Internacional

Biden prepara una avalancha legislativa tras aprobar con éxito su plan de rescate en solo 50 días

  • Su siguiente plan es una reforma del sistema electoral para hacerlo más justo
Joe Biden habla tras la aprobación del plan de estímulo. Foto: Reuters.

Una de las grandes normas del sistema legislativo de EEUU es que la gran división de poderes hace difícil aprobar nuevas leyes. Los vetos, la existencia de dos cámaras con igual poder y las elecciones cada dos años hacen un reto sacar adelante cualquier proyecto que tenga una mínima oposición. Pero Joe Biden parece haber puesto sobre la mesa todas las artes oscuras legislativas que aprendió en sus más de 30 años en el Senado. Su objetivo es aprobar una avalancha de leyes cuanto antes, para dejar su sello en la historia del país e intentar sacar adelante los cambios que no pudo en su anterior etapa en el poder.

En 2009, Barack Obama llegó a la Casa Blanca con una mayoría aplastante: 40 diputados más que la mayoría absoluta en el Congreso, y 60 senadores, la cifra necesaria para aprobar leyes de todo tipo en la Cámara Alta sin contar con la oposición. Sin embargo, solo dos grandes leyes -la reforma financiera Glass-Steagal y la ley de Sanidad Asequible- salieron adelante antes de perder su mayoría apenas dos años después, y verse sometido a seis años de parálisis total. Junto a él, viendo todo esto ocurrir, estaba su vicepresidente, Biden, que tomó buena nota de sus errores y de las trampas en las que cayó su Gobierno. El líder de los demócratas en el Senado lo resumió así: "Negociamos con los republicanos y cedimos para que al final nos dieran solo uno o dos votos, aprobamos un paquete demasiado pequeño, la recuperación se ralentizó y acabamos perdiendo las elecciones".

El ejemplo más claro es el paquete de estímulo de 1,8 billones aprobado el pasado fin de semana. Con la gran mayoría de la que disponía, Obama pudo inyectar en apenas un mes 800.000 millones de dólares en la economía de EEUU tras la crisis financiera de 2008. Biden, con una mayoría mucho más ajustada, ha aprovechado un resquicio legislativo -el mismo que usó Donald Trump para aprobar su reforma fiscal- para sacar adelante un plan por el doble de dinero y tardar apenas unas pocas semanas más. La norma ha sido no preocuparse por las críticas republicanas al proyecto (toda la oposición ha votado unánimemente en contra) si las encuestas dicen que más de dos tercios de la población aprueba el gasto. Que sean otros los que clamen contra la opinión pública.

Lo más sorprendente es que la reacción de Biden a su victoria legislativa ha sido cambiar de tema inmediatamente a otra de las prioridades de su partido: una reforma del sistema electoral que cree un censo automático (en muchos estados, son los votantes los que tienen que informar de que han cumplido los 18 años y pedir el voto), prohíba la discriminación racial en el acceso a los colegios electorales a todos los ciudadanos y proteja el voto por correo. Además, su mayor prioridad es acabar con el poder de los parlamentos estatales de manipular las circunscripciones al Congreso para dibujarse mapas "a medida" que favorezcan sistemáticamente a un partido (en Wisconsin, por ejemplo, los republicanos han diseñado un sistema electoral esquizofrénico con el que obtuvieron 23 escaños más que los demócratas pese a perder en votos, por 45% a 53%). Un proyecto que ya ha aprobado la Cámara de Representantes y que ahora pasa al Senado.

Revolución en el Senado

En la era Obama, la oposición unánime de los republicanos -que están aprobando leyes en los estados que controlan para precisamente hacer todo lo contrario y restringir el derecho al voto- habría sido suficiente para tumbar el proyecto, dado que las normas dicen que si 41 senadores votan en contra de una ley, esa ley queda rechazada aunque la apoyen los 59 senadores restantes.

Pero los demócratas están indicando que están dispuestos a cambiar las reglas del Senado para evitar que la minoría vete proyectos de ley indefinidamente. "Si quieren ejercer un veto, que sea costoso", dijo este domingo Joe Manchin, el senador demócrata más conservador, electo en un estado en el que Trump obtuvo el 70% de los votos y considerado el voto clave para aprobar cualquier cosa. "Que tengan que pasarse horas hablando sin parar sobre esa ley", como se hacía históricamente. Un cambio que permitiría aprobar una avalancha de leyes antes de las próximas elecciones legislativas, en noviembre de 2022.

En la recámara están dos proyectos más que Biden tiene entre ceja y ceja. El primero es un plan de infraestructura por valor de 4.000 millones de dólares, que contaría con grandes inversiones en renovables y que podría aprobarse, como este estímulo, con una mayoría simple sin cambiar las reglas. El otro, algo más polémico, es la llamada "Ley del Sueño", que regularice a los inmigrantes que llevan décadas viviendo en el país sin cometer delitos y pagando impuestos. Ese proyecto fue aprobado por una mayoría aplastante en el Senado durante el mandato de Obama, pero decayó en el Congreso tras la victoria en 2010 de los republicanos, que se negaron a llevarla a votación pese a que tenían los votos suficientes para aprobarla.

Una segunda juventud

El plan de Biden es aprobar sus dos prioridades -estímulo y reforma electoral- antes de sus 100 días, aprovechando el impulso de su elección. Y el covid será su comodín: al ritmo que va, la vacunación se habrá terminado a finales del verano, y la recuperación paulatina de la normalidad le permitiría tener otros "100 días de gracia" en otoño para gastar con sus dos siguientes proyectos.

A partir de ahí, todo dependerá de las elecciones de 2022. Históricamente, el partido en el poder siempre ha perdido escaños en las elecciones legislativas de medio mandato, y el hecho de que Biden se está aferrando a sus mayorías por un puñado de votos hace muy probable que la oportunidad de aprobar leyes se le acabe en año y medio, como le ocurrió a Obama y a Trump. Pero si mantiene su control legislativo, las miradas estarán puestas en la inclusión de Washington DC y Puerto Rico como estados o una nueva gran reforma sanitaria. Por el momento, la inesperada victoria demócrata en las elecciones al Senado en Georgia el 5 de enero le ha permitido a Biden dejar su huella antes del momento en que la historia dice que se le cerrará la puerta. Y tiene prisa.

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