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Banqueros centrales que controlaron o sucumbieron al monstruo de la inflación

  • Black, Volcker y Yellen tuvieron éxito...
  • ...pero la mayor parte de gobernadores no lograron su objetivo
Foto: Dreamstime
Madrid

Encabezar la Reserva Federal estadounidense (Fed) nunca ha sido tarea fácil. Desde que nació la institución como la conocemos hoy en día, en 1913, con la ley que aprobó el presidente Woodrow Wilson ese año, el organismo ha tenido dieciséis gobernadores diferentes.

Desde Charles S. Hamlin, quien inauguró el cargo en agosto de 1914, hasta Jerome Powell, el presidente actual de la institución, las distintas cabezas de la Fed han medido sus fuerzas en la lucha contra uno de los mayores peligros económicos que se conocen: el monstruo de la inflación (o el de la deflación, como ocurrió en los años posteriores a la Gran Depresión).

La lucha nunca ha sido fácil: desde la Primera Guerra Mundial hasta el conflicto bélico de Ucrania, pasando por periodos como la Gran Depresión, el periodo de entreguerras, la Segunda Guerra Mundial, o la crisis del petróleo de la década de los 70, la mayor parte de gobernadores de la Fed no ha sido capaz de meter en vereda a la inflación, o de conseguir que repunte por encima del 0%, en los momentos en los que la deflación ha sido la tónica predominante en la economía americana.

El contexto económico y geopolítico casi siempre se ha impuesto sobre los objetivos de los presidentes del principal banco central del planeta, dificultando su tarea e impidiendo que consiguiesen mantener una estabilidad de precios, el objetivo que se marcó la Fed en 1978 por primera vez en su historia.

Desde los años previos al inicio de la Primera Guerra Mundial hasta la década anterior al comienzo de la Segunda, la tónica predominante fue la desinflación: William Handing cogió las riendas de la Fed en agosto de 2016, con una inflación del 7,9%, y la dejó en agosto de 1922 en el -6,2%. Los tres siguientes presidentes, Daniel Crissinger, Roy Young y Eugene Meyer, la dejaron en terreno negativo, especialmente este último, quien se marchó en 1933 con una tasa de inflación del -8% en Estados Unidos.

A partir de ese momento, historia cambió por completo: nunca volvió a haber un presidente de la Fed que dejase su cargo con la inflación en terreno negativo, y la pelea constante de los políticos monetarios en EEUU fue frenar el incremento excesivo de los precios.

Éxitos y fracasos

Eugene Black, en 1933-1934, Paul Volcker, entre 1979 y 1987, y Janet Yellen (la única mujer que ha estado al frente de la institución en más de un siglo de historia) son los tres presidentes que consiguieron poner la situación bajo control, a pesar de recibir en herencia un contexto macroeconómico bastante complicada, al menos en lo que se refiere a la inflación.

Durante el mandato de Black, entre 1933 y 1934, se consiguió dejar atrás el periodo deflacionista posterior a la crisis de 1929. El presidente de la Fed heredó una economía con una inflación en el -8% anual, y la dejó 9,5 puntos porcentuales por encima, en el 1,5%.

Volcker, por el contrario, fue capaz de reconducir al monstruo inflacionista que se había alimentado en la década de los 70 por la crisis del petróleo. Su éxito fue conseguir reducir el avance del IPC, desde el 11,8% en el que se situaba cuando comenzó su mandato, en 1979, hasta una tasa mucho más normalizada, el 4,3%, en el año 1987.

La situación que había antes de Volcker, que se ha llegado a bautizar como "la gran inflación", terminó "debido a las políticas anti-inflacionarias que promovió Paul A. Volcker que inicio con un nivel de precios de 11,8% y lo dejó en 4,3%. Esta nueva estabilidad de los precios que se reflejó en una relativa estabilidad del producto continuó con el afamado Alan Greenspan dando lugar a la Gran Moderación", explica Mario Rojas Miranda, profesor e investigador de economía en la Universidad del Istmo.

"Alan Greenspan continuó el trabajo de Volcker durante más de tres lustros y su exitosa labor es recordada como la era Greenspan", explica Rojas, señalando también cómo "el desarrollo de "la buena política monetaria" permitió experimentar un tercer ensayo monetario: la Gran Moderación que duró de 1982 a 2006 y que se caracterizó porque la inflación y el producto observaron una variabilidad muy baja, generando las dos expansiones más largas y las tres recesiones más cortas de la historia reciente de Estados Unidos", destaca.

Yellen, la presidenta más reciente de la Fed que cumplió con su mandato, logró dejar la inflación en el entorno del objetivo de la institución (del 2%, aproximadamente), después de varios años en los que parecía misión imposible evitar que la deflación volviese a instaurarse en la primera economía del mundo. Esto, si se tiene en cuenta la historia de la institución, ha sido algo excepcional. Eso sí, hay que matizar que no siempre hubo un objetivo concreto de inflación, como hay ahora, ya que el objetivo del 2% se aprobó por primera vez en el año 2012, durante el mandato de Ben Bernanke.

Por el contrario, los presidentes de la Fed que han fracasado estrepitosamente, y han dejado en herencia un problema mayúsculo a sus sucesores, en forma de inflación en tasas de doble dígito, fueron George W. Miller, antecesor de Volcker, que dejó la Fed en 1979 con una inflación del 11,8%, y antes que él, Marriner S. Eccler, quien se marchó en 1948 dejando el IPC corriendo al 10,2% anual.

El reto de Jerome Powell

El presidente actual de la Reserva Federal, Jerome Powell, empezó su mandato con una inflación del 2,2% en febrero de 2018, con Donald Trump como presidente. Los problemas a los que se ha tenido que enfrentar Powell no es baladí, la pandemia de Covid-19 y el inicio de la guerra de Ucrania, que ha generado una crisis energética que no se veía desde hace décadas, y ha vuelto a despertar la inflación, hasta llevarla al terreno del 8,6% en Estados Unidos.

Ahora, Powell y los miembros de la mesa de gobernadores de la Fed se enfrentan a un reto mayúsculo: deben contener este repunte inflacionista a base de endurecer su política monetaria, al mismo tiempo que intentan evitar que la economía se hunda en una recesión, una tarea que cada vez más analistas dudan que vaya a ser posible.

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