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Powell, a 100 días de iniciar el debate para deshacer la compra de deuda

Nueva York

Dicen que la historia se repite y en esto de la ingeniería de los estímulos monetarios, la Reserva Federal se encuentra a poco más de dos meses para comenzar a escribir la secuela de su denostado tapering. A nadie le amarga un dulce y para un mercado más que acomodado bajo el manto de una política ultraacomodaticia, el simple hecho de concretar el arranque en la reducción de la compra de deuda por parte del banco central de Estados Unidos amenaza con iterar alguna que otra pataleta.

Las actas de la última reunión de abril del Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por sus siglas en inglés) sugieren que es cada vez más plausible que Jerome Powell y su equipo comiencen a reducir lo que se conoce como flexibilización cuantitativa (QE por sus siglas en inglés), véase compra de activos, generalmente deuda pública, a finales de este año. Y qué mejor que amortiguar el golpe que aprovechar el emblemático amparo de las Montañas Rocosas y el tradicional Simposio de Jackson Hole, en Wyoming, para dar a conocer sus planes.

"Seguimos viendo la conferencia de Jackson Hole como un evento potencial para desarrollar más formalmente el caso de la reducción de la compra de deuda y activos respaldados por hipotecas, con un anuncio oficial en la reunión de diciembre del FOMC", indica Brett Ryan, economista de Deutsche Bank.

Tras el traspiés en el dato de empleo del pasado mes, las expectativas del tapering, como se conoce en la jerga financiera al proceso de recortar las compras de activos y la posibilidad de experimentar un Taper Tantrum 2.0, es decir, una inicial rabieta por parte del mercado, se trasladan al evento que anualmente organiza a finales de agosto la Reserva Federal de Kansas City.

En su reunión del pasado 28 de abril varios de los altos funcionarios de la Fed se mostraron a favor de iniciar el debate sobre el ajuste de las compras de activos, que actualmente asciende a 120.000 millones de dólares mensuales, en próximos encuentros. Algo razonable si se espera que el banco central suba los tipos de interés a finales de 2023 o incluso antes, dada la preocupación por el sobrecalentamiento de la economía.

La reducción gradual de las compras de 80.000 millones de dólares en bonos del Tesoro y 40.000 millones de dólares en activos respaldados por hipotecas, es el primer paso antes de atisbar un encarecimiento del dinero. Es por ello que la Fed debe hilar fino para no volver a asustar a los mercados como lo hizo en 2013.

Precisamente el pasado 22 de mayo se cumplió el octavo aniversario desde que el expresidente de la Fed, Ben Bernanke, desató el pánico durante un intercambio de declaraciones con el congresista republicano por Texas, Kevin Brady, al hilo de los estímulos desplegados por el impacto de la crisis financiera. Por aquel entonces, durante su comparecencia ante el Comité Económico Conjunto del Congreso, Bernanke sugirió que el banco central podría en sus próximas reuniones, "dar un paso atrás en nuestro ritmo de compras".

Esto produjo una reacción en cadena entre los mercados estadounidenses y mundiales que, a finales de ese año, forzó a la Reserva Federal a reducir muy lentamente sus compras. A finales de 2014, ya bajo la riendas de Janet Yellen, el QE se dio por acabado. Eso sí, no fue hasta casi un año después, que la actual secretaria del Tesoro osó comenzar con las subidas de tipos. Un proceso que, con la lección bien aprendida, también se llevó a cabo con un cuidado minucioso. Es por ello que ahora la Fed debe estar preparada para anunciar cuáles serán las reglas del juego.

"El Simposio Económico de Jackson Hole, en agosto, es una oportunidad perfecta para definir un marco para el debate sobre las condiciones previas a la reducción de las compras de activos", determina Guillaume Martin, estratega jefe de Natixis.

Desde su punto de vista, la reducción real de las compras de activos no se producirá antes del segundo trimestre del año que viene, con una reducción inicial de las compras de MBS, que podría anunciarse ya en el cuarto trimestre de este año.

Según Martin es probable que los acontecimientos fiscales, especialmente la reinstauración del techo de la deuda el próximo 31 de julio, animen a la Reserva Federal a retrasar cualquier decisión de reducción de sus compras, teniendo en cuenta que el mantenimiento de las compras brutas de activos a su nivel actual equivaldría ya a una "reducción suave".

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