Historia

¿Se establecieron los repartimientos y las encomiendas en América para esclavizar a los pueblos precolombinos?

  • Antes de los españoles ya existían el coatequitl mexicano o la mita peruana

Sé que para muchos, sobre todo los que están al otro lado del charco, la respuesta parece obvia. Pero lo mejor es no contestar hasta haber leído el artículo completo. Porque habría que precisar que nos encontramos en los siglos XV y XVI, donde TODAS las potencias europeas se afanan en ampliar sus fronteras, descubrir nuevos territorios y someter a sus pobladores, esquilmar sus materias primas y metales preciosos y extender la fe cristiana. En definitiva, más poder, más riqueza y mayor número de súbditos a sus órdenes.

Exceptuando el matiz religioso, es algo que ha sucedido a lo largo de toda la historia y en todos los rincones del mundo, incluso en el continente americano como en el Imperio azteca antes de llegar los europeos. También los habitantes de la península ibérica fueron conquistados por otros pueblos: Cartago, Roma, pueblos germánicos, musulmanes o Francia. No descubro nada nuevo, sólo puntualizo que también hemos estado en el lado de los oprimidos o sometidos.

El repartimiento era una institución heredada de Castilla y adaptada al continente americano para hacer frente a las obras necesarias en infraestructuras y servicios (iglesias, escuelas, caminos...), explotación de minas y trabajos agrícolas de cultivos vitales o estratégicos. Consistía en adjudicar a un colono español las obras o las tierras y la mano de obra para que trabajasen en ellas. La mano de obra la proporcionaban las propias tribus locales y era un trabajo obligatorio para ellos y rotativo entre los miembros de la comunidad.

Así, sin más datos, las condiciones eran de esclavitud o semiesclavitud. Sin embargo, y visto con ojos de la época, la realidad se torna más compleja...

La encomienda, por su parte, era otra institución feudal que usaba la Corona para adjudicarle a un encomendero unas tierras y un grupo de indígenas para que las trabajasen. El encomendero sacaba un beneficio pero, a cambio, debía educar a los indígenas en la fe, protegerlos y procurarles unas condiciones de vida justas. La encomienda no implicaba la propiedad sobre los nativos y era una concesión no heredable.

Así, sin más datos, si en el repartimiento los indígenas estaban obligados a trabajar y en la encomienda estaban sujetos a la tierra que trabajaban, las condiciones eran de esclavitud o semiesclavitud. Sin embargo, y visto con ojos de la época, la realidad se torna más compleja...

Primero, porque los repartimientos y las encomiendas eran instituciones feudales que ya existían en Europa antes de que los españoles llegasen al continente americano.

Segundo, porque antes de la llegada de los españoles a América ya existían instituciones similares al repartimiento, como el coatequitl mexicano o la mita peruana. A través de ellas, los caciques reclutaban mano de obra rotativa y obligatoria entre las diferentes tribus para los trabajos comunitarios.

Tercero, y respecto a la encomienda, recordar que los payeses -los campesinos catalanes- de la Corona de Aragón se tuvieron que levantar en armas en 1460 contra los señores feudales para abolir los llamados malos usos, entre ellos el derecho de remensa, por el que el campesino estaba atado a la tierra de forma forzosa y hereditaria. Aquello suponía que si el señor vendía la tierra, vendía con ella a los payeses que la trabajaban, pero gracias al apoyo de la Corona consiguieron la victoria en las llamadas Guerras de los Remensa. Pero aun así hubo que esperar a la Sentencia Arbitral de Guadalupe dictada en 1486 por el rey Fernando de Aragón, en la que los payeses conseguían desvincularse de la tierra... aunque pagando 60 sueldos.

Y cuarto, el estatus que concedió la reina Isabel la Católica a los indígenas, que fue el de súbditos de la Corona de Castilla ("como nuestros buenos súbditos y vasallos, y que ninguno sea osado de les hacer mal ni daño"). En el testamento de la reina se establecía, reiterando lo legislado en vida, que los habitantes de estas tierras tuviesen la condición de vasallos libres de la Corona de Castilla. Además, exigía que no se permitiese que los indios recibiesen agravio alguno en su persona ni en sus bienes, y que fuesen tratados justamente.

En 1537 el Papa Paulo III promulgó la bula Sublimis Deus: "Definimos y declaramos que tales indios y todos los que más tarde se descubran por los cristianos, no pueden ser privados de su libertad por medio alguno, ni de sus propiedades, aunque no estén en la fe de Jesucristo; y no serán esclavos, y todo cuanto se hiciere en este sentido, será nulo y de ningún efecto". Y en 1542 el rey Carlos I, ante las denuncias de abusos y maltratos, volvió a insistir y ratificó que los indios eran libres, prohibiendo tajantemente la esclavitud, so pena de perder todos los bienes.

El problema no eran las leyes, sino el inmenso océano que las diluía, que algunos gobernantes las obviaban y que colonos españoles las tergiversaban en beneficio propio

Entonces, si las leyes de la Corona y hasta el propio Papa prohibían la esclavitud de los indios y las condiciones de los repartimientos y las encomiendas estaban perfectamente reguladas, cabría preguntarse por qué se relaciona a estas instituciones directamente con la esclavitud. Y la respuesta es porque una cosa es la teoría y otra, muy distinta, la práctica.

El problema no eran las leyes, sino el inmenso océano que las diluía, que algunos gobernantes las obviaban y que colonos españoles las tergiversaban en beneficio propio. El problema en los repartimientos radicaba en que los indígenas más humildes tenían que trabajar varias rotaciones seguidas porque otros, mediante sobornos a los colonos o amenazas a los propios indígenas, evitaban sus turnos de trabajo. Un trabajo que, de respetarse las rotaciones, habría sido llevadero pero que se convirtió en una tumba para muchos.

Respecto al repartimiento de las minas, habría que puntualizar que, al ser uno de los trabajos más duros, en ellas se empleaba a modo de castigo a los prisioneros de guerra. Y en las encomiendas el problema era que algunos encomenderos hacían caso omiso a las contraprestaciones que conllevaba la adjudicación de las tierras y los indios.

Más que una relación de amo y esclavo, eran relaciones de poderosos y débiles, de señores y siervos. Algo muy similar a la relación de servidumbre entre señores feudales y vasallos de la vieja Europa con sus respectivos usos... y abusos.

No respetar las rotaciones en los repartimientos, los trabajos de los prisioneros en las minas, los abusos en las encomiendas y, sobre todo, la propagación entre los indígenas de enfermedades de las que eran ignorantes portadores los recién llegados y para las cuales los indígenas carecían de defensas naturales, diezmaron la población.

Ante la necesidad de mano de obra se trajeron esclavos de África. Y éstos sí se consideraban esclavos y eran tratados como tales, porque al no proceder de tierras bajo dominio de la Corona no tenían el estatus de súbditos.

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