Firmas

Hacia un nuevo mercado laboral

  • La UE no deja de ofrecer victorias a los que defendemos el contrato único

Los defensores de un contrato único en el mercado laboral español vamos recibiendo triunfos morales en forma de sentencias desde los magistrados comunitarios. Esta semana llegaba el último. El Tribunal de Justicia de la UE obliga a indemnizar a los trabajadores interinos. Los equipos jurídicos trabajan en su interpretación, algo muy necesario puesto que, desde luego, en la sentencia no queda claro si el derecho de indemnización es tan sólo para interinos o extensible a todos los contratos temporales.

Pero, más allá de la interpretación, todo el mundo parece de acuerdo en que, después de estas sentencias, que se unen a otras muy recientes, la reforma de nuestro mercado laboral es una asignatura inaplazable y urgente para el nuevo Ejecutivo. Ante la actual tasa de desempleo y la extendida precariedad, nadie pueda estar conforme con una marco legislativo que data de 1980 y que sólo ha recibido alguna que otra reforma.

Por cierto que algún sindicato ha querido ligar esta sentencia a la reforma laboral de Rajoy, lo cual demuestra una intención torticera y malintencionada. La reforma llevada a cabo por el PP en ningún momento entró en esta cuestión y, desde luego, sí que modificó cuestiones importantes y necesarias. Sigo sin entender cómo los sindicatos critican tanto esta reforma pero ellos aplican EREs a sus plantillas. Además bien harían en dejar de cobrar a los trabajadores afectados por los EREs, algo que además enmascaran y que mucho de los afectados por los expedientes ni siquiera saben que se les detrae de la indemnización.

El mercado español laboral es un desastre sin paliativos. Lo es desde su fase embrionaria: la educación. España está a la cabeza del abandono escolar en Europa; la relación entre fracaso escolar y desempleo o empleo de bajos salarios es directa. No hay nada más que pensar en las CC.AA. con mayor fracaso escolar y veremos que están a la cabeza de las estadísticas del desempleo. Pero no es solo el abandono; también es la empleabilidad de los conceptos adquiridos.

En España se potencia poco la formación profesional y, sobre todo, la formación dual, la que pone en contacto aulas y empresas. Pero la miseria se extiende hasta la formación de más alto grado, la universitaria. En la clasificación Times Higher Education, no aparece ninguna universidad española entre las 150 primeras. Para encontrar una entre las 980 instituciones analizadas hay que descender hasta el puesto 163, donde se encuentra la Universidad Autónoma de Barcelona.

Pero no es solo educación sino también formación continua de los trabajadores. Hoy en día prácticamente todas las profesiones la necesitan. Aquí, salvo contadas excepciones, es donde tenemos otro de los puntos que hay que mejorar mejorar. Nuevamente desazón: qué podemos esperar de este aspecto, si miramos los casos de corrupción de los cursos formativos y las personas e instituciones implicadas en los mismos.

Pero si hay mucho por hacer en la cuestión educativa, mucho más en la reglamentación jurídica de nuestro mercado laboral. Como comentaba anteriormente la ley actual data de 1980, es decir de hace 36 años. Es evidente que modificaciones las ha habido, sin embargo mucho ha cambiado el mundo en estos casi 40 años, no digamos ya el mercado laboral.

Se ha progresado en romper esquemas perversos que no hacían más que aumentar el desempleo, como era ligar la subida de los salarios al acuerdo del sector, sin entrar en la salud financiera de la empresa, la del empleador. Esa fue la gran reforma del PP: evitar aumentar las tasas de desempleo debido a que la empresa, pese a tener una salud financiera delicada, se viera forzada a subir el salario a sus empleados. Hoy los sectores de actividad, las funciones, las relaciones, las necesidades, los esquemas... prácticamente todo es diferente en el mercado laboral.

Nuestro mercado laboral está roto y quebrado por la dualidad existente entre indefinidos y temporales. La propuesta hecha desde diversos foros, uno de los más activos y que más ha investigado en ello es Fedea, es el contrato único con indemnizaciones crecientes.

Con él se rompería la dualidad existente entre temporal e indefinido, puesto que la relación contractual no tiene fecha de término. Por otra parte al ser un contrato con indemnizaciones crecientes en ningún caso encarece los costes de despidos. A los empresarios les aterran los costes y consecuencias que tiene la contratación de un trabajador indefinido y optan por una contratación temporal.

Sin embargo los tribunales europeos nos recuerdan que no se puede contratar temporalmente a trabajadores, encadenando contratos, cuando el puesto es de permanencia y necesario en la empresa. Precisamente para romper las reticencias empresariales el contrato que estoy comentando tendría un coste muy bajo, parecido al actual, para los trabajadores que lleven poco tiempo. con objeto de ir muy gradual y lentamente elevando la indemnización.

España no puede seguir siendo un caso excepcional en el mundo en el tema del desempleo. Más allá de resolver los problemas jurídicos actuales, se necesita un nuevo marco laboral que rompa la dualidad, tanto como uno educacional que amplíe la empleabilidad de nuestros jóvenes.

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