Firmas

México y Pemex

  • Necesita una transformación radical para cumplir la reforma energética

En su discurso de presentación de la reunión de primavera del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial (Washington, 14 abril), Christine Lagarde destacó los fundamentos macroeconómicos de México. En un entorno de crecimiento frágil y volatilidad financiera, las grandes cifras mejoran la media latinoamericana en casi todos los apartados que revisa periódicamente el FMI. México en 2016 crecerá el 2,6%, superando a las otras dos grandes economías regionales: Brasil (la primera) y Argentina (la tercera), que se encuentran en recesión.

El FMI considera que la economía mexicana continuará recuperándose, debido a la vigorosa demanda interna privada y los efectos positivos de la economía de EEUU. La depreciación del peso y el abaratamiento de los precios de la electricidad deberían estimular la producción de manufacturas y las exportaciones, indicó Alejandro Werner, director del Hemisferio Occidental del FMI. Pero México cuenta con un problema que afecta a la empresa más emblemática del país: Petróleos Mexicanos (Pemex), cuya situación está demandando toda la atención gubernamental, especialmente de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Pemex registró unas pérdidas históricas en 2015 por valor de 30.315 millones de dólares, lo que representa un aumento del 96,4% frente a las pérdidas de 15.432 millones de 2014, con una deuda que pasó de los 54.000 millones en 2010 a 86.000 en 2015 (el 75% en moneda extranjera) y una producción petrolera que disminuyó durante ese mismo periodo, de un promedio de 2,6 millones de barriles diarios a 2,2 millones. Ante tamaña situación, Pemex debe de reaccionar para cumplir los objetivos de la reforma energética. Para lograrlo necesita una transformación radical, que hasta el momento parece no ser posible debido a la fuerte bajada del precio del petróleo, aunque el informe del Banco Mundial, Commodity Markets Outlook, dada la mejora de las perspectivas del mercado y el debilitamiento del dólar, elevó su pronóstico de 2016 para los precios de 37 dólares a 41 por barril, ya que prevé que la oferta excesiva en los mercados retrocederá.

Como primer paso es necesario situar y esclarecer debidamente dónde se encuentra Pemex. Hay que precisar si el verdadero problema es una falta de liquidez o si se encuentra en una situación más crítica, como es la falta de solvencia. Solvencia que podría resolverse utilizando el importante beneficio registrado por el Banco de México (que obtuvo ganancias en 2015 de 239.930 millones de pesos), que el Gobierno traspasaría en parte a Pemex para, entre otras cosas, liquidar los 120.000 millones de pesos que adeuda a grandes proveedores. De producirse la operación, que no es del todo desacertada en tanto en cuanto también sirva para iniciar la firme restructuración que exige la compañía, los análisis indican que requiere de un recorte masivo en toda su estructura de costes para encontrar el equilibrio que posibilite la llegada de inversiones privadas, según lo previsto en la "reforma energética", que tras 75 años de monopolio estatal transformó a Pemex para competir exitosamente con las petroleras privadas.

Para lo cual ya se han tomado algunas medidas, como la de retirar al sindicato del consejo de administración e incorporar a cinco consejeros independientes que permitan con la mayor profesionalidad e independencia aprobar y evaluar las decisiones de la dirección de la empresa. En ese sentido, la llegada del nuevo director general, José Antonio González Anaya, debe contemplarse como el directivo que devolverá a Pemex sus capacidades financieras y productivas. De iniciarse el repunte de la producción, además de beneficiar a Pemex, también beneficiaría a España. Se podría desbloquear la construcción del tercer flotel, que estaba encargado al astillero Hijos de J. Barreras (Pemex controla el 51% del capital), gemelo de la Reforma Pemex, el segundo encargado tras la botadura del Orgullo Petrolero de Navantia. Poniendo luces largas, podemos plantearnos cuáles serían los pasos de Pemex en un contexto más favorable.

¿Se plantearía su internacionalización, eligiendo a España como plataforma? Al respecto, la reforma energética contempla "transformar a Pemex en una empresa pública de carácter productivo, que se conservaría como propiedad del Estado pero que tenga la capacidad de competir en la industria hasta convertirse en una empresa de primera clase mundial". Aquí lo dejamos.

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