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Las consecuencias del Brexit para el futuro de la Unión Europea

Como efecto más importante, el proceso de negociación de la salida de Reino Unido de la Unión Europea tendrá un impacto significativo sobre la fortaleza de la integración europea en el futuro.

Como si ya previese que algo así ocurriría, el Artículo 50 del Tratado de Lisboa incluye el mecanismo que permite a un país miembro -Reino Unido en este caso- a abandonar el bloque, el cual entrará en funcionamiento en un periodo de dos años tras la comunicación oficial por parte del gobierno británico.

Por parte de la Unión Europea, una vez presentada dicha comunicación el abandono requerirá el consentimiento de al menos 20 países de la Unión que representen más del 65% de la población, y el proceso concluiría finalmente con la aprobación definitiva por parte del Parlamento Europeo. Existe la posibilidad de que las negociaciones se extiendan a un plazo más amplio si los 27 países de la UE lo aprueban por unanimidad. Pero en caso de no ser así, la Ley de Comunidades Europeas perdería inmediatamente su validez sobre Reino Unido.

El deseo de los miembros de la Unión Europea sería iniciar las negociaciones lo antes posible para reducir el riesgo de incertidumbre. Sin embargo, previsiblemente esto tomará bastante tiempo ya que el proceso de apertura y avance de las negociaciones estaría condicionado por las circunstancias internas de Reino Unido.

Principalmente, la clase política británica, incluyendo al partido conservador y al primer partido de la oposición, el partido laborista, deberá renovar su liderazgo y ganarse la confianza de la población.

En segundo lugar, necesitará resolver y gestionar los conflictos a diferentes niveles -regional, generacional- surgidos en torno al referéndum, atendiendo a todas las sensibilidades. E igualmente, es indispensable una unificación de puntos de vista sobre los que basar de forma efectiva las negociaciones con la UE. Todo ello llevará un tiempo y esfuerzo significativos.

En cuanto a la futura relación entre la UE y Reino Unido se barajan varias opciones, como el modelo noruego (EEA), el modelo suizo, un acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y Reino Unido, o quedar bajo el marco de la OMC. Parece obvio que Reino Unido rechazará los dos primeros tal como están planteados hoy en día, ya que el modelo noruego permite la libre circulación de trabajadores y el modelo suizo excluye la libertad de circulación de servicios, que es el punto fuerte de la economía británica.

Es lógico que la Unión Europea quiera imponer a Reino Unido un coste de salida lo más alto posible de cara a prevenir nuevos abandonos dentro de la Unión; pero la actual interdependencia económica y la necesidad de unas buenas relaciones futuras obligan a alcanzar un acuerdo más razonable, dejando un escenario en el cual Reino Unido obtendría la autonomía sobre sus flujos migratorios pero a su vez perdería parcialmente el acceso a un mercado europeo de 500 millones de consumidores.

Un paso hacia la renovación

En mi opinión, tras el Brexit la Unión Europea dará un paso adelante hacia su renovación para compensar las turbulencias que éste ha supuesto para los países de la zona en un intento de evitar, por un lado, posibles y nuevas iniciativas de separación, y por otro, el crecimiento de los partidos euroescépticos y de extrema derecha que están ganando importancia en Francia, Austria y Holanda.

Es más probable que la Unión Europea se concentre ahora más en su solidaridad interna y menos en las negociaciones para la adhesión de terceros países. A pesar del beneficio y la prosperidad que la integración de la Unión Europea ha traído al continente, hay que tener presente que la decisión del Brexit se ha derivado de una diferencia de la velocidad de dicha integración con respecto al establecimiento de mecanismos de solidaridad interna -seguridad social, adaptación de ciudadanos comunitarios-.

Este nuevo enfoque permitirá además controlar los procesos de inmigración e integración, motivos principales por los que se produjo el Brexit, otorgando más autonomía a los Estados miembros.

El peso militar

Reino Unido posee un gran poder militar, un gran peso en el presupuesto de defensa europeo y una capacidad diplomática ampliamente reconocida en todo el mundo.

Por tanto, su salida de la Unión Europea genera dudas sobre el posible debilitamiento de la cooperación diplomática entre la Unión y Estados Unidos y el resto de la comunidad internacional en materia de seguridad. Sin embargo, los miembros de la OTAN, Reino Unido y la mayoría de miembros de la Unión Europea comparten intereses comunes y bases sólidas respecto a la seguridad en Europa, por lo que previsiblemente ambas partes continuarán cooperando activamente en torno a la OTAN.

Si bien, es probable que la cooperación en diplomacia de seguridad de la Unión se reorganice ahora claramente en dos ramas, por un lado en el contexto de la OTAN y por otro en el marco la política común de seguridad y defensa, con Alemania y Francia en primera línea. Como consecuencia, Alemania afianzará su liderazgo en esta área en el continente europeo.

Proceso dialéctico

La integración europea ha sido un proceso dialéctico durante los últimos 60 años. Y a lo largo de su historia la formación de la actual Unión Europea ha presenciado diferentes fracasos, crisis y puntos muertos. Haciendo frente a estas dificultades, la Unión ha logrado superar los desafíos y sentar las bases para una integración más fuerte que han contribuido a la paz, la prosperidad, la democracia y la libertad en toda Europa.

Buen ejemplo de ello fue gran la depresión económica que sufrió Europa en los años 80, que se acabó convirtiendo en una oportunidad para iniciar el proceso de integración a finales de la década.

El Brexit ha puesto esta vez a la Unión en una posición similar; pero a través de su historia los europeos han aprendido que la apertura, la integración, el mercado abierto y el pluralismo contribuyen más al desarrollo social que el hermetismo, la disgregación, los mercados cerrados y el unitarismo. Confío en una Unión Europea que sabrá manejar con sabiduría los impactos del Brexit y dará una nueva lección histórica para reformar y dibujar una nueva y reforzada Europa.

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