del Banco de Japón. En China, la falta de estímulos fiscales, combinada con el aumento de las tensiones geopolíticas con EEUU y la reacción negativa del mercado al 20º Congreso Nacional, hizo que el dólar/yuan llegara a 7,30. Para el tipo de cambio offshore, esto marcó su nivel más alto desde su creación en 2009. Sin embargo, el par retrocedió rápidamente, con informes que sugieren que los bancos estatales comenzaron a vender dólares para apoyar al yuan.

En los mercados latinoamericanos, el tema principal de las últimas semanas han sido los resultados electorales de Brasil. La victoria final de Lula Da Silva hizo que el real subiera hasta el nivel de 5,4, pero el movimiento no se mantuvo y la moneda volvió a su nivel de equilibrio anterior.

En este contexto global, la mejora sustancial de las perspectivas energéticas a corto plazo de la zona euro se combinó con un ablandamiento del dólar estadounidense para que la moneda única volviera a la paridad a finales de octubre. Sin embargo, a pesar de esta mejora a corto plazo, a la economía de la eurozona le espera un invierno sombrío. La recesión está prácticamente confirmada para el cuarto trimestre y las condiciones de inflación siguen amenazando la capacidad del BCE para adoptar un ritmo de endurecimiento más lento en diciembre.

En este desagradable contexto de estanflación, esperamos que la moneda única siga cotizando por debajo de la paridad con el dólar antes de que una mejora sustancial de las condiciones de riesgo global en 2023 provoque un retorno a los rangos previos a la paridad.

Los riesgos para nuestra previsión del euro/dólar a 3 meses son de dos tipos. Al alza, la progresión de la política fiscal coordinada de forma selectiva mitigará la profundidad de una recesión y reducirá las preocupaciones sobre la sostenibilidad de la deuda. A la baja, una nueva crisis de suministro de energía pondría a prueba los recientes mínimos del euro/dólar. En este escenario, las subidas más agresivas del BCE agravarían la situación del euro, ya que destruirían aún más la demanda y profundizarían la recesión de la región.

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