Firmas

Draghi: una nueva ocasión perdida

  • No hay justificación económica para proseguir con una política expansiva
Foto: Archivo

Las decisiones de política económica, y más aún de política monetaria, caben analizarse comparando cuál ha sido la acción tomada y cuál era la que esperaba el mercado. En este sentido, de la reunión del jueves del Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) poco se podía esperar a tenor de las declaraciones que sus diferentes miembros habían efectuado días atrás, haciendo oídos sordos a una realidad cada vez más patente, como es la tracción preocupante que está cogiendo la tasa de inflación en la eurozona.

Pero aunque el mercado esperara pocas novedades, no es menos importante la falta de realidad creciente en las palabras del presidente Mario Draghi. Una persona (y una institución) que no fueron capaces de mantener la cabeza fría cuando más presiones había para hacer lo fácil, que era activar la máquina de hacer dinero; difícilmente puede retractarse de sus mismas palabras pocos meses después de redoblar los estímulos monetarios, cuando todos los demás Bancos Centrales o los habían parado o estaban a punto de empezar a retirarlos.

Aunque sea difícil reconocer la realidad yendo en contra de la credibilidad de sí mismo, Draghi está abocado a echar marcha atrás y empezar a retirar estímulos, allanando el camino en Europa para la normalización monetaria. Y para ello hay múltiples razones, incluso siguiendo la lógica que el propio Draghi ha esgrimido en los últimos años en materia de actividad económica, precios y estabilidad financiera.

En primer lugar, la actividad económica de la eurozona ha alcanzado el ritmo más alto de los últimos seis años. El PMI Compuesto, uno de los mejores indicadores adelantados de la actividad económica, anticipa una tasa de crecimiento inter-trimestral que podría estar por encima del 0,4% estimado inicialmente. Tanto el sector manufacturero como el de servicios están tirando de la economía de la zona euro a base de nuevos pedidos (especialmente para exportación) y más producción, situando el índice en 56. Hasta el punto de que países como Irlanda se sitúan ya cercanos a zonas de sobre-calentamiento (por encima de 60 puntos).

En consecuencia, la reactivación de la demanda y la respuesta de la oferta, están produciendo tensiones en los precios. En este sentido, la inflación de la eurozona ha pasado de estar en el 0% a principios del verano de 2016 a situarse en el último mes en el 2%, justo el objetivo de estabilidad de precios del BCE. Más allá del efecto indudable de costes energéticos al alza, es evidente que el impulso del crecimiento estimula los precios pero, sobre todo, la reactivación del crédito en la eurozona. De esta inflación creciente lleva avisando la tasa subyacente desde hace unos meses, pero poca gente le ha hecho caso hasta la fecha. Así lo muestran los últimos datos de oferta monetaria M3 y, especialmente, el crédito al sector privado. En el mes de enero (últimos datos disponibles) de 2017, la tasa de crecimiento del crédito a familias y empresas se situó en el 2,2%. Es una señal más que suficiente para inferir que el mecanismo de transmisión de la política monetaria se está arreglando (con muchos obstáculos en lo que a salud de la banca europea se refiere) y, por tanto, el crédito nuevo creado por el BCE sí está llegando al sector privado y, en consecuencia, se traslada a los precios.

Por ello, no es de extrañar la afirmación de Draghi de que no son necesarios más "manguerazos de liquidez" vía subastas de liquidez a largo plazo condicionadas a la concesión de crédito (Tltro) ya que se están produciendo efectos reales sobre los flujos de financiación. Si a esto se suma un escenario de más confianza, mejores expectativas y fortalecimiento de los factores productivos de la economía europea: no existe justificación alguna estricta en términos económicos para proseguir con una política monetaria expansiva.

En suma, incluso si Draghi siguiera por este camino, lo más probable es que introduzca más riesgos de los que ya hay en la economía de la eurozona, la cual se enfrenta a un año muy complicado en lo político (procesos electorales en países clave como Holanda, Francia o Alemania) y todavía con la situación inconclusa del Brexit. ¿Cuándo el señor Draghi se dará cuenta de que el problema de la eurozona no es de liquidez? Parece que un sobrante diario de más de 800.000 millones de euros en el eurosistema no es argumento de peso para las deliberaciones del Consejo de Gobierno del BCE.

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