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Lecturas de un profesional CFA: 'Traders' de materias primas, se levanta la cortina del secretismo

Pocas empresas en el mundo hay tan importantes para el funcionamiento de la economía global y a la vez tan desconocidas como son los traders de materias primas. Dedicados a mover y arbitrar recursos naturales de una parte a otra del globo, su importancia ha ido en aumento con el paso de los años. Por ejemplo, en el año 2019, la empresa holandesa Vitol movió 8 millones de barriles de petróleo al día, que es una cantidad considerable respecto al tamaño total del mercado de petróleo mundial (unos 100 millones de barriles al día).

Sin embargo, Vitol no es una excepción. Dos de sus competidores, Trafigura y Glencore, comerciaron 6 y 5 millones de barriles al día, respectivamente. Es por ello por lo que Javier Blas y Jack Farchy, ambos columnistas en Bloomberg, han publicado recientemente The World for Sale: Money, Power, and the Traders Who Barter the Earth's Resources, un libro que pretende levantar la cortina de secretismo que ha imperado en esta industria desde su fundación. A lo largo del libro no solo explican cómo ha cambiado la industria durante las últimas cinco décadas, sino que también rememoran las transacciones más polémicas de estas empresas.

El negocio central de un trader de materias primas es aparentemente sencillo: comprar un recurso en un lugar y momento determinado para venderlo más tarde con el fin de obtener un beneficio. Para la rentabilidad de un trader no es tan importante el precio de la materia prima en sí como lo son la existencia de diferenciales de precios debidos a diferentes puntos de entrega, las calidades del recurso en cuestión o la propia fecha de entrega. El negocio existe porque, a nivel local, la oferta y demanda de materias primas casi nunca coincide, con lo que es habitual tener que mover dichos recursos a distintas partes del mundo. Adicionalmente, ningún minero o granjero se puede permitir tener una red de oficinas por todo el mundo con el fin de vender su producto, con lo que tienen que recurrir a los traders.

Aunque en el siglo XIX aparecieron los primeros traders de recursos naturales, gracias a la invención del barco de vapor (con lo que fue posible transportar mercancías de bajo valor a largas distancias) y el telégrafo (habilitando por primera vez en la historia comunicaciones de un punto a otro del mundo casi instantáneas), no fue hasta el siglo XX que surgió el negocio de los traders tal y como los conocemos hoy en día. Para Blas y Farchy, hay tres figuras que fueron fundamentales en la creación de esta industria después de la Segunda Guerra Mundial: Ludwig Jesselson (un trader judío que se convertiría en CEO de Philipp Brothers en 1957), John MacMillan (CEO de Cargill) y Theodor Weisser (pionero en el mercado del trading de petróleo en 1954). 

Desde la segunda mitad del siglo XX, la importancia del trading de materias primas no solo ha crecido en tándem con la economía mundial, sino que se ha visto además impulsada por cuatro acontecimientos fundamentales. En primer lugar, la pérdida de poder de las Seven Sisters en la década de 70, permitiendo a los traders poder comerciar con la producción de los países de la OPEP, ya que no tenían sus propias divisiones de trading. El cambio fue tan monumental para la estructura del mercado que, a principios de los 70, las Seven Sisters tenían una cuota del 90% de todo el petróleo que se comerciaba en el mundo, mientras que a finales de la década pasó a ser del 42%. En segundo lugar, el colapso de la Unión Soviética a principios de los 90, creando una dinámica muy parecida a la que hubo tras la disolución del cártel de las Seven Sisters (tanto Rusia como el resto de países del bloque soviético se vieron en la necesidad de tener que exportar sus recursos). En tercer lugar, el ascenso de China en el panorama internacional a principios de este siglo. Y, finalmente, y de manera simultánea a todos estos acontecimientos, la financialización de las economías occidentales, que permitió a los traders pedir tomar prestado mayores volúmenes de deuda para poder financiar sus crecientes operaciones. 

Las tensiones políticas, tales como embargos o limitaciones al comercio, han siempre beneficiado a la actividad de los traders, cuya filosofía (codificada por Marc Rich) ha sido siempre hacer negocios en cualquier sitio, dejar la política a un lado y, muchas veces, la ética también. Aquellos lugares a los que ninguna otra institución podía acercarse por cuestiones políticas o regulatorias han sido siempre terreno fértil para los traders de materias primas, que no les ha importado comerciar petróleo con el gobierno del apartheid sudafricano durante los 70, con el gobierno iraní durante la crisis de los rehenes estadounidenses en 1980, con la Cuba comunista de Fidel Castro o con el gobierno militar del Chad de Idriss Déby. Todas estas operaciones han resultado ser fabulosamente rentables para estas compañías, en gran parte gracias al arbitraje regulatorio que estuvieron dispuestas a asumir.  

En las últimas décadas las compañías de trading han pasado a adquirir activos físicos, tales como minas, campos petrolíferos, terminales de almacenamiento o silos de grano. La adquisición de dichos activos les ha permitido tener un volumen asegurado de recursos naturales que poder intermediar. Sin embargo, dicha estrategia ha sido muy intensiva en capital, y ha propiciado que los traders hayan tenido que buscar fuentes de financiación a largo plazo, como las salidas a bolsa (como Glencore en el 2011). Ello ha conllevado mayor transparencia en las cuentas de estas empresas y por lo tanto un mayor escrutinio público, algo que siempre han evitado los traders por razones obvias. 

Aunque empresas como Cargill, Glencore o Vitol están en la cima de su poder, Blas y Farchy consideran que la industria se enfrenta a varios desafíos en los próximos años, en concreto cuatro. Primero, la información es más accesible que nunca y viaja muy rápido gracias, por ejemplo, a la proliferación de internet y de las imágenes por satélite. Segundo, el posible fin del proceso de globalización de las últimas décadas. Tercero, la reducción de demanda de combustibles fósiles a medio plazo. Y cuarto, la aparición de formidables competidores en forma compañías estatales, que han ido estableciendo sus propias divisiones de trading, tales como Aramco, Abu Dhabi NOC, o Rosneft. 

En definitiva, el libro es lectura ideal para este verano, no solo por el estilo periodístico y ameno de Blas y Farchy, sino también por la idoneidad del momento, en el que las materias primas vuelven a ser el centro de innumerables debates, tanto económicos como geopolíticos.   

Javier López Bernardo es PhD., CFA, Miembro de CFA Society Spain. 

Ficha técnica

Título: The World for Sale: Money, Power, and the Traders Who Barter the Earth's Resources.

Autor: Javier Blas y Jack Farchy.

Editorial: Oxford University Press, 2021, pp.416, tapa dura.

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