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Gibraltar desde la economía

  • Fue una pieza fundamental para la expansión británica hacia Asia
Peñón de Gibraltar. Foto: Reuters.

Felipe VI acaba en Londres de plantear un problema que desde la época de su antepasado Felipe V perturba las relaciones hispanobritánicas: Gibraltar. Y las cosas han cambiado tanto desde entonces que merece la pena replantearlo. Porque la cuestión surge por la posición de Inglaterra ante la alianza que la llegada al trono de Felipe V supuso, de situarse entre sus dos enemigos: Francia, el eterno desde la guerra de los Cien Años, y España a causa de América y el tráfico por el Atlántico. Y España y Francia tenían flotas en el Mediterráneo y el Atlántico. Perturbar su posible concentración era lo deseable. Y el control de Menorca y de Gibraltar a eso se debía. Pero la enemistad entre París y Londres concluyó con la "Entente cordial" gracias a la I Guerra Mundial y, desde 1808 con, si se quiere, 1898, España abandonó América.

Todo pasó a ser diferente. Gibraltar se convirtió a partir del siglo XIX, en una pieza clave para la expansión británica hacia Asia. Con Malta, Chipre, Suez, los protectorados en el Oriente Medio y la península arábiga -¿recordamos el papel de Lawrence y su libro famoso Revolt in Desert sobre la sustitución del imperio turco por el británico en Arabia?- fundamentales para la expansión británica en Asia, desde la India a Hong-Kong, y en el África Oriental. Gibraltar era vital para su control. Pero todo eso se vino abajo tras lo sucedido a partir de la Guerra Fría, el fenómeno descolonizador y la transformación de China. En el Mediterráneo, la presión de Stalin para, desde Yugoslavia y los guerrilleros comunistas en Grecia, acercarse al Mediterráneo, provocó un cambio radical. A la petición griega de ayuda militar, Londres señaló a Washington que eso no le suponía volver a afrontar el dilema de Göring, "cañones o mantequilla", sino el de "cañones o pan negro". La reacción norteamericana fue la presencia de la OTAN y una serie de alianzas nuevas, una, con España en 1953. Añádase el papel creciente de Israel y el movimiento de un nacionalismo musulmán creciente. Egipto recuperó Suez; la bandera británica dejó de ondear en el Mediterráneo oriental, así como en Malta. Rota, en España, desbancó definitivamente a Gibraltar.

Ha quedado la plaza como una especie de recuerdo de lo que fue, en una etapa en la que Gran Bretaña era además una gigantesca economía con mensajes reiterados a favor del librecambio. Como el modelo económico español había pasado a ser el proteccionismo de imitación del alemán, del norteamericano y del de gran parte del continente europeo, la plaza se transformo en un elemento perturbador, por el contrabando, de la economía española. Y no solo de la economía. Toda una serie de estudios históricos ligan el contrabando con el auge del bandolerismo en Andalucía. La creación de la Guardia Civil en gran parte a eso se debe.

Perturbación que perdió efectividad creciente a partir de 1956 y el inicio de la apertura de la economía española, culminada en 1985 con el ingreso en la Unión Europea, de España, en que previamente había ingresado el Reino Unido. La retirada de la mano de obra vinculada al Sindicato de Trabajadores Españoles en Gibraltar, y la pérdida de buena parte del tráfico comercial, amenazaban a la colonia, a más de una serie de planteamientos internacionales derivados de la postura sobre el colonialismo de las Naciones Unidas motivaron un cambio. Tras una serie de dictámenes de economistas -por cierto, uno fue Hayek - se decidió crear en Gibraltar una plaza financiera off-shore, con el complemento de un paraíso fiscal, al modo de lo que sucede con las islas anglonormandas. La afluencia de capitales y actividades empresariales que esto produjo, aumentó espectacularmente la renta, no solo de sus habitantes, sino el de muchos de la región, que pasaban a formar parte de la población activa gibraltareña, y de paso, reducía la presión de la demografía del Campo de Gibraltar para su traspaso a España.

Pero además, el Reino Unido continúa siendo una potencia militar importante en el seno de la OTAN, Su colaboración se considera muy importante en dos ámbitos. Por una parte, respecto al movimiento islámico del Sahel, con su inmediata proyección en el Mediterráneo; por otro, con la tensión creada por Rusia tras la liquidación del comunismo y la jefatura de Putin. Téngase en cuenta que Gran Bretaña es una de las potencias nucleares.

Esto coincide con un cambio gigantesco en la economía mundial, a causa del auge de China tras su decisión de adoptar medidas de tipo capitalista, y de todo el mundo asiático, desde Corea del Sur a la India, pasando por ese nuevo paraíso económico que es Singapur, y sin olvidar, a pesar de recientes traspiés, a Japón. Automáticamente, un tráfico de mercancías, de decisiones financieras, enlaza a esta creciente región del Indico y Pacífico con la parte más opulenta de Europa, y el Mediterráneo, como mostró Prodi en Madrid en 1997, pasa a constituirse en una región con posibilidades crecientes de desarrollo, no solo en el sector de los servicios de transporte marítimo, sino el de la creación empresarial en esta nueva etapa de la Revolución Industrial que exige capitales internacionales ?incluidos los asiáticos?de modo creciente

Y así surge de nuevo el problema de Gibraltar. El denominado Campo de Gibraltar, con la bahía de Algeciras, no ha dejado de ser una base militar de una potencia nuclear. Por ejemplo, alardea de la llegada de submarinos nucleares a ella. Al mismo tiempo desoye la postura española sobre la soberanía de las aguas de la bahía de Algeciras. Jurídicamente, tras el análisis brillantísimo de Juan Ramón Remacha en Gibraltar y sus límites (Trea, 2015), es muy débil jurídicamente la posición británica, por ejemplo, si hubiera una reclamación española en el Tribunal de La Haya, pero de momento, bloquea el empleo de esas aguas en una bahía espléndida y en una región marítima de tráfico colosal. Y ahí se provoca el mayor golpe a la economía española.

Esa bahía de Algeciras, no solo por su localización, en el conjunto señalado de esa gran corriente de tráfico que podríamos denominar de Asia a toda la Europa del Mar del Norte y derivados, sino por las características de toda ella, ofrece todas las condiciones imaginables para desarrollar un colosal distrito industrial, para seguir el lenguaje de Marshall. Pero al ser base militar debido a la realidad británica de Gibraltar, el riesgo convierte en disuasor casi radical, de inversiones empresariales directas en el Campo de Gibraltar. Cuando desaparecieron las circunstancias del subdesarrollo de la zona, el impacto de latifundios agrarios, ahora buenos para el desarrollo productivo rural, y el del contrabando, surge la combinación de plaza financiera off-shore y base militar, y esta última cuando la alianza occidental, a través de España y Estados Unidos, como se ha señalado, dispone de Rota.

El Reino Unido pasa a ser así un perturbador de nuestra economía. Por un lado, por haber planteado el Brexit. Su daño sobre nuestra economía parece inevitable, a expensas de lo que surja de las negociaciones de salida. Por otro, al mantener el status de Gibraltar, elimina la que tenía que ser una de las regiones más ricas de España, junto con el conjunto vasconavarro y riojano y el capitaneado por Barcelona, con proyección creciente a toda la costa, de Tarragona a Cartagena.

¿No era lógico, pues, que nuestro Monarca plantease eso, de la manera que se hace ante un país vinculado con mil lazos culturales y sociopolíticos, en su reciente visita a Londres?

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