Bolsa, mercados y cotizaciones

Nadie debería querer el epitafio de mejor inversor

Foto: Europa Press.
Madrid

A media tarde del viernes de la semana pasada, entramos en el mercado bajista más gratamente sorprendente que recuerdo. El S&P 500 cruzaba, en el epicentro de la sesión, la psicológica barrera de más de un 20% de corrección por la expectativa de una acelerada subida de tipos -un punto adicional ahora en dos meses-; el bono americano cerca del 3%, aunque haya replegado un poco; y técnicamente una recesión por delante. Sin embargo, la reacción ha sido todo lo contrario de la prevista: en lugar de mayores recortes, rebote del 5%.

Me gustaría contar que es la reacción lógica porque los medios de comunicación financieros han ponderado por primera vez la lógica de la inversión; comprar cuando se abren oportunidades y vender cuando se cumplen objetivos. Se imaginan las portadas de los principales periódicos financieros con titulares a cuerpo 80 del tipo "Fiesta en Wall Street, el mercado es mucho más atractivo que hace un trimestre"; "Los inversores sonríen porque han llegado rebajas al mercado". Mejor aún, que el presentador de la CNBC anunciase un mercado bajista con matasuegras y confeti inundando el estudio.

Nadie en su sano juicio va a hacer esas cosas, esencialmente por la dopamina, que provoca que el daño causado por las caídas duplique la satisfacción de la ganancia. Aunque son numerosos los estudios que demuestran que en los mercados bajistas es cuando se construye la mejor parte de la rentabilidad de las carteras, la bolsa es la única tienda sin aglomeraciones cuando se ponen los carteles de rebajas. Cuando me preguntan cuál es el mejor momento de entrar cada vez tengo más clara la respuesta: ni puñetera idea -si no lo escribiese diría otra palabra-.

Los inversores no queremos un epitafio que diga que fuimos el mejor. Lo que queremos es cumplir nuestros objetivos financieros

Cada vez me preocupa menos el punto óptimo de entrada porque creo que lo único conveniente, para un inversor normal que no sea capaz de trabajarse el mercado todos los días, son las aportaciones periódicas por la misma cuantía. Estas son las que deben construir la columna vertebral de nuestra inversión con objetivos claros de rentabilidad con los que juzgar si lo estamos haciendo bien o nos lo están haciendo bien. Estos objetivos no pueden ser ni pretenciosos ni irreales. Dude de quien hable de un doble dígito.

Los inversores no queremos un epitafio que diga que fuimos el mejor. Lo que queremos es cumplir nuestros objetivos financieros. A ningún jubilado europeo en Málaga le preocupará si su vecino de al lado ha sido mejor inversor que él. Simplemente, se dedicará a disfrutar de lo bien que vive con su pareja en marzo mientras llueve y hace frío en la ciudad en la que trabajó media vida.

Hace una década diseñé que mi objetivo financiero era una cartera diversificada de 30 valores internacionales con los que duplicar la inversión cada década. El Eco30, primero como índice de elEconomista calculado por Stoxx y ahora también como fondo de Tressis, que sigue su camino, correcto y sin excesos.

*Joaquín Gómez es director adjunto de 'elEconomista'.

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