Internacional

Keir Starmer, el exfiscal que frenó el Brexit un año, apunta a nuevo líder del Partido Laborista

  • Lidera las encuestas y no para de recabar apoyos clave
Keir Starmer. Foto: Reuters

Fracasado el intento de buscar la pureza socialista de la mano de Jeremy Corbyn, que sufrió el peor resultado en escaños del Partido Laborista en 84 años, la oposición británica parece estar girando hacia lo que les funcionó en 1997 con Tony Blair: ir al centro y buscar la figura más seria y mejor valorada para dirigir el partido. Y ese parece ser Sir Keir Starmer, el portavoz del Brexit del partido, un respetado exfiscal de tendencia más moderada que se ha colocado como el favorito en las primarias.

En apenas dos días desde que se abriera la carrera por suceder a Corbyn, las buenas noticias se han sucedido para él. Ha sido el primero en superar el mínimo de nominaciones de diputados, con 23 en un solo día, una más de las necesarias. Y el miércoles, el mayor sindicato del país, Unison, con una gran fuerza dentro del partido, anunció que le daría su apoyo, tras arrasar en la votación entre los líderes de la organización. Cinco años después de que apoyara a Corbyn y le diera un impulso decisivo, Unison anunció que apostará por Starmer porque "para mejorar la vida de los trabajadores, es necesario primero que el Partido Laborista llegue al poder". Realismo frente a idealismo.

De fiscal a 'sir'

Starmer comenzó su carrera como abogado especializado en derechos humanos titulado en Oxford. Tras dos décadas exitosas, que culminaron con su elección como "Abogado del año" en 2007, el Gobierno laborista de Gordon Brown le nombró Director de la Fiscalía Pública, el tercer cargo más importante dentro del organigrama del Ministerio de Justicia británico. El 'tory' David Cameron le mantuvo en su cargo tres años tras su llegada al poder, hasta 2013, y le recomendó a la reina para que le otorgara el título de caballero -'sir'- tras su marcha.

Sin embargo, en todo ese tiempo, siempre dio muestras de simpatía por la izquierda. Unas simpatías que venían de nacimiento: sus padres, una enfermera y un fabricante de herramientas, le llamaron Keir en honor del fundador del Partido Laborista, Keir Hardie. Y, una vez salió de la Administración, decidió seguir sus pasos y presentarse como candidato a diputado laborista por Londres para las elecciones de 2015, en las que salió elegido.

En los últimos años, Starmer se ha hecho famoso por su cargo como portavoz del Brexit, en el que logró derrotar en numerosas ocasiones a los Gobiernos de Theresa May y Boris Johnson con maniobras para detener o ablandar el proceso de salida de la UE. Su mayor triunfo fue en septiembre, cuando logró aprobar una ley que prohibiera la salida sin acuerdo, aunque la decisión de Johnson de ceder ante Bruselas y aceptar un pacto que consideraba inaceptable hasta entonces como mal menor acabara llevando al aplastante triunfo conservador en las elecciones de diciembre.

Políticamente, Starmer es bastante más centrista y moderado que la dirección actual, y ha tenido bastantes encontronazos en las reuniones de la ejecutiva del partido con el ala más abiertamente izquierdista, la dominante hasta ahora. Pero eso no ha evitado que su imagen sea bastante positiva entre los militantes del partido, especialmente ahora que la estrategia de Corbyn ha quedado enterrada: las primeras encuestas le sitúan como favorito en las primarias con un claro margen sobre su rival más cercano.

Sus oponentes se colocan en dos grupos. Por un lado, Rebecca Long-Bailey y Emily Thornberry, personas de confianza total de Corbyn, son consideradas como las opciones continuistas. Y Jess Phillips y Lisa Nandy, dos diputadas jóvenes conocidas por su buenas actuaciones parlamentarias -algo importante en un sistema tan teatral como el británico- se presentan como las encargadas de sacar el foco del laborismo de Londres y devolverlo al norte de Inglaterra, feudo histórico obrero que ambas representan y en el que Johnson entró en tromba para cimentar su gran victoria el mes pasado.

La mayor debilidad de Starmer es que es hombre y sus principales rivales son todas mujeres, una situación muy delicada en un partido con mayoría de mujeres en su grupo parlamentario, que nunca ha tenido una como líder y en el que la carta del "ya toca" está claramente sobre la mesa. Pero su mensaje es muy claro: si queremos volver al Gobierno, necesitamos a un líder que tenga aire de primer ministro y que tenga un mensaje lo más abierto posible. Y ahí sí que parece intocable.

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