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La expansión mejora el resultado bancario

E l carácter cíclico del negocio bancario nos trae mejores resultados en la banca en el primer trimestre de este año, en consonancia con la buena evolución de la economía y los mercados financieros. Igual que no se puede pedir a la banca que aumente sus beneficios en épocas de recesión, porque es imposible, la situación actual es normal y responde a lo que cabe esperar de una actividad, como es la financiera, básica para el desenvolvimiento normal de la economía.

No obstante, la banca aún está en proceso de saneamiento de activos, aunque cada vez con menor intensidad, y el crédito otorgado en España sigue descendiendo, cada vez más suavemente. Este año quizás empecemos a ver ligeros incrementos en los saldos crediticios, porque la potente actividad económica está generando un aumento en la demanda que puede consolidarse al calor de la mayor confianza en que se mantendrá el crecimiento al menos durante el próximo lustro en tasas por encima del 2 por ciento.

Este aumento del crédito junto con la más que probable próxima retirada de estímulos por parte del BCE van a suponer un repunte en los tipos de interés que esté año no van a tener reflejo en una mejora del margen financiero, aunque sus efectos podrán notarse en 2018. La situación sigue estancada en tasas negativas en el interbancario, que parece haber dejado de caer en los últimos días del mes, lo que podría ser una señal de que quizás estemos en un punto de inflexión.

Las entidades han apren- dido la lección y están notando ya el recorte en sus gastos generales, en el que deben seguir profundizando. No obstante, no se van a volver a repetir ajustes tan duros, salvo en algunas entidades cuyas dificultades aún no han superado o por los procesos de fusión que están en curso y que con toda probabilidad se van a materializar.

Es obvio que las dos mayores entidades, muy internacionalizadas, son las que más oportunidades han tenido no sólo de sortear la crisis sino de incrementar sus resultados al calor de la mejora, no ya del mercado español, sino de la situación en otros países en los que actúan. La diversificación geográfica, no al alcance de todos nuestros bancos, está reportando mayor estabilidad y beneficios a quienes la han podido llevar a la práctica con éxito.

Aun así, todavía se están dejando sentir los efectos de la crisis que sigue obligando a nuestras entidades a realizar provisiones por deterioro de activos en cuantía aún muy significativa. Las ratios de solvencia están mejorando y podemos afirmar que nuestro sistema financiero está muy capitalizado y va a cumplir con holgura los requerimientos de Basilea III sin complicaciones.

En cuanto al cobro de servicios, las entidades son conscientes de que es una vía imprescindible para sostener sus estructuras de costes y el mayor rigor en su aplicación se está dejando notar en sus cuentas de resultados. Con clientes en mejor posición financiera y con más transacciones y utilización de servicios de pago, de valores y otros, obtienen con más facilidad unos ingresos tan necesarios. Las amenazas, no obstante, siguen acechando. Todavía tenemos alguna entidad zombi que supone una fuente de inestabilidad y que debe solucionar sus problemas en breve. Un banco importante con un balance problemático transmite riesgos a todo el sistema financiero y nos hace recordar los peores momentos de la crisis. Es evidente que este eslabón perdido en el saneamiento bancario es un error más de supervisión al haber permitido que una entidad apele al mercado para obtener capital que a todas luces ha resultado insuficiente para afrontar los crecientes deterioros de su activo, con el daño consecuente a los inversores.

Con todo, el panorama del sistema financiero en su conjunto empieza a despejarse y las entidades recuperan rentabilidad y generan mayores márgenes. Si todo ello se traduce en una próxima expansión crediticia, que no debe convertirse en burbuja bajo ningún concepto, podemos afirmar que se inducirá más crecimiento en la economía y podemos estar ante un nuevo boom económico que, en pocos años, acabe con el desempleo, estabilice los ingresos de la Seguridad Social y termine de una vez con el déficit público y el aumento del endeudamiento del Estado y las Comunidades Autónomas.

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