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Tregua en la guerra del petróleo: Irán es la pieza clave para un recorte de la producción

  • Meses de negociación secreta culminan en el acuerdo Rusia-Arabia Saudí
  • Comienza una segunda fase que podría terminar como lo hizo en 1998

La diplomacia del petróleo lleva en marcha más de un año, con todos los actores negociando en la trastienda un acuerdo entre el cártel de la OPEP y el resto de productores para controlar el hundimiento del crudo. Unas negociaciones secretas que han comenzado a dar frutos con el acuerdo entre Arabia Saudí, Rusia, Qatar y Venezuela, pero a las que todavía le podrían quedar meses antes de que llegue el recorte de producción que muchos esperan para revivir el mercado.

La iniciativa, que en principio fue liderada por Argelia y Qatar, ha permitido que Rusia y Arabia Saudí hayan dejado a un lado sus diferencias en Siria y hayan accedido a congelar la producción en los niveles de enero. Se trata del primer cara a cara de los dos mayores productores del mundo en ocho meses e implica esencialmente que se dan una tregua en la guerra por arañar cuota de mercado. Es la culminación de meses de negociaciones secretas, según fuentes conocedoras de la situación.

Pero ahora llega la segunda fase, que es la más complicada: convencer a otros productores, especialmente Irán (que acaba de liberarse de las sanciones internacionales) para que se sumen al acuerdo y no solo congelen, sino recorten la producción. Esta segunda fase podría llevar meses y no hay garantías de que se vaya a llegar a un acuerdo. De momento, Irán ya ha dicho que quiere recuperar la cuota de mercado perdida con las sanciones, aunque fuentes iraníes dijeron a Reuters que se podrían ofrecer términos especiales al país como parte del acuerdo.

¿El principio del proceso que lleva a 1998?

El ministro del Petróleo saudí, Ali al-Naimi, ha explicado hoy que el acuerdo con Rusia marca el "principio del proceso" al que tendrá seguir nuevos pasos. El objetivo, según explicó a los periodistas en Doha, es "estabilizar y mejorar el mercado". Este ejercicio de diplomacia está demostrando hasta qué punto el colapso de petróleo acerca a países que están completamente en desacuerdo en otros temas internacionales. La caída de los ingresos se siente de Moscú a Riyad pasando por Caracas y Oslo, e incrementa la posibilidad de un gran acuerdo que vaya más allá del petróleo e incluya temas espinosos en la esfera internacional como las guerras de Siria y Yemen.

No se trataría de la primera vez que la OPEP corta el grifo y forma un frente común ante el desplome del petróleo. En 1998 ya lo hizo y desencadenó una década de subidas de precios, con un barril que pasó de 10 dólares hasta los 140 dólares. Entonces, también se negoció durante meses en reuniones privadas en suites de hotel y embajadas en todo el mundo, desde Miami a La Haya, antes de anunciar una ronda de recortes de producción que incluyó a los miembros del cártel y a países ajenos como México y Noruega. Si la OPEP lo consigue hacer de nuevo, el mundo podría no saberlo hasta el último minuto, según Jason Bordoff, director del Center on Global Energy Policy de la Universidad de Columbia.

"Todavía estamos en los primeros pasos y no se ha acordado nada concreto, pero hay una sensación creciente de que los países podrían ser más flexibles, aunque Riyad insista en que todo el mundo debe contribuir al recorte", explica Amrita Sen, analista jefe de petróleo de Energy Aspects. Pero para que esto culmine, todavía quedan muchos obstáculos que superar.

Tres obstáculos para lograr el recorte

En primer lugar, la principal razón de la sobreabundancia, el incremento de producción de EEUU gracias al fracking, está fuera del control de los países que están negociando. Además, Arabia Saudí y Rusia llevan tiempo en una agresiva batalla ante el miedo de que la ralentización de China debilite todavía más la demanda global de crudo.

En segundo lugar, las relaciones diplomáticas están mucho más tensas que hace dos décadas. Entonces, Irán y Arabia Saudí estaban en un momento de distensión tras la llegada al poder de Mohammad Jatamí en Teherán. Sin embargo, hoy se encuentran enfrentados en una lucha de religión que se materializa en las guerra de Sira y Yemen, especialmente. En Siria, además, Rusia y Arabia Saudí son rivales, y hay que tener en cuenta que Vladimir Putin todavía no ha dado su bendición a un acuerdo con la OPEP.

El tercer factor que puede hacer descarrilar el acuerdo es la enorme cantidad de reservas de Arabia Saudí, que le permitirían aguantar una larga travesía en el desierto. Hoy tiene unas reservas de más de 600.000 millones de dólares y una deuda del 10% del PIB, mientras que hace 20 años apenas ascendían a 25.000 millones y la deuda era casi del 100% del PIB. Una robusta posición que no comparten, ni mucho menos, otros países productores, como Venezuela, que están al borde de una crisis muy severa.

Con todo, el secretario general de la OPEP, Abdalla El-Badri, ha hecho un llamamiento a todos los países, miembros del cártel y no, que unan fuerzas para revivir los precios. "Se debería ver como algo que deben combatir juntos la OPEP y los que no pertenecen a la OPEP. Es crucial que todos los grandes productores se sienten y lleguen a una solución", pidió El-Badri el mes pasado.

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