Internacional

El punto ciego de la geopolítica internacional: la singular dictadura de Turkmenistán

  • El país de Asia Central es uno de los regímenes más cerrados del mundo
  • Su presidente acumula un infinito historial de violaciones de derechos humanos
  • Sus grandes recursos energéticos le unen a la UE, Rusia, Turquía o Irán
Gurbanguli Berdimujamedov, presidente de Turkmenistán. Foto: Getty.
Madrid

Empotrada entre el mar Caspio y cuatro países (Irán, Afganistán, Uzbekistán y Kazajistán), la república de Turkmenistán es una gran desconocida de la geopolítica mundial. Una circunstancia que no es fortuita y sin la cual no se entiende a régimen dictatorial de dos caras: denunciado por organismos internacionales y socio comercial de varias potencias del planeta.

Gurbanguli Berdimujamedov es el líder de este territorio que abarca una superficie similar a la de España y que engloba a una población menor a la de la Comunidad de Madrid. Un país que bien podría tomar el relevo de Corea del Norte en una desafortunada lista de dictaduras. De hecho, según Reporteros Sin Fronteras, Turkmenistán ha superado este año al régimen de Kim Jong-un como el que más ataca a la libertad de prensa. La censura y la prohibición de medios de comunicación mínimamente críticos con Berdimujamedov son señales que despejan el camino a una amplia nómina de violaciones de derechos humanos.

La tarea de las ONG's es complicada a la hora de relatar una dictadura que si precisamente ha aunado esfuerzos en una dirección ha sido hacia el más profundo hermetismo. Los informes de 2018 de Human Rights Watch y Amnistía Internacional reflejan torturas, desapariciones forzosas, detenciones abritrarias, muertes sin explicación, prohibiciones para salir del país o políticas represivas contra las mujeres, minorías étnicas y colectivos como el LGTBI.

Para el más común de los turcomanos, también fue un peligro poseer un hogar en un terreno apetecible para el régimen, que expulsó a muchos habitantes de sus casas o se las compró de manera forzosa por una cantidad menor a la de mercado con el objetivo de realizar operaciones urbanísticas u organizar eventos deportivos, una de las señas de identidad de una dictadura que no permite a sus ciudadanos trasladarse de una ciudad a otra por motivos económicos sin un permiso gubernamental.

Se trata, en definitiva, de una dictadura hecha a la medida por Berdimujamedov, que en 2006 recogió el testigo de Saparmyrat Niyazov (antiguo secretario general del Partido Comunista turcomano y posterior presidente del país tras el colapso de la Unión Soviética en 1992) y ahondó en la idea del culto a la personalidad de su predecesor, pero ajustada a su propia concepción del universo y de sí mismo.

Berdimujamedov frenó la política de 'turkmenización' por la que se trató de reprimir a todas las minorías del país, redujo la influencia del hasta entonces único libro oficial del país (el Ruhnama, escrito por su precedesor) y modificó el excéntrico historial de prohibiciones del antiguo dictador. Así, la ópera, el ballet o las clases de gimnasia dejaron de estar vetados, pero fumar o mascar tabaco, los coches oscuros o dejarse barba se mantuvieron sancionados y su figura comenzó a proliferar en diferentes estatuas y frescos en las paredes de los edificios de Asjabad (la capital) y el resto de ciudades. O la última de todas: obligar a ocho bancos del país a financiar la mejora de la raza de la variedad turcomana del perro pastor asiático, tal y como informa La Vanguardia.

La cara estrambótica del régimen deja también una lectura surrealista: el país atesora hasta 16 récords Guinness como la construcción en forma de estrella más grande del mundo, el mayor desfile de bicicletas en filia india, la mayor reunión de personas cantando a la vez, el mayor parque acuático del planeta o la isla artificial más grande por debajo del nivel del mar.

Las escasas informaciones sobre el país responden a los rasgos propios de la opacidad de una dictadura y también a un afán de aislamiento que, según los reportes del Instituto Español de Estudios Estratégicos (que recuerda que fue la primera república exsoviética que apostó por el principio de neutralidad y su ingreso en los Países no Alineados), tiene como fin el blindaje de Berdimujamedov ante las revueltas que han llevado el parlamentarismo a Kirguistán y que están provocando los primeros avances democráticos en Uzbekistán.

El país de Asia Central, socio energético de los principales actores internacionales a pesar de sus repetidas violaciones de los derechos humanos

Sin embargo, la posición de Turkmenistán no es del todo hermética. Al menos en lo económico. Varias de las grandes potencias internacionales tienen al país que Berdimujamedov dirige con puño de hierro entre sus socios comerciales principales. Turkmenistán es el quinto mayor extractor de gas, razón para dejar a un lado las repetidas violaciones a los derechos humanos narradas por los organismos humanitarios.

El director de cine Arto Halonen investigó en secreto esta dualidad del panorama internacional en varios viajes secretos a Turkmenistán que reflejó en la obra 'Shadow of the holy book'. En ella, el finlandés descubría que múltiples empresas de la Unión Europea, Turquía o EEUU habían ayudado a la traducción del Ruhnawa con el objetivo de abrir relaciones comerciales en los últimos años de la presidencia del dictador Niyazov.

La inversión pareció tener éxito: entre 2008 y 2009 Turquía (a través de Irán, socio tradicional) y la UE firmaron acuerdos para cooperación energética y la exportación de gas turcomano. Actualmente, la página web del Parlamento Europeo reconoce a Turkmenistán, del que valora su neutralidad "permanente" aunque sea "uno de los estados más autoritarios del mundo", como un socio con el que mantiene un comercio "notable".

En este caso concreto, la Unión mantiene una relación de tipo provisional con el país turcomano, ya que los Acuerdos de Colaboración y Cooperación firmados en 1998 no están vigentes en el país por "la mala situación de los derechos humanos". Una relación que, de todas formas, sigue vigente: este pasado mes de julio la alta representante de la Unión para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini se comprometió a abrir una delegación de la UE en Turkmenistán, al que calificó como "país con el que tenemos una cooperación fructífera y abierta".

En lo que respecta a EEUU, una posible relación con Turkmenistán se ha visto limitada por la firma del estatus del mar Caspio por el cual los turcomanos, Irán, Rusia (dos de sus principales socios), Kazajistán y Azerbaiyán blindan esa poderosa zona de recursos naturales a otras fuerzas extranjeras. Un acuerdo que llegó tras 20 años de negociaciones y que resalta la importancia de este enclave que alberga a una de las dictaduras más extrañas del planeta.

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