Internacional

Trump pone en el punto de mira al director del comité científico que criticó su lenta reacción ante la pandemia

  • El doctor lleva dirigiendo la respuesta a casos de infecciones desde 1984
  • Trump declara el estado de desastre en todo el país
El doctor Anthony Fauci y Donald Trump. Foto: Reuters.

Mientras los contagios por el coronavirus superan ya los 550.000 casos en EEUU, y las muertes sobrepasan las 20.000, con más de mil nuevas víctimas cada día, el presidente, Donald Trump, se plantea cesar al director del comité científico que le asesora, el doctor Anthony Fauci, el equivalente norteamericano del Fernando Simón español. Su pecado: haber admitido en una entrevista en la cadena CNN que Trump tardó demasiado tiempo en comprender la gravedad de la situación y tomar medidas. Eso, y haberse convertido en la figura estrella de las ruedas de prensa, compitiendo en foco mediático con el presidente. Y nadie hace sombra a Trump.

El problema comenzó cuando Fauci se sometió a una entrevista en el programa dominical de la CNN. En las ruedas de prensa en la Casa Blanca, Trump se encarga personalmente de filtrar las preguntas más políticas sobre el asunto, respondiéndolas él. Pero en el plató de la televisión, Fauci, tras insistir que hablar a toro pasado no ayuda a nadie, admitió que "obviamente, si hubiéramos empezado la mitigación antes, habríamos salvado vidas", pero "había mucha resistencia a ordenar el cierre de todo en aquel momento", en referencia a principios de marzo. Una respuesta que sintió muy mal al presidente.

Poco después, Trump retuiteó un mensaje de uno de sus seguidores en el que criticaba a Fauci, culpándole a él de haber seguido pidiendo calma y minimizando los riesgos durante febrero. El mensaje pedía su cese, y Trump ha pedido opinión en las últimas horas a su círculo más cercano sobre si echarle, según informa The New York Times.

Fauci es el director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de EEUU desde 1984, nombrado por Ronald Reagan, tras liderar el grupo que entre otras cosas, descubrió el funcionamiento del virus del VIH. Desde entonces se ha mantenido en su cargo con presidentes de todos los colores, respondiendo a dos pandemias de gripe (A y H1N1), la crisis del SARS-1 (el nombre científico del coronavirus actual es SARS-2) y la crisis del ébola de 2014.

El principal argumento de Trump es que reaccionó con suficiente fuerza al reducir los vuelos desde China en enero, y cortar los vuelos con Europa a principios de marzo. Sin embargo, durante todo febrero y hasta que las cifras de infecciones se dispararon, el presidente insistió en que el virus era "el nuevo bulo de los demócratas" para dañarle, prometió que "los casos van a bajar de 15 a 0 en muy poco tiempo" y se resistió a tomar medidas más allá del cierre de fronteras, su solución automática para cualquier problema. Las órdenes de confinamiento fueron dadas por los gobernadores de los estados, en distintas fechas, y hay algunos republicanos, como el de Arkansas, que todavía no lo han hecho y que simplemente recomiendan a sus ciudadanos tener cuidado y minimizar los contactos.

Declaración de desastre

Lo que sí hizo Trump este domingo fue firmar una declaración nacional de zona catastrófica, que permitirá a todos los gobernadores solicitar ayudas federales reservadas para emergencias. El problema al que se enfrentan ahora es que los fondos están limitados y no pueden cubrir a todos los estados, por lo que los líderes legislativos de ambos partidos están empezando a negociar un nuevo paquete de ayudas económicas.

Respecto a las cifras, el enorme tamaño del país hace difícil encontrar una sola curva, y se mezclan los estados en los que los casos están controlados con otros en los que se teme que el pico no haya llegado aún, como Florida, que fue una de las últimas en cerrar sus playas y restaurantes. El más afectado, Nueva York, está empezando a reducir los contagios y los ingresos en UCI, pero el número de víctimas registrada es tan grande que la Gran Manzana se está viendo obligada a enterrar a las víctimas en fosas de emergencia en una de sus islas colindantes.

Pero la vida parece muy distinta en el otro extremo del país. El estado de Washington, en la esquina noroeste del país, fue el primero en registrar casos durante febrero y el primero en ordenar los confinamientos, seguido de California -que tiene la población de España- y Oregón, los tres de la costa pacífica del país. En todos ellos, las cifras de contagios están disminuyendo a gran velocidad, lo que probablemente evite un descontrol absoluto de la crisis a nivel nacional. Y muchos estados del centro tienen una densidad de población tan pequeña que pueden no necesitar siquiera un confinamiento estricto para reducir los contactos humanos al mínimo. La clave está en las grandes ciudades del este y el sur y los pueblos dormitorio de sus alrededores, que son los que preocupan ahora.

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