Bolsa, mercados y cotizaciones

Democratizar la inversión (II): El mito de la caverna

  • Durante años la información para el minorista brilló por su ausencia
Foto: Archivo

Hay una generación que desconoce que es ir a una biblioteca, tener que buscar entre fichas amarillentas escritas en máquinas de escribir lo que necesitabas leer, y poner una vela a San Antonio, que todo lo encuentra, para que nadie tuviese prestado el libro. Hoy con rezar a San Google es suficiente para buscar información. Y hay que reconocer que el santo y la religión de la Wikipedia tienen la ventaja que resuelven discusiones de cuñadismo antes interminables.

En el mundo de la inversión también existieron los años oscuros en los que el acceso a la información estaba reservado a ese barandillismo en el que siempre había alguien que conocía a alguien que le había dicho que en tal valor iba a pasar algo. Por suerte para los que nos familiarizamos en esto de los mercados nada mejor que los faros que desembarcaban en la prensa.

Lo que escribía Hódar movía peligrosamente el mercado hace décadas

Y digo desembarcaban porque se da la circunstancia de que los mejores venían de la carrera castrense, de cuando ésta los mandaba a la reserva. Las columnas de Guillermo Santos, fundador de Iberagentes, eran devoradas en el Heraldo como prescriptor de qué hacer con el ahorro. Tuve la suerte de conocerle para escribir el especial en 'Actualidad Económica' que le reconocía como mejor empresario aragonés. Pero el capitán general de todos los ejércitos de ese análisis tendencial, que ni es técnico ni es fundamental, es José Antonio Fernández Hódar. Lo que escribía Hódar movía peligrosamente el mercado hace décadas. Muchos años después, todavía recuerdo como un tipo bastante siniestro me ofreció dinero para que le pasase los valores de los que iba a decir algo el sábado en 'Expansión'. No puede probar honestidad o deshonestidad. Hódar nos pasaba los textos al cierre del mercado.

Pero lo que de verdad creo que ganó la guerra al barandillismo bursátil fue la llegada del consenso de mercado. En el 2000 establecí contacto, gracias a la metodología manual que venía fabricando para calcular multiplicadores de beneficios y no utilizar los ya presentados, con la hija de un libanés hecho a sí mismo, que había montado lo que en aquel momento era el mayor proveedor de datos de consenso de mercado en Europa, JCF (años más tarde sería adquirida por la estadounidense FactSet).

En aquel momento ni 'Bloomberg' ni 'Reuters' ofrecían la profundidad de datos de una herramienta ideada para recoger todo tipo de estimaciones de todas las compañías que seguían las casas de análisis. Eran tiempos de una semidigitalización, en la que toda las semanas recibías por correo certificado un disco compacto que se pasaba horas para actualizar infinidades de bases de datos a un programa que tenías instalado en el ordenador. Tener acceso al mayor de los consensos de mercado me permitió, y creo que conmigo a muchos de los compañeros que hoy son los mejores de esta profesión, empezar a superar el mito de la caverna del runrún de mercado. Fue el paso de la intuición al sentido.

WhatsAppWhatsApp
FacebookFacebook
TwitterTwitter
Linkedinlinkedin
emailemail
imprimirprint
comentariosforum0
forum Comentarios 0
Deja tu comentario
elEconomista no se hace responsable de las opiniones expresadas en los comentarios y los mismos no constituyen la opinión de elEconomista. No obstante, elEconomista no tiene obligación de controlar la utilización de éstos por los usuarios y no garantiza que se haga un uso diligente o prudente de los mismos. Tampoco tiene la obligación de verificar y no verifica la identidad de los usuarios, ni la veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de los datos que los usuarios proporcionan y excluye cualquier responsabilidad por los daños y perjuicios de toda naturaleza que pudieran deberse a la utilización de los mismos o que puedan deberse a la ilicitud, carácter lesivo, falta de veracidad, vigencia, exhaustividad y/o autenticidad de la información proporcionada.